La lucha por una escuela boliviana rociada con veneno y una demanda

Los menonitas bolivianos que iniciaron la obra en una propiedad privada entraron en confusión respecto a si su accionar era ilegal o no cuando el abogado de la colonia los demandó por “daño temido”.

Por : Ivone Juárez

Fuente: paginasiete.bo



Pasan las 14:00 y podemos conocer la escuela Anexo Vida Nueva que está a medio construir en las tierras verdes de la colonia Valle Nuevo, en Pailón, provincia Chiquitos del departamento de Santa Cruz. La obra es impulsada por menonitas bolivianos que fueron excomunicados. El castigo llegó hasta sus hijos y no pueden ir a la escuela de la colonia.

Pero estos jóvenes menonitas tienen un par de razones más para tener esa escuela, construida en una propiedad privada: quieren que sus hijos aprendan lo que enseña la educación boliviana y, ante todo, que conozcan las leyes del país. En respuesta, gente de la colonia radical roció veneno alrededor de la construcción y cerró el paso a ésta.

“Como nos expulsaron de su religión, nuestros hijos no tienen dónde estudiar; por eso construimos esta escuela, pero queremos que estudien lo que dice la escuela boliviana, para que no pasen lo que nosotros”, afirma Abran Banman.

“Cuando salimos de la colonia no entendemos qué nos dicen y lo peor no sabemos las leyes. Queremos que nuestros hijos las entiendan”, añade.

El menonita boliviano que habla castellano con acento y en ocasiones no entiende algunas palabras, señala que en la colonia los niños asisten a la escuela un promedio de siete años para aprender a sumar, restar, multiplicar y dividir, y “memorizan” un libro de catecismo escrito en alemán alto, cuando ellos hablan alemán bajo.

La escuela que construyen depende de la unidad educativa Villa Nueva que funciona en la comunidad del mismo nombre, fundada en los años 90 por los primeros menonitas que se declararon libres en Bolivia. Villa Nueva está enmarcada en las normas bolivianas y ya graduó a nueve promociones de bachilleres bolivianos, entre ellos menonitas, los primeros del país.

La obra paralizada

La escuela de Valle Nuevo está terminada en su obra gruesa, pero los baños están inconclusos. En los demás espacios faltan los cielos falsos y las puertas. Las conexiones eléctricas quedaron a medias. Los cables que penden del techo lo evidencian.

Abran Banman, Peter Knelsen y Peter Schmitt, tres de los menonitas excomunicados que impulsan la escuela, nos esperaron con ansias para que veamos la obra y el estado en que se encuentra después de más de nueve meses desde que la iniciaron. Tuvieron que paralizarla porque los líderes de la colonia los demandaron ante la justicia.

El juez Alberto Zeballos atendió el caso y determinó la paralización con el argumento de que representa un “daño temido”. El juez es de la ciudad de Santa Cruz, pero tomó el caso cuando correspondía ser atendido por un juez de Pailón, donde está la colonia Valle Nuevo y se construye la escuela Vida Nueva.

Zeballos emitió ese fallo sin realizar la inspección legal correspondiente para ver si la escuela realmente representa un “daño temido”. En la legislación boliviana, el “daño temido” está contemplado en el artículo 1464 de Código Cívil y dice: “El poseedor, cuando tiene razón para temer daño por un edificio que amenaza ruina, o un árbol u otra cosa que origine peligro puede denunciar el hecho al juez (…)”.

La escuela está en medio de parcelas donde no se ve otra construcción. Es de un solo piso, como evidenció Página Siete.

Desconocimiento de la ley

Banman, Knelsen y Schmitt están preocupados porque tienen la duda de si actuaron contra la ley de su país, Bolivia, al construir la escuela. Desconocen las normas, nadie se las explicó, como a muchos de sus compatriotas, pero tienen una desventaja: no leen bien el castellano.

Es uno de los menonitas que mejor se expresa en español. Dice que aprendió de la gente que trabajaba con su padre, pero sobre todo cuando uno de sus hermanos enfrentó un proceso legal que le interpuso la colonia.

Tiene 29 años y su primera hija es aún muy pequeña para ir a la escuela, pero se suma a Banman y Knelsen aunque sabe que eso representa ser blanco de mayores presiones por parte de los líderes de la colonia.

