El presidente Donald Trump dejó claro lo que quería cuando reunió a líderes conservadores latinoamericanos en Florida el pasado mes de marzo. Al prometer que, juntos, habrían de “erradicar los cárteles criminales que plagan nuestra región”, Trump dijo a los líderes que solo necesitaba una cosa.
“Necesitamos su ayuda”, dijo. “Díganos dónde están”.
Trump podría ganar ahora un aliado en un país que, según los expertos, es el más importante para esa misión fuera de México: Colombia.
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Abelardo de la Espriella, un abogado penalista sin experiencia política que se hace llamar “El Tigre”, aventajó el domingo a su rival conservador en las elecciones presidenciales de Colombia y pasó a la segunda vuelta.
Se enfrentará el 21 de junio a un senador de izquierda del partido del presidente Gustavo Petro. Además de construir 10 megacárceles, De la Espriella ha prometido que aplastará a los grupos de traficantes armados de su país.
“Vamos a enfrentar, a derrotar y a castigar a los enemigos de Colombia que quieren destruir nuestra patria”, dijo De la Espriella en un discurso pronunciado en Barranquilla tras los resultados.
Por el contrario, su oponente político de izquierda, Iván Cepeda, defensor de los derechos humanos desde hace mucho tiempo, ha advertido contra el uso excesivo de la fuerza militar y ha denunciado lo que denomina “la fracasada guerra contra el narcotráfico”, que, según dijo, ha hecho poco por frenar el comercio mundial.
Si gana De la Espriella, sería un triunfo para Trump en la región, dijo Gimena Sánchez, directora para los Andes de la Oficina de Washington para América Latina, que calificó a Colombia de “aliado número uno para Estados Unidos”.
Colombia es el mayor productor de cocaína del mundo y el hogar de varios grupos de traficantes importantes que el gobierno de Trump ha designado como organizaciones terroristas.
A medida que los grupos armados luchan por el control de las rutas de la cocaína y las minas de oro ilegales, también se han desbordado a través de las fronteras de Colombia hacia Venezuela, Ecuador y Brasil, países de tránsito clave para la cocaína.
De la Espriella enfocó su campaña en la promesa de tomar medidas drásticas contra los grupos, así como de reprimir la delincuencia urbana, en lo que, según los expertos, equivale a una mezcla de Trump y el presidente de El Salvador, Nayib Bukele.
Ha propuesto construir 10 megacárceles privadas «en la mitad de la nada» y ha planteado la idea de promulgar una legislación “temporal” que otorgue a su gobierno amplios poderes para encerrar a más delincuentes, lo que ha provocado comparaciones con el estado de excepción que El Salvador y Ecuador han utilizado para desplegar al ejército contra los miembros de las bandas.
De la Espriella ha prometido bombardear los “campamentos narcoterroristas” el primer día y recuperar el control del gobierno en las zonas de conflicto en un plazo de 90 días.
También ha prometido perseguir la producción de coca, y calificó a la cocaína de “fuente primigenia de todas las formas de violencia”, y ha dicho que erradicará más de 330.000 hectáreas de plantaciones de coca -una superficie del tamaño de Rhode Island- con la reanudación de la fumigación aérea, una técnica que se prohibió después de que fuera relacionada con riesgos para la salud. (Ha dicho que utilizará un producto químico más seguro).
Colombia ha sido históricamente uno de los aliados más estrechos de Estados Unidos en América Latina. Aunque la colaboración ha continuado, los expertos afirman que Petro, el primer dirigente de izquierda de Colombia, tensó esa relación, al denunciar como “asesinato” los ataques de Trump a barcos frente a las costas de Sudamérica que, según él, transportan drogas.
“Estados Unidos no hizo muy privado que quiere un nuevo presidente en Colombia que siga lo que Estados Unidos quiere en la región”, dijo Sánchez, al describir que la prioridad del gobierno de Trump es conseguir nuevos socios en un “esfuerzo de cooperación en materia de narcoseguridad” en toda la región.
A través de una coalición militar recién formada para erradicar los cárteles, Estados Unidos está tratando de persuadir a sus aliados en Latinoamérica para que permitan ataques militares en conjunto con Estados Unidos contra grupos delictivos dentro de sus territorios, según ha informado The New York Times.
De la Espriella ha sugerido que, aunque no permitiría operaciones militares estadounidenses en suelo colombiano -una línea roja para muchos gobiernos de la región-, sí incluiría a Colombia en la alianza, que incluye a casi 20 países latinoamericanos.
El ascenso de De la Espriella representa un desplazamiento en la región de los políticos conservadores tradicionales hacia figuras alineadas con el movimiento MAGA, que promueven la militarización de las fuerzas del orden para responder a la preocupación de los votantes por la delincuencia, dijo Vanda Felbab-Brown, investigadora principal de Brookings Institution en Washington.
