En el este de Ucrania, el agotamiento de los habitantes de Donetsk

Mientras las tensiones entre Rusia y Occidente están en su punto más alto, Moscú afirma que Ucrania se está preparando para montar una provocación en el Donbás para que Rusia entre en guerra. En la autoproclamada República de Donetsk no hay signos de reanudación de los combates, pero sus habitantes están agotados por las tensiones y los años de vida difícil en un territorio no reconocido internacionalmente.

Por la corresponsal de RFI Anissa El Jabri.




 

Una pista asfaltada que termina en hierba salvaje, vallas, un cementerio y los bulbos dorados de una iglesia… Un pesado silencio solo perturbado por las pisadas de los perros callejeros en la nieve y, varias veces al día, por el fuego de la artillería. Estamos en la zona del antiguo aeropuerto de Donetsk, a un kilómetro de la línea de contacto.

«¡Aquí todo voló!»

«Estamos en la periferia de Donetsk. Este lugar también se considera sagrado, porque hay un convento para mujeres. Durante la fase caliente de la guerra, en 2014-2015, el ejército ucraniano quería atravesar este territorio, a través del monasterio y el cementerio, sortear el aeropuerto y entrar en la ciudad. En estos callejones se produjeron enfrentamientos muy violentos, todos los edificios fueron tiroteados a quemarropa. Con tanques, vehículos de combate, artillería. Proyectiles, cohetes Grad, Smerch… ¡Aquí todo voló!», recuerda Eduard Alexandrovich Basurin, jefe adjunto de la milicia de Donetsk.

En esta zona, uno puede fácilmente estar al alcance de un francotirador. La mayoría de los habitantes huyó. «El clima de guerra es difícil para todos, porque la gente está sometida a un estrés y una tensión constantes», explica Oxana, que vive en un barrio que nunca se ha visto afectado por los combates.

«No somos nadie»

Sin embargo, esta madre de 50 años describe una vida cotidiana pesada: «La gente no tiene libertad en ningún sentido de la palabra. No hay libertad de movimiento, porque ahora hay que pasar por Rusia para llegar a Ucrania. No hay libertad de movimiento ni siquiera dentro de las fronteras, ya que vivimos bajo toque de queda desde hace años. No hay banco internacional, ni oficina de correos internacional, ni forma de recibir paquetes, ni de enviarlos a otros países. ¿Qué podría decirle que sea positivo? Deje de grabar porque voy a tener que pensarlo durante un buen tiempo».

En un mercado, una joven pescadera, que no tiene pelos en la lengua, nos cuenta su vida cotidiana: «Aquí no se vive, se sobrevive. El que tiene dinero es fuerte, el que no es débil. Los viejos se están muriendo y los jóvenes no tienen esperanza. ¡No queda nada aquí! No somos ni ucranianos ni rusos, no somos nadie. Si queremos tener hijos, será en otro lugar y desde luego no aquí», lamenta.

Todos los habitantes de Donetsk que conocimos lo dicen: hoy, lo que quieren por encima de todo es una vida normal.

Radio Francia Internacional