Veneno y el camino tapado

La duda de los menonitas bolivianos sobre si estaban actuando conforme a la ley creció más cuando, después del fallo del juez Zeballos, alguien de la colonia llegó con un tractor, removió tierra y tapó el camino al colegio y también obstruyó el paso a la casa de Schmitt. Eso pasó días después de la visita de Página Siete a la colonia.

Esto se sumó a lo ocurrido el 14 de agosto de 2021, dos meses después de que iniciaron la obra, cuando un numeroso grupo de la colonia Valle Nuevo llegó en sus buggys, rodeó la escuela y les exigió tumbar la obra.

“Estábamos trabajando, se acercaron y hablaron fuerte, querían discutir, pero nosotros no discutimos. Nos decían que teníamos otra religión, celulares y camionetas, que por eso debíamos salir de las tierras de la colonia”, cuenta Peter Knelsen.

Después de ese incidente ya nadie en la colonia quiso relacionarse con ellos. “No querían ni vendernos en los almacenes. Tuvimos que buscar otras vías para comprar víveres y otras cosas más”, añade Knelsen.

Y la presión continuó. Primero les cerraron algunos caminos de la colonia con cadenas y el 12 de enero de este 2022 encontraron que alrededor del colegio alguien esparció veneno. “Era metamidofos, se usa para matar chinches, fumigar el chaco. Reconocimos el olor que es demasiado fuerte. Echaron al lado norte, donde ventea, y el olor entraba al colegio, no podíamos estar ahí, era horrible”, cuenta Abran Banman.

Luego vino la demanda que el apoderado legal de la colonia, Erico Súarez Melgar, interpuso contra Peter Kenelsen, Abran Banman y Einrich Martens.

Derecho a la educación

El caso de los menonitas que desean una escuela con contenidos bolivianos llegó a la Asociación Departamental de Derechos Humanos de Santa Cruz (Abddhh) a inicios de este 2022. Su presidente, Víctor Hugo Velasco, señala que lo primero que hizo la entidad fue acudir a las autoridades de educación y al alcalde de Pailón, “quienes expresaron su acuerdo y beneplácito con la nueva escuela”.

“Desde el inicio observamos que el juez Zeballos no actuaba de acuerdo con la Constitución y que debía inspeccionar el lugar, porque una escuela nunca puede ser un daño temido. No lo hizo, aceptó la demanda y ordenó paralizar las obras”, añade.

El representante observa que la parte denunciante siempre se opuso a que Derechos Humanos interviniera en el caso.

“Hubo una oposición férrea por parte del abogado Suárez a que Derechos Humanos interviniera para demostrar que se estaba vulnerando el derecho humano a la educación y que el juez no podía dejar sin aulas a unos alumnos”, añade.

Velasco recuerda que la inversión privada en educación está garantizada por el artículo 88 de la Constitución, que dice: “Se reconoce y respeta el funcionamiento de unidades educativas privadas, en todos los niveles y modalidades; éstas se regirán por las políticas, planes, programas y autoridades del sistema educativo”.

“La determinación del juez fue apelada, perdió competencia y demostró parcialización total con el proceso; por eso lo denunciamos ante los jueces anticorrupción”, añade el presidente de la Abddhh.

Página Siete conversó con el juez Alberto Zeballos, quien aclaró que su fallo sólo persigue la conciliación.

“No fallé a favor de ninguna parte. No fallé en contra porque eso implicaba ordenar la demolición de la escuela, como ellos querían (parte demandante). Cómo voy a demoler algo que costó tanta plata, nunca haré eso. Lo que se vio es que en la colonia hay más de 1.000 integrantes y apenas siete personas hicieron la escuelita” explicó.

Consultado sobre por qué aceptó un caso que no está en su jurisdicción, sostuvo: “Ellos señalaron domicilio por la zona (Santa Cruz de la Sierra). Yo esperaba que una de las partes me pidiera que decline competencias, pero nadie me lo pidió”.

Ante la pregunta de por qué no hizo la inspección a la escuela, indica: “No (la hice) porque es de puro derecho, estaban todas las pruebas ahí, y las partes tampoco pidieron una inspección al lugar”.