En la segunda vuelta de Colombia, se preguntará a los votantes: “¿Quieren ir esencialmente a toda marcha en la dirección MAGA? ¿Y a toda marcha en la dirección Bukele?”, dijo Felbab-Brown.
“De la Espriella”, añadió, “está en la extrema derecha de la derecha”.
Sus estrictas propuestas en materia de seguridad preocupan a algunos analistas, quienes afirman que políticas similares en El Salvador y Ecuador han dado lugar a abusos contra los derechos humanos.
De la Espriella también ha adoptado una postura contraria a los migrantes, y prometió deportar a los migrantes que cometan delitos en un país en el que ahora viven hasta tres millones de venezolanos. También ha adoptado posturas sociales conservadoras que resuenan entre muchos votantes de Colombia, un país de mayoría católica, como oponerse al aborto y al derecho de las parejas homosexuales a adoptar niños.
Se ha presentado a sí mismo como partidario de las empresas y del gobierno pequeño, al prometer -al igual que el presidente Javier Milei de Argentina- reducir de manera drástica el gasto público, recortar las normativas, eliminar los organismos gubernamentales “inútiles” y erradicar la corrupción.
El rival de De la Espriella, Cepeda, propone un enfoque totalmente diferente en materia de seguridad.
Cepeda, conocido sobre todo por su labor en la defensa de las víctimas del largo conflicto armado colombiano, ha dicho que protegerá a los colombianos de la violencia. Pero cerró su campaña diciendo que buscaría la paz y la reconciliación y detendría “el ciclo de las violencias” que durante décadas ha visto a las fuerzas de seguridad colombianas atacar a los grupos armados, con bajas masivas en ambos bandos.
No ha dicho que vaya a archivar el muy criticado plan de paz de Petro, “Paz Total”, y ha sostenido que los acuerdos negociados con los actores armados son la única forma de evitar más derramamientos de sangre. Los críticos han dicho que aliviar la presión militar sobre los grupos les había permitido expandirse.
Cepeda ha dicho que su propio plan de seguridad implicará una mayor inversión en las zonas de conflicto, el apoyo a los pequeños agricultores, la creación de empleo y la ayuda a las escuelas para evitar el reclutamiento de niños.
Al enfrentarse a Estados Unidos, Cepeda se aleja de Petro.
Petro discutió a menudo con Trump, pero al final le aseguró que su gobierno estaba llevando a cabo un ataque militar total contra los grupos armados. En una reunión en la Casa Blanca a principios de este año, transmitió que trabajar con Colombia era la mejor apuesta de Trump para lograr sus objetivos antinarcóticos en la región.
De la Espriella se ha inclinado por una imagen de línea dura, y ha dado discursos con el puño en alto. Pero ha rechazado las etiquetas ideológicas y ha dicho que no era “extremo” de la derecha, sino de “extrema coherencia”.
“Al final del día yo no estoy defendiendo ideologías. Yo estoy defendiendo valores y principios”, dijo en una entrevista reciente con un influente colombiano, y citó la familia, la libertad y la seguridad como pilares de su campaña.
Cepeda, por su parte, ha intentado poner en duda el mensaje de ley y orden de De la Espriella.
Al referirse a la carrera de De la Espriella como abogado penalista que representaba con frecuencia a clientes implicados en polémicas relacionadas con la corrupción y las drogas, Cepeda lo calificó de “estafador de estafadores”, que representa un “pasado parapolítico, narcotraficante, mafioso, plutocrático y corrupto”.
De la Espriella ha hecho caso omiso del escrutinio de su pasado y ha afirmado de manera repetida que nunca ha sido acusado de ningún delito y ha citado su carrera jurídica como prueba de su compromiso con el Estado de derecho.
Algunos colombianos dijeron estar preocupados por sus mensajes. Juli Salamanca, directora de un grupo de salud trans de Bogotá, dijo que apoyaba a Cepeda por temor a que De la Espriella pudiera erosionar las libertades civiles y poner en peligro derechos que tanto había costado conseguir.
“Representa todos los odios de la sociedad”, dijo.
Otros votantes no estaban de acuerdo. William Bohorquez, quien asistió a un acto de campaña de De la Espriella en Barranquilla el domingo por la noche, dijo que su candidato reconduciría el rumbo de Colombia tras años de liderazgo “a la deriva” bajo Petro, especialmente en su relación con Estados Unidos.
“Donald Trump ve que no hay interés del actual gobierno en acabar con el narcotráfico ni con los criminales”, dijo Bohorquez.
Y añadió: “Por eso, queremos que Abelardo actúe con mano dura contra la delincuencia y contra los grupos armados”.
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Genevieve Glatsky colaboró con reportería desde Bogotá.
Annie Correal es corresponsal de Latinoamérica para el Times.
Luis Ferré-Sadurní es reportero del Times radicado en Bogotá, Colombia.
Genevieve Glatsky colaboró con reportería desde Bogotá.
