Lo que vive Bolivia es una verdadera tragedia. Primero está la maldita cocaína, en Alemania, EEUU, España, Argentina la autoridad policial y de lucha contra el narcotráfico encuentran cocaína proveniente de Bolivia. Vergüenza internacional, se ratifica o diríamos, se grita el fracaso del narco control. Si abrimos los diarios es para contemplar esta espantosa realidad. La droga asesina se esparce por el mundo entero desde tres fuentes, hoy la primera, Bolivia, Colombia, Perú, a tiempo que su policía ha perdido la confianza, la llamada Interpol (Policía Internacional) ya no confía en la nuestra, los verdes han perdido la credibilidad y hoy en día, las operaciones antinarco no hacen participar a la Policía Boliviana, tampoco los organismos de inteligencia sea asoman por igual motivo y esto es desgraciado.
Luego está el crimen, a contar del espectacular asesinado del funcionario Colodro en Santa Cruz, se han estado dando otros crímenes de un hijo a su madre, de una madre al hijo, entre hermanos y entre parejas, generalmente de uniformados que horrorizan y nos dejan estupefactos, atónicos que nos resistimos a seguir los detalles. Luego está el encarcelamiento y la tortura de presos políticos como Jeanine Añez, de Fernando Camacho, de Marco Pumari, de Amparo Carvajal, de N. Apaza y otros, a los que la Policía permite denigrar, causar padecimiento, deja sin protección o más si se quiere proteger a los violadores de los DDHH de los detenidos.
Al narco, al crimen, sucede la crisis de la economía, la desaparición del dólar restringido a 200 por semana para las empresas, lo cual es ridículo y los anuncios que la moneda china «el yuan» está ya disponible para las transacciones de los importadores, el abandono de grandes sectores que se las tendrán que arreglar solos en sus conflictos contra otros sectores, la autoridad local, o sus propios trabajadores. Las quejas de periodistas que han sido agredidos, ultrajados, despojados de sus instrumentos de trabajo en los escenarios noticiosos, de los insultos y la agresión física han pasado al robo de sus cámaras o grabadoras. Inaudito.
Por si fuera poco, la libertad de expresión y de información está restringida, el periodista actúa con temor limitado por cientos de agresores que sí gozan de resguardo policial, en suma, no gozan de garantía en el desempeño de su labor profesional de informar y documentar. Todo esto ocurre ante la politización extrema de la labor parlamentaria tan venida a menos, donde se persigue al opositor y se premia a los que respalda directamente al oficialista.
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¡Qué hacer Oh Dios! ¿Ante este panorama de inseguridad, de desolación, de falta de protección al ciudadano común? No es raro que cientos de bolivianos estén abandonando la Patria, lo que no resulta siendo lo mejor. No lo fue en Cuba, ni en Venezuela, ni mucho menos en Nicaragua.
