LEGADO CULTURAL
El décimo quinto Festival Internacional de Música Renacentista y Barroca Americana “Misiones de Chiquitos” cerró una nueva edición con más de 130 conciertos realizados, una asistencia estimada de 80.000 personas, presencia en 20 localidades y la participación de alrededor de 1.300 músicos. En el año en que la Asociación Pro Arte y Cultura (APAC) celebra tres décadas de trabajo, el cierre del festival también se convirtió en una oportunidad para mirar hacia atrás y reconocer la historia, el voluntariado y la gestión cultural que han permitido mantener vivo este patrimonio.
Fuente: Prensa APAC
El origen del festival se remonta a los primeros años de APAC, cuando Marcelo Araúz, fundador de la institución, impulsó la idea de crear un encuentro internacional que mostrara al mundo la riqueza musical de las Misiones Jesuíticas de Chiquitos. Las primeras gestiones comenzaron en 1994 y el primer festival se realizó en abril de 1996, con siete grupos bolivianos y siete extranjeros, en medio de grandes desafíos logísticos y económicos.
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“Nos faltaba todo en esa época: no teníamos órgano, ni instrumentos suficientes. Poco a poco fuimos dotando a APAC de instrumentos musicales y construyendo el festival”, recordó Araúz, al destacar que el proyecto nació gracias a una suma de voluntades, amistades, apoyo institucional y la convicción de que Chiquitos tenía una riqueza cultural capaz de proyectarse internacionalmente.
Tres décadas después, el festival se ha consolidado como una de las plataformas culturales más importantes de Bolivia. En esta edición, la calidad musical fue uno de los aspectos más destacados, con la presencia de intérpretes nacionales e internacionales de alto nivel, desde figuras como Julien Chauvin, violinista francés y referente mundial en la interpretación histórica del repertorio barroco, hasta agrupaciones bolivianas de larga trayectoria como la Orquesta de Urubichá, que forma parte del festival desde su primera versión y continúa demostrando el nivel artístico de las comunidades misionales.
Las presentaciones también evidenciaron el diálogo entre artistas invitados y músicos locales, fortaleciendo el carácter internacional del festival sin perder su raíz boliviana. Las orquestas, coros y ensambles nacionales mostraron el resultado de procesos de formación sostenidos en el tiempo, especialmente en comunidades donde la música barroca no es solo repertorio, sino parte de una identidad cultural que permanece viva.
El cierre de los conciertos en Santa Cruz tuvo como broche de oro la presentación del Coro Monumental en la parroquia San Roque, ante una gran asistencia de público. Más de 150 voces y músicos interpretaron un repertorio especial bajo la dirección del maestro brasileño Parcival Módolo, especialista en música de los siglos XVII y XVIII y colaborador permanente de APAC desde hace más de una década. Durante esta misma noche, también se rindió homenaje al padre Piotr Nawrot, quien cumple 45 años de vida sacerdotal y misionera, en reconocimiento a su aporte a la memoria musical de las comunidades y al trabajo de investigación, preservación y difusión del patrimonio barroco misional.
Para Percy Añez Castedo, presidente del Directorio de APAC, el balance fue positivo por la respuesta del público, el nivel musical de los elencos y el alcance territorial de la programación. “No es un festival que espera a la gente; va hacia la gente. Los músicos viajan y van al encuentro”, señaló.
Añez destacó que el resultado de esta edición superó las expectativas y refleja un trabajo que se construye durante todo el año junto a comunidades, instituciones, empresas, embajadas, fundaciones, músicos y voluntarios. “El cariño de la gente al festival es sublime. Es un evento pensado para el encuentro entre bolivianos y extranjeros en un idioma común: la música”, afirmó.
El voluntariado también forma parte esencial de esta historia. Para Eduardo Chávez, voluntario de APAC, vivir el festival desde adentro permite conocer la magnitud del trabajo que existe detrás de cada concierto. Su labor está vinculada al apoyo en la organización y control de espacios destinados a auspiciadores, invitados y autoridades, una tarea silenciosa que contribuye a que cada presentación se desarrolle de manera ordenada.
“Formar parte de APAC significa mucho para mí, porque con mi trabajo como voluntario aporto al lema de la institución: juntos construimos cultura”, expresó Chávez, quien también resaltó la importancia de que más personas e instituciones se sumen al trabajo cultural de APAC, ya sea desde el voluntariado o mediante apoyo sostenido.
El cierre del festival no solo marca el final de una programación artística, sino también la continuidad de una causa cultural que durante 30 años ha contribuido a visibilizar la música, la historia y la identidad de Chiquitos. Para Araúz, este encuentro todavía tiene mucho camino por delante: “Es una joya de Bolivia y así debería proyectarse”.
Con esta nueva edición, APAC proyecta el desafío de seguir fortaleciendo el festival, ampliar su alcance y sumar nuevos aliados para que la música, las comunidades y el patrimonio de Chiquitos continúen vivos para Bolivia y el mundo.
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