Aunque las autoridades afirmen lo contrario, el auge de la producción de hojas de coca orientada hacia el narcotráfico prosigue su marcha expansiva. Cifras destacadas por varios organismos de reputada solvencia así lo demuestran. Esto crea sombras adversas a Bolivia en la comunidad internacional, como ya se ha manifestado en varias instancias.
La posición ‘sui géneris’ del presidente Evo Morales -que al mismo tiempo de ser jefe del Estado sigue como presidente de las federaciones de productores cocaleros del trópico cochabambino- crea situaciones inverosímiles y de dudosa eficacia, por el natural conflicto de intereses entre ambas tan disímiles funciones. A ello se agrega una cadena de tira y afloja, como también presiones de un lado y del otro. Como resultado final -e inclusive más allá de lo previsto por el Gobierno-, los cultivos siguen creciendo explícitamente. Su ámbito se expande ahora hacia áreas protegidas y parques nacionales. En Isiboro Sécure los cocaleros ‘colonizadores’ han entrado en colisión directa con los indígenas del lugar, teniendo que lamentarse muerte y violencia, amén de otros desmanes.
La situación sigue confusa y aunque el tema puntual se solucione, la bomba de tiempo continuará funcionando. Tal como lo dijo recientemente el viceministro de Defensa Social, urge que se cuantifique la cantidad exacta del volumen de hojas de coca para consumo tradicional y usos legítimos, a fin de eliminar drásticamente todo el excedente. Eso s’i, debe considerarse que muchos campesinos cultivan coca no por que les guste o sean narcotraficantes, sino sencillamente por ser el cultivo más rentable y además no disponen de otros medios de vida. Por tanto, hay que procurar una salida económica para toda esta gente y que tiene que ser de largo plazo, a fin de evitar la recaída en las redes de quienes producen coca únicamente para generar, a partir de allí, la dañina cocaína.
=> Recibir por Whatsapp las noticias destacadas
El presidente Morales y sus colaboradores directos en este asunto saben exactamente lo que hay que hacer. Resta que lo hagan. El resto de los bolivianos y bolivianas, sumando a la comunidad internacional que mira expectante, queda a la espera de soluciones concretas. De no darse estas soluciones pronto, el camino hacia un “narcoestado” podría estar sellado, con las trágicas consecuencias que ello acarrearía para todo el país.