Ucrania: en Mikolaiv, el agua corriente es un bien valioso

Decenas de personas hacen cola ante un camión cisterna en Mikolaiv, el 12 de mayo de 2022.
Decenas de personas hacen cola ante un camión cisterna en Mikolaiv, el 12 de mayo de 2022. © RFI/Boris Vichith


En el sur de Ucrania, a unos 30 kilómetros de la línea del frente, Mikolaiv, vaciada de la mitad de sus habitantes, es regularmente objeto de disparos de cohetes y misiles. Otra dificultad es que el agua corriente está cortada desde mediados de abril, cuando las tuberías del Dniéper fueron dañadas por el fuego ruso. Las autoridades de la ciudad están trabajando para devolver el agua a los hogares, pero está llevando tiempo.

Con nuestros enviados especiales en Mikolaiv, Anastasia Becchio y Boris Vichith.



Decenas de personas hacen cola ante un camión cisterna que acaba de llegar a un condominio. Vlad, de 28 años, ex marinero, ha traído 11 bidones. Eso debería ser suficiente para cuatro o cinco días. “Espero que quede, si no tendremos que ir más lejos. Todo esto lo hacemos a pie, ya que no hay combustible para el auto. ¡Es una manera de hacer deporte! Dicen que el agua volverá, pero no sabemos qué calidad tendrá”, cuenta.

Agua salada

Sin posibilidad de reparar las tuberías destruidas por el fuego ruso, las autoridades locales han abierto pozos al público y están trayendo agua del Bug Meridional, el río que atraviesa la península. Como el Mar Negro está a pocos kilómetros río abajo, el agua es salada y debe ser tratada.

Desde hace dos días, algunos habitantes han visto reaparecer el agua en sus grifos, durante unos minutos o unas horas. Es el caso de esta joven pareja cuya casa tiene bidones de agua amontonados en el pasillo. “Estamos haciendo reservas”, dice Yulia, sonriendo mientras abre la puerta.

Sasha llena barreños y baldes con agua amarillenta para lavar los platos y para el retrete, en Mikolaiv, el 12 de mayo de 2022.
Sasha llena barreños y baldes con agua amarillenta para lavar los platos y para el retrete, en Mikolaiv, el 12 de mayo de 2022. © RFI/Anastasia Becchio

En el baño, Sasha llena barreños y baldes con agua amarillenta para lavar los platos y para el retrete: “Como tenemos tres bidones de agua potable, con esta agua podemos olvidarnos del suministro de agua durante dos o tres días. Si tuviéramos al menos una hora de agua al día, sería bastante bueno”, explica.

Racionamiento del consumo

Sin agua corriente durante más de un mes, Yulia ha aprendido a racionar su consumo, pero lo relativiza: “No pensamos demasiado en ello, porque, Dios mío, éste no es el mayor problema de nuestro mundo. Estamos vivos, estamos sanos y, lo más importante, estamos juntos y eso es maravilloso”, comenta.

A pesar de las dificultades de la vida cotidiana y de las alertas aéreas, Yulia y Sasha mantienen el ánimo alto y no tienen intención de abandonar su ciudad.

Radio Francia Internacional