Estados Unidos y Bélgica llegan con la confianza por las nubes a octavos de final y sabiendo que tienen una oportunidad histórica por delante.

Estados Unidos y Bélgica protagonizarán en el Lumen Field (Seattle), uno de los cruces más atractivos de los octavos. Ambas selecciones llegan con la moral por las nubes y con argumentos distintos para creer en el pase a cuartos y soñar en grande. El anfitrión quiere seguir alimentando la ilusión de todo un país, mientras que los ‘Diablos Rojos’ buscan confirmar que el relevo generacional puede incluso superar a la generación dorada.
El combinado dirigido por Mauricio Pochettino dio un golpe sobre la mesa en dieciseisavos al superar con autoridad a Bosnia pese a estar casi una parte entera con 10. El técnico argentino ha conseguido construir un equipo reconocible, intenso en la presión, vertical en las transiciones y con una personalidad competitiva característica de sus equipos.
Sin embargo, aunque no todo eran buenas noticias para Estados Unidos, al final sí lo son. Balogun, goleador del equipo, se iba a perder el partido por la roja en el último encuentro, pero la FIFA le permitirá jugar. “En virtud del Artículo 27 del Código de Procedimiento de Defensa, la aplicación de la suspensión automática de partidos para el jugador estadounidense Balogun queda suspendida por un período de prueba de un (1) año”. Bélgica, por su parte, aterriza en octavos después de firmar una remontada milagrosa. Cuando todo parecía perdido frente a Senegal, los de Rudi García reaccionaron para darle la vuelta al marcador gracias a los goles de Lukaku y Tielemans y clasificarse gracias a una exhibición de carácter que puede ser un antes y un después. Ese triunfo también ha servido para reforzar la confianza de un grupo inmerso en plena transición.
Con Eden Hazard retirado y Kevin De Bruyne entrando en la recta final de su carrera internacional, futbolistas como Youri Tielemans han dado un paso al frente para asumir el liderazgo de una selección que vuelve a creer en sus posibilidades.

El duelo promete un interesante choque de estilos. Estados Unidos intentará imponer un ritmo alto, apoyado por el empuje de su afición y el trabajo colectivo que ha implantado Pochettino. Bélgica, en cambio, buscará adueñarse del balón y aprovechar la calidad de su centro del campo para controlar el encuentro y castigar cualquier error.
Con un billete para los cuartos de final en juego, los pequeños detalles pueden y van a marcar la diferencia. La presencia de Balogun condiciona todo, mientras que Bélgica comparece con el impulso anímico de una remontada que puede cambiar el rumbo de todo un Mundial. Rudi quitó a los mejores cuando todo parecía irse al garete y ahora falta ver si vuelve al plan inicial o si da continuidad a jugadores como Lukebakio, Raskin o Moreira
