La destacada lingüista Patricia Alandia Mercado advierte varios y graves problemas para las lenguas nativas del país
Entrevista
La destacada lingüista Patricia Alandia Mercado conversó con OH! sobre los procesos que afectan a las lenguas que se hablan en Bolivia. Advierte varios y graves problemas.
-¿Qué características principales tiene el castellano que, con sus respectivas variantes, se habla en Bolivia?
-Cuando hablamos del castellano boliviano, no podemos hablar de uno solo, ya que tenemos distintas regiones que han configurado de diferente manera las variantes. Básicamente, se identifican tres: la región andina donde estarían La Paz, Oruro, Potosí, Cochabamba y Chuquisaca. Pero, a su vez, dentro de esta región también se van configurando dos subvariantes porque las lenguas de sustrato con las que entran en contacto son diferentes. Es el caso de La Paz, Oruro y algunas regiones de Potosí, con el aimara. Luego, Cochabamba y Chuquisaca, sobre todo, con el quechua. Claro que eso con las migraciones se modifica.
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En el caso oriental tenemos a Santa Cruz y Beni, donde las lenguas de sustrato son muy diferentes y, además, son minoritarias. Muchas están aisladas y no hubo mucho contacto. Se puede hablar del guaraní, pero no se ha estudiado. Por lo menos, no encontré estudios de influencia de las otras lenguas porque es en esas zonas donde tenemos la mayor cantidad de lenguas indígenas. Se hace una diferencia con el sur que sería Tarija, ya que tienen unas características especiales que las distinguen de las otras variantes.
Tenemos esa diversidad que tiene como una configuración fundamental las lenguas de sustrato, salvo el oriente y también el contacto con otras lenguas. Por ejemplo, Pando tiene una variante fronteriza, con el Brasil. Es un caso especial.
-Con los acelerados procesos de urbanización y migración que se han desatado, ¿cree que se está homogeneizando el castellano hablado en Bolivia?
-No creo, porque, por ejemplo, ahora la cantidad de hablantes de quechua es muy grande en Santa Cruz. Pero hay una adaptación muy rápida a la variante cruceña, sobre todo, fonética, justamente por las presiones sociales. Hay muchos fenómenos que juegan en un sentido y otro.
Habría que analizar y aquí viene un problema fundamental: el censo. No tenemos datos válidos de la cantidad de hablantes, sobre el origen. Eso es algo clave para los lingüistas en este momento. También, para las políticas lingüísticas, a las que se han obligado el Estado y el Gobierno con esta adscripción al “Decenio de las lenguas”, que además ha tenido sede en Bolivia. Ahora estamos a oscuras con respecto a la situación de los hablantes, en cuanto a las variantes, en cuanto a los hablantes de lenguas indígenas.
-En cuanto a las influencias, ¿cómo considera que están afectando los anglicismos y los tecnicismos?
-Siempre ha habido esto porque, cuando se desarrolla la tecnología, ingresa con sus términos para nombrarla. Entonces, tenemos muchos anglicismos adaptados. Se llama así cuando el término, que es un préstamo de otra lengua, va pronunciándose y escribiéndose con las características propias de la lengua receptora.
Nosotros tenemos una forma de combinar sonidos, de formar sílabas. Por ejemplo, en el castellano se llaman reglas fonotácticas que nos determinan cómo vamos a entender la palabra y cómo vamos a pronunciarla, si no sabemos la otra lengua. Por ejemplo, es lo que pasó con “sándwich” que tiene tantas adaptaciones, incluso en los menús de los restaurantes. Hay una apropiación que puede ser popular o normada por la Real Academia de la Lengua Española (RAE) que después dice: “Esta palabra se va a escribir de esta manera”.
Siempre ha habido eso, solo que ahora el desarrollo tecnológico es muy veloz. Entonces, la cantidad de elementos que vienen es realmente enorme. Nos ha llegado un gran caudal de términos. Algunos ya tienen cierta adaptación porque el hablante no puede pronunciarlos tal como llegan. Entonces, pronuncia como puede y, basándose en eso, la RAE va guiando a las personas o definiendo para ver cómo van a escribir.
Por ejemplo, todo lo relacionado con Twitter, que cuesta tanto escribir. Es decir, las personas que no saben inglés no escriben tal como viene, no saben pluralizar o pasar del nombre al verbo. Entonces, se ha simplificado el “tuit” y “tuitear”. Se adapta más a las reglas, a la morfología del castellano. Algunas palabras están logrando adaptarse y otras todavía llegan con la forma. El problema no es tanto en el habla popular, el problema es en la variante estándar, cuando hay que escribir sobre ello. Ahí se generan las dudas.
-¿Y en cuanto a argentinismos y mexicanismos?
-Yo he visto mucho los mexicanismos. Me imagino que es el fenómeno de los “youtubers” que han impactado a ciertos grupos etarios, sobre todo. No nos olvidemos que, cuando llegaba el Chavo del 8 y todas esas series, se vinieron con fuerza varios modismos de México. Además, me da la impresión que afecta a varios países. Es decir, las redes sociales están generando una comunidad hispanohablante o castellano hablante, aunque también con países castellano hablantes de Europa. Pero hay una comunidad porque comparten una cultura este fenómeno de “influencers”, “youtubers”.
