Mientras provincias paceñas levantan medidas de presión, cabildos ciudadanos exigen recuperar el libre tránsito y algunos dirigentes plantean consultar a sus bases sobre la continuidad del conflicto, sectores vinculados al evismo insisten en mantener los bloqueos y cuestionan a quienes buscan una salida negociada.
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A más de seis semanas del inicio de los bloqueos que afectan distintas regiones del país, comienzan a multiplicarse las señales de desgaste en las movilizaciones, los llamados al diálogo y las expresiones ciudadanas que exigen recuperar la normalidad. Sin embargo, sectores afines al expresidente Evo Morales mantienen su respaldo a las medidas de presión y rechazan cualquier negociación con el Gobierno.
Uno de los hechos más significativos de los últimos días fue la decisión de 12 provincias del departamento de La Paz de levantar los bloqueos, según informó el gobernador Luis Revilla, quien aseguró que varias regiones comenzaron a retornar gradualmente a la normalidad.
Al mismo tiempo, la presión ciudadana contra los cercos se incrementó. En La Paz, Cochabamba, Santa Cruz y Sucre se realizaron cabildos que demandaron al Gobierno restablecer la transitabilidad y aplicar los mecanismos legales necesarios para poner fin al conflicto. Entre las principales consignas destacaron ‘Trabajo sí, bloqueo no’ y pedidos de estado de excepción.
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La misma tendencia comenzó a reflejarse en Potosí, donde el Comité Cívico Potosinista (Comcipo) convocó a un cabildo para exigir el desbloqueo de carreteras, garantizar el abastecimiento y promover una salida dialogada al conflicto.
En el ámbito sindical también aparecieron señales de reflexión interna. El secretario ejecutivo de la Central Obrera Boliviana (COB), Mario Argollo, anunció que las organizaciones consultarían a sus bases sobre la continuidad de las medidas y, además, pidió públicamente a Evo Morales que no intente apropiarse de una movilización que –dijo– responde a decisiones orgánicas de los sectores afiliados.
Lamentablemente, el ente matriz de los trabajadores postergó nuevamente el ampliado para definir si se da paso al diálogo. Fabriles de Cochabamba denuncian que no todas las centrales obreras departamentales (COD) participan de los ampliados. «Nosotros no hemos traicionado a nadie, solo hemos reencauzado la lucha, queremos que se dé solución porque somos el sector más afectado», afirmó uno de los dirigentes.
Sin embargo, desde el núcleo duro del evismo la posición sigue siendo distinta. El expresidente Evo Morales ratificó en días pasados la continuidad de las protestas y sostuvo que la pacificación del país pasa por una transición política y nuevas elecciones.
En la misma línea se pronunciaron dirigentes vinculados al Trópico de Cochabamba. El dirigente cocalero Vicente Choque cuestionó abiertamente a quienes promueven el diálogo y sostuvo que negociar con el Gobierno constituye una “traición” al movimiento campesino e indígena. Asimismo, advirtió que los dirigentes que participen en conversaciones para pacificar el país ‘no tendrán perdón’ dentro de las organizaciones sociales.
Las declaraciones contrastan con el escenario que comienza a configurarse en varias regiones, donde sectores ciudadanos, organizaciones productivas y parte de las propias bases movilizadas expresan preocupación por los efectos acumulados de los bloqueos sobre el abastecimiento, el empleo y la economía familiar.
A ello se suma un debate cada vez más visible sobre la logística y los recursos necesarios para sostener movilizaciones que superan los 45 días. Diversos reportes periodísticos y actores políticos han planteado interrogantes sobre el origen del apoyo económico y organizativo que mantiene activos varios puntos de bloqueo, mientras dirigentes de la COB rechazan que exista financiamiento proveniente de Evo Morales o del Chapare.
Con menos puntos de bloqueo que en las primeras semanas, crecientes llamados al diálogo y una ciudadanía cada vez más afectada por la prolongación de la crisis, el conflicto parece haber ingresado en una etapa de desgaste. Sin embargo, la negativa de los sectores más radicales a abrir una negociación mantiene al país sin una salida política inmediata y prolonga una confrontación que continúa impactando sobre la economía y la vida cotidiana de millones de bolivianos.