“Nunca lo vi como un daño temido. La Constitución establece todas las garantías pero uno guarda las reglas. Imágínese una nueva escuela, el Gobierno tiene que autorizar, dar ítems y la Alcaldía autorizar cualquier construcción. Ellos no tenían ningún permiso”, añade.

Zeballos remarca: “Traté de hacer menos daño a las dos partes, por eso instalé audiencias de conciliación unas dos o tres veces. Los siete menonas me buscaron para conciliar y convoqué hasta al obispo de la colonia pero no vino. Si él estaba, se conciliaba”.

Los siete menonitas bolivianos, entre los que están Peter Kenelsen, Abran Banman, Peter Schmitt y Einrich Martens, afirman que desde que recibieron la notificación en su contra trataron de impedir la llegada a un juicio. “Eso cuesta dinero, los abogados cobran mucho y además perdemos mucho tiempo yendo a Santa Cruz, dejamos nuestro trabajo”, señala Schmitt.

Peter Kenelsen afirma que por esa razón asistieron a las audiencias de conciliación.

“Nos dieron dos opciones: una era vender nuestras tierras, casas, todo, y salir de la colonia. La otra era intercambiar tierras con otros vecinos para que los que queremos la escuela vivamos aparte. Para no tener problemas aceptamos la segunda (opción), para no tener problema, pero a los dos días nos llegó la notificación de que fuimos demandados por daño temido”, cuenta.

El caso de la escuela Anexo Vida Nueva espera su siguiente audiencia que se dará en tres meses, aproximadamente. Los menonitas bolivianos esperan con ansias ese tiempo con la esperanza de poder continuar su obra. Están pensando en recurrir a la Cooperativa Rural de Electrificación (CRE) de Santa Cruz para que los ayude a iluminar su escuela Vida Nueva. Su construcción contempla la instalación de electricidad.

“Hubo una oposición férrea a que DDHH interviniera para demostrar que se estaba vulnerando el derecho a la educación”.
Víctor Hugo Velasco, DDHH

Para el Ministerio de Educación la iniciativa de los menonitas excomunicados de la colonia Villa Nueva de construir una escuela adecuada a la norma boliviana es un aporte.

Desde 2010 esa cartera de Estado busca incluir a las escuelas de las colonias menonitas a la norma boliviana, señaló el viceministro de Educación, Bartolomé Puma, a Página Siete.

Consultado sobre si los menonitas cometen un delito al invertir en una escuela, respondió: “No. Nosotros estamos abiertos a que nos digan que quieren una unidad educativa”.

La autoridad fue más allá y ofreció la posibilidad de designar ítems para que el colegio funcione. “Inmediatamente nosotros podemos asignar ítems de acuerdo a la cantidad de estudiantes, porque es un derecho para ellos que son bolivianos”, sostuvo.

“Vamos a instruir a nuestras autoridades departamentales (de Santa Cruz) que hagan una inspección y así podamos seguir avanzando para llevar la currícula educativa nacional a ese grupo de hermanos bolivianos que están en su derecho de estudiar. Como hermanos bolivianos les tenemos que dar ese derecho” añadió.

Puma conoce la realidad de la educación en las colonias estrictas. Llegó a más de una cuando ejercía el cargo de director de Educación de Santa Cruz, pero el contacto siempre fue hasta donde los líderes lo permitieron.

“Se están automarginando. Siempre los convocamos a que implementen el sistema educativo boliviano. No queremos colonizarlos, sino incluirlos al Estado Plurinacional”, dijo.

Puma remarcó que los acercamientos dados hasta ahora fueron en el marco del respeto a su religión, usos y costumbres. Sin embargo, remarcó que el derecho a la educación de los bolivianos está por encima de todo.

La autoridad conoce que en medio de las colonias estrictas hay menonitas que forman escuelas con enseñanza boliviana. “Cantan el Himno Nacional. Tenemos que trabajar con ellos y darles la educación que corresponde, como dice la Constitución”, dijo.

El ministerio tiene registradas al menos nueve escuelas menonitas que cuentan con resolución ministerial, entre ellas están Villa Nueva, Hacienda Verde, Nueva Estrella, Eben Ezer, Haziel, Villa Nueva y Concepción. Éstas no pertenecen a colonias radicales, fueron creadas por los menonitas que huyen y se declaran libres.

Fuente: paginasiete.bo