El palo y la zanahoria

El presidente Luis Arce finalmente parece haber entendido que la economía del país no puede manejarse de espaldas a las necesidades y expectativas del sector privado cruceño, y que a estas alturas es muy difícil lograr que esa región acepte el chaleco de fuerza de un modelo de desarrollo con más prejuicios ideológicos que sentido práctico.

El acercamiento presidencial con los empresarios de Santa Cruz es, por ahora, solo una señal de pragmatismo. Habrá que ver si los puntos pactados en la agenda de trabajo por ambas partes se cumplen, sobre todo en ámbitos sensibles como el de la “cultura del bloqueo”, que últimamente se ensaña con ese departamento e involucra a actores relacionados con el oficialismo.

La relación de Arce con Santa Cruz no ha sido muy consistente. En septiembre del año pasado, durante la inauguración de la Expocruz, parecía que las cosas podían marchar por un camino de entendimiento, pero dos meses después, a raíz de las discrepancias sobre la fecha de realización del Censo Nacional de Población y Vivienda, las tensiones afloraron nuevamente, volvieron los “adjetivos”, la persecución, los procesados y detenidos, y se complicaron las condiciones para el restablecimiento del diálogo.



Distinguir política de economía no es tarea fácil, pero esa parece ser la apuesta de los dos actores. El presidente sabe que este tipo de reuniones le pueden acarrear críticas, como las de algunos dirigentes de la línea “evista” del MAS, que le acusan de hacer todo con la mirada puesta en una prematura campaña para ser reelegido en 2025.

Morales también tuvo una relación de estira y afloja con los empresarios de Santa Cruz e incluso el vicepresidente de entonces, Álvaro García Linera, fue uno de sus principales emisarios. En esos tiempos, como parece ocurrir hoy, la “zanahoria” reemplazó al “palo”, y hubo una suerte de pacto de no agresión beneficioso para las dos partes.

Y es que el socialismo del MAS no es tan socialista, sabe acomodarse a las circunstancias e incluso, cuando la se presenta la oportunidad, da virajes inesperados para la militancia. Ni tan cerca para que les digan neoliberales, ni tan lejos como para “arriesgar” el proyecto, los gobiernos de Morales y Arce hacen todo para encontrar el punto justo.

Del otro lado también hay expresiones de inconformidad, sobre todo de quienes creen que no se puede llegar a consensos en algunos temas, mientras no cambie el trato hacia la dirigencia cívica regional y no se resuelva la situación que enfrenta el gobernador cruceño Luis Fernando Camacho, detenido desde hace varios meses y sometido a un verdadero bombardeo de procesos para asegurar su retención más indefinida que preventiva en el penal de Chonchocoro.

Pero es comprensible que los privados tiendan puentes. No se les puede pedir que, para mantener su lealtad a una línea crítica al gobierno sacrifiquen el futuro de sus empresas y, por ende, el de sus trabajadores, mucho más cuando deben lidiar con un proyecto que se mantiene desde hace 17 años en el poder.

Si hay un punto en el que la polarización no puede sostenerse es en el de la economía. Cuando las cosas van mal, como ahora, el gobierno no puede darse el lujo de aferrarse a políticas que no pasaron la prueba de la crisis.

La apuesta de los empresarios tampoco puede ir en sentido de agudizar los problemas para debilitar cada vez más al ejecutivo, con la esperanza de que, de aquí a dos años, venga un presidente ideológicamente afín y haga las cosas conforme a las recetas que incluye el manual de primeros auxilios liberal, aunque el paciente necesite ya de una cirugía mayor.

Y es que el “palo” y la “zanahoria”, no forma parte solo de una estrategia que se aplique desde el poder político, sino que también puede ser utilizada por quien está del otro lado del tablero. A fin de cuentas, el pragmatismo es parte del juego, sobre todo cuando mantenerse en los extremos no le sirve a ninguno de los actores.

 

Hernan Terrazas es Periodista