¿Hay que irse?

 

– Deseo gelatina e pata.



-dijo mi asiática, mientras se estiraba como una gatita floja, movimiento que me recordó a los amargos de la COB, esos que ganan plata sin trabajar.

– ¿Pensaste en lo que hablamos?

-dijo de pronto ella.

Y claro que lo pensé.

Irnos a vivir a otro país; con sus padres en Hong Kong o sus primas en Nueva York o a Uruguay o Tangamandapio.

¡Donde sea!

Pero lejos…

Muy lejos de un país donde lo ilegal es moneda corriente, lejos de un país gobernado por psicópatas resentidos que controlan todo, lejos de un país donde los contrabandistas crean sindicatos.

Claro que pensé en irnos…

A un país donde se respete los derechos humanos, sin el peligro que le prendan fuego a tu casa, solo por opinar en contra de un Gobierno ineficiente defendido por milicias populares…

Sí,  lo pensé…

Irnos a un país donde no haya indígenas que marchan por lo que consideran justo, mientras el Gobierno los acusa de «algo».

Un país donde la prisión preventiva no dure años…

Irnos lejos.

A algún país que brinde educación de calidad para nuestros hijos, un sistema de salud adecuado para nuestros padres y una vejez digna para nosotros.

– ¿Qué pasó?, te quedaste mudo.

-dijo la asiática interrumpiendo mis pensamientos.

– Naaaa, pensaba en lo que hablamos, todo se ve muy caótico.

-contesté algo deprimido.

Mientras tanto, en la tele invitaban a la elección de la Miss Huevos, una de las tantas elecciones de reinas que ya comenzaron.

Claro…

El país se va a la damier, pero la chusma solo piensa en que la selección no gana, opina sobre un platudo cholero que pillaron en el cine  y  debate sobre que Anabel canta o no canta feo.

Así que…

No hablamos más del tema, agarramos las bicicletas y nos salimos a buscar gelatina e pata para mi asiática.

 

El ESCRIBIDOR.