Abuelo, ¿qué fue del Defensor del Pueblo?

Ariadne, mi niña, Bolivia no tiene aún Defensor del Pueblo. Se organizaron una serie de acciones políticas para elegir a esa autoridad, pero al final, los esfuerzos los hicieron abortar, porque no hubo acuerdos entre los actores políticos que tienen en sus manos la definición para designar a un hombre o mujer para tan importante cargo. Quedaron siete personas en la recta final, pero las han vetado o por ser masistas o por ser pititas. Es la falsa disyuntiva que ha empujado esta polarización política, que descalifica a unos y a otros.

Ante la avalancha de hechos y de víctimas que necesitan de un acompañamiento de parte del Defensor del Pueblo, los legisladores se han empantanado, o sea, se aplazaron para conseguir el mínimo consenso y elegir a una persona líder, capaz y honesta para que desempeñe la enorme tarea de defender, promover, garantizar y exigir el cumplimiento de los derechos humanos de los más de diez millones de bolivianos que habitamos el Estado Plurinacional.



La Defensoría del Pueblo no se ha cerrado, debe seguir atendiendo las demandas y las preocupaciones de la gente, pero no tiene a su titular, y quien ahora está usurpa funciones, ya cumplió con su mandato constitucional, pero se aferra como garrapata a su cargo. Sin duda, no tiene autoridad moral ni ética para hacerse llamar Defensora del Pueblo, incluso se peleó con otra autoridad del Estado.

Además, Ariadne, la agenda de trabajo es tan delicada, ampulosa, compleja y que amerita urgente atención de parte de esta institución, que en estos últimos tiempos ha estado adormecida, silenciada y rechazada por una gran parte de la población de las diferentes regiones del país.

Abu ¿y cuáles son esas tareas urgentes que necesitan del Defensor del Pueblo?

Son demasiadas y no entienden eso los diputados y senadores, que mientras sigan con sus pugnas o cálculos, la realidad seguirá su dinámica devorando a los más débiles y golpeando a los más pobres. Mira, vamos a poner algunos ejemplos de la marcha de los hechos y sujetos que vienen vulnerando los derechos humanos de las poblaciones vulnerables y de la Madre Tierra.

Es de terror el último informe de la Fiscalía General en relación a la violencia sexual a niños, niñas y adolescentes. Del 1 de enero al 5 de junio de 2022 se han registrado más de 4.300 casos de violencia sexual contra esta población. Mucho más que el año pasado en relación al mismo periodo.

A pesar de que hay normativas, instituciones del Estado y privadas, ciertas campañas, cada día en el país entre 23 a 24 niños y niñas sufren algún tipo de agresión sexual, siendo las principales víctimas los pobres, los indígenas, la gente del área rural. Mientras se nota la ausencia de la Defensoría del Pueblo en este sensible tema.

El país fue impactado e interpelado la última semana con seis hechos de violación y asesinatos de niños y niñas, lo cual ocurrió en Yapacaní, Chimoré, Caracollo, Potosí, siendo el más dramático la violación de un niño de Yapacaní, por parte de cuatro hermanos, ocasionando la muerte del pequeño. En este caso, fallaron todos los sistemas de alertas y de apoyo hacia la familia y a la víctima.

La administración del sistema judicial se ha convertido en un vía crucis para la gente, cuyos fiscales y jueces se han dedicado a convertir la justicia en un recurso inhumano, antes que un derecho humano. Además, está al servicio del poder de turno y bailan de acuerdo a las presiones políticas. De igual modo, la Defensoría del Pueblo no ha realizado ningún informe o denuncia sobre el uso y abuso que se hace de la justicia para favorecer determinados intereses.

Siendo la salud una de las principales funciones del Estado, objetivo que debería impulsar la Defensoría del Pueblo, antes que estar al servicio del gobernante, es uno de los dramas más vergonzosos que estamos soportando, mucho mas cuando se trata de atender enfermedades terminales, como el cáncer, que se ha convertido en otra pandemia, pero sin que existan los mayores esfuerzos para su contención y apoyo económico para las familias afectadas. Porque el tratamiento del cáncer es demasiado costoso. Y ahí está brillando por su ausencia el Defensor del Pueblo.

Abu entiendo, no me atormentes más, al parecer pasará el Mundial de Fútbol y en Bolivia seguirán los que se llaman oficialistas y opositores jugando al escondite y el Defensor del Pueblo será como el duende o un fantasma que se va ocultando ante tantos problemas que debemos afrontar día a día.

El Defensor
del Pueblo será como el duende o un fantasma que se va ocultando ante tantos problemas que debemos afrontar día a día.
Hernán Cabrera M. – Periodista y Lic. en Filosofía
Fuente: eju.tv