Padre ausente


Cuentan las crónicas del 29 de marzo de 2023 durante la madrugada que, Samuel Marcos Sevilla, era rescatado y liberado de una finca en la ciudad de Cuenca (España), donde su propia madre lo mantenía secuestrado. El caso acaparó los titulares de la prensa española, debido a los antecedentes sobre los cuales se fue construyendo la trama, que ocasionó que un proceso privado termine por absorber las luces de los reflectores de la opinión pública. Cuando se produjo la liberación, Marco tenía 11 años de edad, había dejado de asistir al colegio por casi tres años y su madre lo movía de una ciudad a otra únicamente con el propósito de no dejar que el niño vea a su padre.

La madre, María Sevilla, se había separado del padre cuando el niño tenía apenas 3 años de edad. Comenzaba a partir de ese momento una guerra sin cuartel, que mantuvo como rehén a un inocente. El caso se debatía entre abogados y tribunales, denuncias falsas sobre acoso, abuso sexual y violencia, aspectos que nunca pudieron ser demostrados. Tras una odisea judicial, finalmente se descartó por completo las denuncias realizadas por la madre, poniendo especial atención en las conductas y actividades que ella desarrollaba, fallando la justicia en favor del padre y otorgándole la patria potestad.



En la víspera en que María Sevilla debía entregar el niño a su padre, sin consentimiento alguno y burlando las resoluciones judiciales, forzando además a su propio hijo a comenzar una vida errante que lo expuso a peligros, apartándolo de la escuela y llegando al extremo de mantenerlo encerrado con las cortinas cerradas sin permitirle ver la luz del sol, todo ello con la complicidad de su nueva pareja a quién había convencido con sus mentiras y con quien procreó otra pequeña, decidiendo secuestrarlo y manteniéndolo rehén de sus desequilibrios mentales.

Un secuestro en toda regla, desafiando leyes y los tribunales españoles, con el único propósito de convertir la vida de su ex pareja en una pesadilla. La “violencia vicaria” también se aplica en padres (varones), que no sólo deben enfrentar el dolor y la angustia de no ver a sus hijos, no poder abrazarlos, perdiéndose celebraciones importantes y debiendo vivir verdaderos calvarios judiciales.

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María Sevilla, fue condenada a dos años y cuatro meses de cárcel por el delito de sustracción de menores. Además, el juzgado penal de Madrid ordenó el pago de 5.000 euros por daños morales. La sentencia consideró probadas las evidencias de incumplimiento de la resolución judicial que en 2017 le retiraba la custodia de su hijo menor de edad y se la entregaba al padre, considerando el uso de algunas maniobras dilatorias a falta de dos días para que se cumpla el plazo. De acuerdo a lo que señaló el Juez de la causa: (María Sevilla) “no entregó al menor a su padre, manteniendo oculto su paradero, tanto a él, como al propio Juzgado, lo que consiguió mudando de residencia y la del menor por diferentes puntos de España”.

Se sabe que la madre es una figura fundamental en la infancia y crianza de los hijos, pero ¿Qué pasa con los padres? ¿Hasta qué punto su presencia e implicación es importante para el desarrollo cognitivo y emocional de los hijos? Durante años la imagen del padre proveedor fue atribuida como parte de su cometido social, esa era su principal labor y pocos padres se implicaban en la crianza de los hijos. Hoy en día la figura del padre activo en la vida de sus hijos es mucho más valorada que su faceta de simple proveedor, a pesar de que la legislación de algunos países (Bolivia) se convierte en un verdadero obstáculo.

Diferentes estudios científicos acerca de la figura paterna en la vida de los hijos, son igual de concluyentes y determinantes en los diferentes modelos de familia. En base a esta premisa, investigaciones recientes de neurociencia, psicología y desarrollo infantil, muestran que la paternidad no sólo cambia positivamente la vida de los niños, sino que los padres experimentan cambios que les permite implicarse en las diferentes actividades de interés de sus hijos.

Según un estudio de la BBC realizado con base en investigaciones de universidades de Estados Unidos y Europa, se advierte que los varones que experimentan cambios durante el periodo de gestación de sus parejas, que se acentúan durante los primeros meses de infancia de los recién nacidos, sufren variaciones en los niveles de testosterona, prolactina, vasopresina y oxitocina, sustancias que están estrechamente vinculadas con el apego y el instinto de protección.

Una investigación realizada en la Universidad de Notre Dame (Francia), muestra que cuando el padre duerme cerca de sus hijos los niveles de testosterona disminuyen, permitiendo que el progenitor esté dispuesto a atender de mejor manera los requerimientos de sus hijos. Los especialistas demostraron que las transformaciones profundas ocurren cuando los padres participan de forma activa y cotidianamente en la crianza de sus hijos.

La BBC señala que los niveles de oxitocina conocida como la hormona del amor, incrementa cuando los padres sostienen a sus bebés y juegan con ellos. Así mismo, el Centro Nacional de Investigaciones Científicas de Francia, en colaboración con la Universidad de Montpellier, han descubierto que cuando padre e hijo se parecen físicamente, el compromiso e implicación por parte de los padres es mayor.

Esta implicación filial y de interacción contribuye al desarrollo de habilidades motoras, fortalece la confianza y ayuda para que los niños aprendan a identificar límites físicos y emocionales. Los especialistas consideran que estas experiencias favorecen a la capacidad de resiliencia y la posibilidad para hacerle frente a situaciones desconocidas o inciertas.

The Fatherhood Project del Massachusetts General Hospital, señala que la participación activa y el compromiso emocional del padre se relacionan con mejores resultados sociales, emocionales, conductuales y académicos. Que no importa solo el tiempo, sino la calidad de la interacción. Del mismo modo, una revisión sobre el entorno familiar en adolescentes indica que el apoyo emocional de los padres y la participación en actividades escolares se asocian positivamente con un mejor rendimiento académico.

Queda claro que una paternidad activa y presente donde el padre esté emocionalmente involucrado en el bienestar infantil de sus hijos, influye y beneficia a la salud emocional de ambos, así como la mejora en su desempeño escolar, sus relaciones sociales y la capacidad para afrontar diferentes circunstancias del adulto en el que se convertirá en el futuro. Ningún hijo debe convertirse en rehén por capricho y resentimiento ajeno. Ojalá así lo entienda la justicia que muchas veces no obra con objetividad, imparcialidad ni equilibrio, mostrando una falta de voluntad para proteger el bien superior, basada únicamente en prejuicios y generalidades.

Independiente de los beneficios del vínculo paterno, el sistema está empeñado en incrementar la figura del padre ausente, valiéndose de instrumentos normativos que atentan directamente al núcleo social. La retórica globalista que impulsa todo esto, insiste en llamar violencia a todo lo que no sea cumplir con sus reglas. Tener menos dinero del que quiere tu pareja es violencia económica, poner límites a la relación y no caer en la manipulación ni chantaje emocional, es violencia psicológica. Exigir derechos de paternidad es violencia vicaria.

Por de pronto, sin querer pecar de ingenuo, en espera de que la justicia (Bolivia) actué de forma imparcial y equilibrada, recordemos que: Dios ve el corazón incluso cuando el mundo no presta atención. En sus manos descansa la verdad y la justicia, por lo que más tarde que temprano ambos encontrarán su camino.