Nuestro país atraviesa un momento que trasciende la coyuntura. En distintos espacios del diálogo político y económico regional, foros multilaterales, encuentros parlamentarios y reuniones con actores públicos y privados, se repite una misma percepción: el país está siendo observado con nuevos ojos. Existe atención, expectativa y una lectura compartida de que se abre una oportunidad que puede marcar un punto de inflexión, siempre que se actúe con visión y profundidad.
La semana pasada participé en espacios centrales del intercambio regional: el Foro Económico de la CAF, un encuentro del Parlamento de las Américas, la primera sesión oficial en el Parlamento Andino, además de reuniones con empresarios y autoridades de distintos países. Contextos diversos, agendas distintas y miradas plurales; sin embargo, en todos ellos emergió una coincidencia política clara: Bolivia está siendo percibida de una manera distinta.
No se trata de un relato construido hacia adentro ni de una apreciación circunstancial. Es una percepción externa, formulada por actores que analizan la región desde criterios de estabilidad, previsibilidad, confianza institucional y proyección económica. Se reconoce un cambio en el clima político e institucional del país y una expectativa compartida de que Bolivia puede avanzar hacia una etapa mejor si las decisiones que se adopten responden a la magnitud del momento histórico que vivimos.
Este reconocimiento es relevante y, al mismo tiempo, exigente. Las oportunidades no se sostienen por inercia. La confianza se construye con señales claras, con reformas bien orientadas y con una visión estratégica que piense el desarrollo del país más allá del corto plazo. Hoy existe atención y disposición a acompañar un proceso de transformación sostenible, lo que implica una alta responsabilidad política e institucional.
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Este momento interpela especialmente a quienes ejercemos responsabilidades públicas. La política, entendida como herramienta de transformación, debe estar a la altura de las circunstancias, priorizando acuerdos, fortaleciendo instituciones y generando condiciones que permitan convertir expectativas en resultados concretos. La oportunidad no es abstracta: se expresa en inversión, cooperación, integración regional y mayor previsibilidad para el desarrollo.
En una de esas conversaciones, un colega parlamentario resumió el desafío con una frase tan simple como profunda: “el abismo se cruza de un solo salto”. No alude a improvisación ni a apresuramiento, sino a claridad de rumbo. Los procesos de cambio reales no se consolidan con ajustes marginales ni con soluciones parciales, sino con decisiones profundas, coherentes y asumidas con responsabilidad.
Bolivia atraviesa una ventana de oportunidad singular. El contexto regional y la mirada internacional así lo confirman. Aprovechar este tiempo exige compromiso y determinación para consolidar un cambio de visión, fortalecer la institucionalidad democrática y generar condiciones sostenibles de estabilidad y crecimiento. La señal externa está dada. El momento es ahora, y el salto debe ser firme y consciente por el desafío histórico que tenemos por delante.
Ese es el reto político del momento y es nuestra responsabilidad estar a la altura de la oportunidad que hoy tiene Bolivia.
Mario Herrera Sánchez
Parlamentario Supraestatal
