Vivencia existencialista con Francisco


 

¡Oh maravilla! Oh portento!, este de Internet. Logra transportarnos a un mundo de fantasía, nos permite estar a miles de kilómetros del escenario que nos interesa y nos permite captar al oído las palabras de oro, dichas a sotto voce inclusive del ser extraordinario que es Jefe de la Cristiandad hoy en día.



Me refiero a los intensos días que desde Lisboa llevó su voz y su imagen a incontables millones de seres, a los cristianos del mundo entero y en el marco de jóvenes de medio centenar de naciones que le cobijaron, logró captar nuestra atención y sometió nuestro ser a su palabra y al espléndido escenario del culto católico, los ornamentos, los gestos y las bendiciones del Santo Padre.

No me voy a detener en la periferia, voy a intentar hacerme eco de las preguntas existenciales que nos ha venido planteando. Francisco nos ha hecho examinar nuestra existencia y nos ha planteado cuestiones profundas que tienen que ver con nuestro interior, nuestro verdadero ser, una vida que es únicamente nuestra, de cada uno de quienes hemos seguido su palabra.

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Pasajes íntimos que nos han puesto al lado del Obispo de Roma preguntándonos cuán cerca y cuán sincera es nuestra proximidad con Cristo, si de veras nos presentamos ante ÉL, como somos, «sin maquillaje», sin velo ni vestidura que nos cambie ante la crudeza de nuestras acciones y pensamientos. No lo ha dicho, pero Francisco nos ha pedido una confesión que desnude nuestro auténtico «yo», sin obstáculo posible, sin engaños.

Aquel mensaje del amor de Cristo a «todos sin excepción, sin discriminación, sin privilegio, sin miedo» nos ha llevado a una reflexión tremenda de toda nuestra vida, porque   Cristo, nos ha llamado por nuestro nombre, de forma tan directa y llana que como Francisco de Asís, despojados de todo, absolutamente de toda vestimenta o disfraz, hemos soportado su mirada y le hemos pedido perdón por todos nuestros pecados, aún los más recónditos y olvidados.

¡Sí Señor Dios mío! Francisco con sus reflexiones, sin ser los jóvenes que lo han rodeado estos cinco días en Portugal, nos hemos arrodillado en la tierra, en el pasto, en la piedra con el único apoyo de nuestra Fe. Hemos visto en triple dimensión nuestra vida, a nuestros padres siendo niños… nuestro bautismo, la eucaristía, el fin de los estudios, nuestra unión, los hijos, nuestro itinerario de vida, porque habiendo nacido en Potosí, ahora vivo en Escandinavia, porque de ser único y sólo hoy tengo 6 hijos, 11 nietos, 4 bisnietos y un entorno familiar de casi 40 personas… porque de los sagrarios que escucharon mi plegaria en San Roque, San Francisco, donde las Misioneras de la Iglesia, he ido recorriendo de Potosí a Sucre, a La Paz, a Siglo XX, a Cochabamba, Buenos Aires, Estocolmo, Madrid y Gotemburgo… porque Señor y lo más curioso, nunca resistí una orden tuya, he sido siempre obediente a tu Providencia, ¡qué gracia tan grande, Oh! ¡Mi Dios! Dejarme llevar de tu Providencia… estar orgulloso de haber oído tu voz… escuchado a María tu Madre y Madre mía, al perder la mía propia entre los 5 y 6 añitos de vida.

Reflexión profunda, los misterios insondables de tu mandato, ¿por qué? Y las respuestas no llegan, no son claras, aunque sí es clara tu Misericordia, tu Amor por este tu siervo que sigue repitiendo con Francisco… ¡Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre… venga a NOS tu reino y hágase tu voluntad… hasta cuando nos llames al Tribunal donde tendremos las respuestas a todo este viaje… al peregrinaje que no concluye… y ya van 85 años de misterio, en los que jamás me faltó tu presencia, cargada siempre de Amor y de Esperanza!

Mauricio Aira