OSCAR GOMEZ BERTHON
Todos en algún momento de nuestras vidas hemos pasado por dificultades, momentos de incertidumbre, problemas o situaciones que creímos no tenían solución. En estos momentos escuchamos de propios y extraños, recomendaciones de cómo sobrellevar la situación y quizás dónde encontrar la solución. Van y vienen nombres de especialistas, terapias, tratamientos o simplemente nos recomiendan calmarnos y encarar la situación de forma tranquila, para así evitar reaccionar sin razonar.
En momentos de crisis es cuando el silencio se vuelve nuestro peor enemigo, pues recordamos más los errores y desaciertos que quizás pudieron llevarnos ante tal situación, en vez de sobreponer ante ello nuestras virtudes y aciertos. Cuando hay un momento de incertidumbre, el pánico es el principal actor que nubla nuestro razonamiento y siendo presas del pánico, no podemos actuar de forma coherente.
Atravesar una crisis es similar a caminar en la oscuridad, no sabemos qué dirección debemos tomar, ni con qué podremos tropezar. Ante tal panorama sombrío, nos damos cuenta que nuestras fuerzas tienen un límite y que necesitamos de algo que pueda reponernos.
Cuando pasamos por una crisis, recibimos toda clase de recomendaciones, y por lo general, aquellas que van ligadas a la fe, inicialmente no despiertan toda nuestra atención, pues primero recurrimos a cumplir con las recomendaciones que pensamos tienen mayor sentido, pues son ligadas a lo material y no a lo espiritual. Solo al final del camino, cuando hemos intentado todo, recién escuchamos e intentamos aplicar lo espiritual. Cuando bien pudimos haber hecho ambas desde un inicio.
=> Recibir por Whatsapp las noticias destacadas
La fe en tiempos de crisis puede ser esa pequeña luz que ilumine nuestro oscuro panorama. Reconocer que tenemos límites, que cometemos errores porque no somos perfectos, nos apega más a la necesidad de creer en un ser omnipotente que pueda darnos una mano para salir adelante. Hoy más que nunca el mundo necesita esa pequeña luz que tanto puede iluminar nuestro camino. Pues solos no podemos.
Dios, Jesús y su Santísima Madre nos acompañen durante esta tormenta y que juntos encontremos la solución para poder escribir un final feliz.Fuerza y Fe.