Santa Cruz. Tras los ataques registrados el pasado viernes enviaron a los menores de edad y a los adultos mayores a otros lugares. Este lunes la escuela tuvo pocos alumnos y cerró temprano. Los pobladores piden garantías para permanecer en su hogar .
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Su esposo salió a ver qué pasaba y encontró una escena de desesperación. Vecinos corrían buscando dónde refugiarse, mientras niños y adultos lloraban. Poco después, los gases comenzaron a extenderse por la comunidad.
“Mi abuelo, que tiene 82 años, se desvaneció. Mi esposo lo sacó casi muerto y lo llevaron alzado”, relata María, con la voz quebrada.
La escena ocurrió la madrugada del viernes en la comunidad ayorea Degüi, durante los enfrentamientos y ataques que sus habitantes atribuyen a grupos organizados de repartidores en moto (delivery). La noche de viernes nuevamente fueron asediados.
Tres días después, el temor sigue instalado entre las familias. Ahora, dicen, que no se sienten seguros ni siquiera dentro de la comunidad. La escuela tuvo pocos alumnos ayer y cerró temprano. Ya no se observa a las mujeres tejiendo en los pasillos, como acostumbraban hacerlo. Muchos niños y adultos mayores han sido enviados a otros lugares para resguardarlos.
“Yo tengo siete hijos, tres nietos, a mi abuelo y a mi suegro, que está ciego. A los niños los hemos llevado a otro lugar porque tenemos miedo. Estamos amenazados”, cuenta María. El sábado, junto con otros familiares, alquiló un cuarto para poner a salvo a los menores y a los ancianos.
Cecilia Etacore es otra madre que tuvo que llevar a sus niños a la casa de su tía, que está más al fondo.
“Todos los ayoreos se están yendo a la otra comunidad y otros a Cidob. Ya son cuatro noches que estamos con miedo”, comenta.
La comunidad Degüi es considerada el asentamiento urbano más numeroso del pueblo ayoreo en Santa Cruz de la Sierra. Está conformada por 105 familias y se encuentra en el Distrito Municipal 7, cerca del Hospital Municipal Villa Primero de Mayo. Fundada en 1985, alberga a generaciones de indígenas que han construido allí su vida.
“Aquí nací. No tengo dónde ir. Mis abuelos llegaron cuando eran jóvenes; mi abuelo tenía solo 23 años”, afirma María, de 41 años.
Sus palabras responden también a los mensajes que comenzaron a circular en grupos de WhatsApp, donde algunas personas exigen que desalojen el lugar. “No conocemos otro sitio. Nosotros trabajamos limpiando aceras y haciendo trabajos de mantenimiento. De eso vivimos”, comenta otro poblador. El miedo es tan grande que muchos prefieren no revelar sus nombres.
“Pedimos que todo se calme, que todo se arregle, que vengan las autoridades, porque tenemos niños”, añade.
En la escuela de la comunidad, las maestras se esfuerzan por devolver algo de normalidad a los niños. Este lunes solo pasaron el primer periodo porque varios faltaron. Los pocos que asistieron intentaban distraerse armando pequeñas pirámides con bloques de colores. “Así se están olvidando un poco de lo que pasaron. Estaban con mucho miedo. Los niños contaron que sus mamás lloraban. Varias familias se han ido por lo que ocurrió”, dice Liz Ampuero, maestra de segundo de primaria. Tiene 17 estudiantes inscritos, pero tras los hechos solo unos cuantos asistieron a clases.
Piden no culpar a la comunidad
Julia Chiqueno es parte de la directiva de la comunidad Degüi y cuestiona a las personas que los acusan de hechos que no han cometido.
“Estamos preocupados por los asaltos y la venta de droga, porque nos involucran a todos sin conocer la realidad”, insiste Chiqueno.
Esa preocupación la comparten otros ayoreos. Jenny Picaneray Etacore asegura que desde niña vivió allí y nunca tuvieron tanto temor. “Lamentablemente nos han manchado con acusaciones. Pedimos a las autoridades que nos escuchen y que hagan algo, porque no es la comunidad la responsable”, comenta.
Señaló que recién ayer recogió a su hijo que estaba en la casa de una prima de su esposo fuera de la comunidad, debido al temor que generan los ataques. “Gracias a Dios intervino la Policía para que no entren a nuestra comunidad. Una piedra hirió a un joven y tuvimos que sacar a los niños para que no les afecte el gas”, lamentó.
La dirigencia sostuvo ayer una reunión con representantes de la Defensoría del Pueblo, donde abordaron distintas temáticas que los afectan, como la exclusión y la falencia en salud y educación.
Los hechos
La tensión se originó luego de un robo a un repartidor. Decenas de trabajadores de delivery se autoconvocaron tras conocerse el asalto sufrido por uno de sus compañeros cuando realizaba una entrega en las cercanías del Cordón Ecológico.
De acuerdo con los reportes, el repartidor fue víctima de un robo y, posteriormente, sus colegas recorrieron diferentes sectores de la ciudad tanto en motocicletas como a pie, buscando a los presuntos responsables.
El comandante de la Estación Policial Integral (EPI) 5 de la Villa Primero de Mayo, William Benavídez, confirmó que la Policía intervino para evitar mayores enfrentamientos. Explicó que, tras retirarse del Cordón Ecológico, varios grupos de motociclistas se desplazaron hacia otros puntos de la ciudad. Hubo 11 repartidores de comida aprehendidos, quienes fueron liberados ayer.