Entonces, ahí circula una serie de términos que los jóvenes van incorporando. Pero, en todo caso, eso suele ser siempre temporal. Tiene que ver con momentos y no necesariamente se van a consolidar en la lengua ya como préstamo adquiridos, consolidados, aprendidos. Después se verá qué se queda y qué no.
-En el tema del lenguaje llamado “inclusivo”, ¿está ingresando con alguna fuerza al habla de los bolivianos?
-Creo que no en Bolivia. En la Argentina es muy fuerte. Incluso ha ingresado a las universidades. Yo he pasado cursos con profesores argentinos que, aunque no lo tengan incorporado, hacen el esfuerzo. Pero aquí no, tal vez en algunos colectivos feministas, pero en una investigación que estaba haciendo una estudiante vio que no era algo sostenido ni es sistemático. Son formas que encuentran los colectivos de reivindicar algunos derechos, pero que depende.
La reivindicación principal del feminismo fue la feminización de las palabras. Que empiece a diferenciarse el género femenino, por ejemplo, en todos los nombres de oficios, de cargos. Esto ya que antes sólo estaban pensados en términos masculinos porque eran los varones que realizaban esos oficios. En el momento en que las mujeres comenzaron a ocupar esos espacios hubo una necesidad de feminización. Eso se fue logrando, además, en muchos casos de manera natural. No es que hubo un movimiento que pidió que se hiciera.
Luego ya también se ha apoyado eso para su reconocimiento oficial. Ahora con este nuevo lenguaje inclusivo se pide que sea una ley y se naturalice, por ejemplo, en lugar de tener “concejala” o “concejal”, tener “concejale”, para que no se establezca la diferencia. No hay un acuerdo ni siquiera al interior de los movimientos feministas con respecto a esto. Entonces, es algo que hay que observar para ver cómo transcurre.
– ¿Cómo ve el fenómeno de las lenguas nativas y la castellanización de sus hablantes por la urbanización y las migraciones?
-Pese a todo lo que se dice en la retórica oficial y en las políticas lingüísticas, las condiciones para que los hablantes mantengan sus lenguas son cada vez peores. Ahora tenemos una invasión a los territorios indígenas de parte de transnacionales, cooperativistas y los denominados “interculturales” que están acorralando a las poblaciones indígenas. Van a terminar por desplazarlas y ese desplazamiento, obviamente, va a suponer que tengan que adaptarse a otras condiciones y se castellanicen completamente.
Pese a que tenemos lenguas fuertes, todavía millonarias, como el quechua, ya no hay transmisión intergeneracional. Se está frenando. Esos números que vemos de gran cantidad de hablantes de quechua y aimara y lo que todavía escuchamos esas lenguas en la calle y en distintos espacios, de aquí a unos 10 años la caída va a ser estrepitosa. Las nuevas generaciones no están aprendiendo la lengua. No están aprendiendo y no hay transmisión porque, para empezar, la educación multilingüe o plurilingüe es una estafa. Estamos peor que con la política neoliberal.
Aunque se hable repetidamente de lo pluricultural, la reivindicación, etc., en los hechos, hay la implantación de un modelo que lleva a todas las colectividades a la castellanización como que fuera lo ideal, el “desarrollo económico”. Este gobierno, los gobiernos del MAS incorporaron la idea de que ser modernos, desarrollarse, supone castellanizarse. Pese a que fue deficiente el censo de 2012, hubo problemas serios, ya se mostraba una caída importante en la autoidentificación como indígena de 60 a 40 y en el numero de hablantes. En los hechos vamos a ver, si es que alguna vez tenemos un censo confiable, que la situación es muy grave.
-¿Hay alguna forma de preservar las lenguas que se haya trabajado en otros países?
-Sí, hay experiencias. Por ejemplo, los nichos lingüísticos que acá están utilizando, pero mal. Ha habido experiencias de revitalización. La lengua apache, por ejemplo, cuando los abuelos interactuaban con los nietos y han transmitido la lengua a los nietos. Había la generación intermedia. Los padres no tenían la lengua, y al final los hijos enseñaban a los padres.
Para ello tiene que haber decisiones políticas, para empezar, de los hablantes. El hablante tiene que estar convencido de que quiere preservar su lengua. Tiene que haber decisiones políticas del Estado, de los gobiernos, que digan: “Muy bien, vamos a generar las condiciones para que esos hablantes utilicen su lengua y sea valorada en la sociedad.
-¿Ni en el uso formal administrativo?
– Es algo que no se hace porque ahora, por ejemplo, las únicas lenguas que se certifican son el quechua o el aimara para trabajar como funcionario público. Pero se les da un cartoncito de, supuestamente, un nivel básico. Y este no supone que realmente puedan comunicarse y, por lo tanto, puedan interactuar con personas que llegan, con sólo esa lengua, a realizar una serie de trámites o reciben servicios del Estado, como educación, salud, etc. Por lo tanto, el Estado no está cumpliendo en los hechos esa obligación que se le ha delegado en la Constitución al oficializar las lenguas.
La verdad no hay decisiones políticas y la situación de los pueblos indígenas, sobre todo de tierras bajas, es de total indefensión. A título de Estado Plurinacional, de defensores de los derechos indígenas, de la Madre Tierra, se los está eliminando. Aquí está en curso un proceso de etnocidio, de la mano del ecocidio, por supuesto.