El periodista debe tomar distancia


​​En tiempos electorales, la gente aprovecha para descargar sus enojos, malestares y cuestionamientos, no solo contra los candidatos ni contra los gobernantes de turno. Este espacio es también aprovechado para lanzar dudas y serios cuestionamientos a la labor de los periodistas; no de la prensa en su conjunto, sino de determinados profesionales que, desde hace algunos años, han tomado una decisión: estar al lado y apoyar todo lo que haga el gobierno de turno, o estar al frente denunciando cada una de sus leyes y medidas, descubriendo actos ilegales que rayan en la corrupción.

​El desarrollo permanente y masivo de las redes sociales, canalizadas para programas periodísticos, sin duda ha democratizado y amplificado la información. Claro que el reto es mucho mayor, porque las redes impulsan a cometer errores, falsedades y una enorme manipulación, poniendo en entredicho el ejercicio del periodismo.



Mucha gente confunde, o da por sentado, que un influencer o un “tiktokero” hace periodismo, y que lo que diga o haga es verdad absoluta. Ellos no son periodistas: solo buscan ganar dinero y miles de “me gusta”. Pero, a la vez, ciertos periodistas entran en este juego para maquillar su apoyo político a determinado candidato.

​Para todos aquellos que han usado el periodismo como instrumento para presionar y obtener contratos publicitarios con el Estado —a costa de no ejercer una labor de fiscalización y de ser solo voceros de lo que diga cualquier funcionario—, van estas reflexiones desde los principios fundamentales del periodismo que enseñan en las universidades: ética, veracidad, imparcialidad, servicio al pueblo (no al poder) y un alto compromiso con la verdad y la libertad de expresión.

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​¿Cuál es la función del periodista en democracia durante los procesos electorales? Hay muchas, pero una es de vital importancia: formar políticamente a sus lectores, televidentes o seguidores. Ojo: formarlos políticamente no significa que el medio direccione la información o ingrese en la lucha partidista para sacar tajadas económicas o manipular la votación.

​Formar políticamente a la ciudadanía es fortalecer el sentido crítico de las personas mediante información de calidad, para que así la gente asuma una postura inteligente. Es decir, que tenga la capacidad de ser protagonista de todo proceso electoral, mucho más ahora rumbo al 22 de marzo. El ejercicio de los derechos políticos no solo pasa por encerrarse en una urna y emitir un voto; abarca también el derecho a ser elegido, a pedir cuentas a las autoridades y a expresarse libremente.

​El periodista colombiano Javier Darío Restrepo planteaba en uno de sus libros que “la tarea del periodista es llegar a las personas y enseñarles a hacer una elección política no por razones sentimentales o emocionales, sino por razones inteligentes”.

Ojo, el periodista, al trabajar con la información, tiene un poderoso instrumento en sus manos. Como decía Gabriel García Márquez, esa información puede ayudar a construir o destruir algo cada día, y se debe ser consciente de su potencial educativo.

Si un candidato anuncia educación para todos los niños, el periodista debe investigar: ¿Cuántos niños hay en Bolivia? ¿Cuántos están en las escuelas? ¿Cuál es el déficit de material y los niveles de deserción? Así, el público entenderá que no se trata de promesas al aire, sino de propuestas viables.

​En esta dinámica se impone una premisa que es la esencia del buen periodismo: no se debe tomar partido por el poder. Hay que tomar partido por la gente. Esto implica que el periodista debe mantener una distancia clara en su cobertura diaria.

​Restrepo remata: “Tomar distancia. Esta es una regla severa (…). Poner distancia significa mantener bajo control sentimientos, intereses, presiones, influencias y prejuicios para obedecer el mandato del hecho”.

​Pues bien, estimados compañeros: o servís de rodillas al poder, o tu fortaleza es la verdad y el pueblo.

Hernán Cabrera es periodista.