¿Qué es la cordura/ juicio/sensatez?


 

 



Ronald Palacios Castrillo,M.D.,PhD

 

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Tu hijo olvida llamarte en tu cumpleaños. El teléfono permanece en silencio todo el día. Lo compruebas repetidamente. Nada. Al llegar la tarde, te sientes herido, enfadado, y comienzas a construir narrativas elaboradas sobre lo que esto significa. No te valoran. Has fracasado como progenitor. La relación está dañada de formas que no habías advertido.

A la mañana siguiente te llama, mortificado. Su teléfono se quedó sin batería en el trabajo y no se dio cuenta hasta tarde. Había estado planeando llamarte todo el día.

¿Qué cambió entre la tarde y la mañana? El hecho en sí permaneció idéntico: no te llamó en tu cumpleaños. Tu sufrimiento se disolvió de manera instantánea y completa. Pero si el hecho causó tu sufrimiento, y el hecho no cambió, ¿dónde residía realmente ese sufrimiento?

Los estoicos ofrecen una respuesta contundente: residía enteramente en tu juicio/sensatez acerca de lo que significaba la llamada perdida. El hecho era neutro. Tu interpretación lo convirtió en doloroso. Y sufriste un día entero a causa de una interpretación que construiste en segundos y que nunca cuestionaste hasta que nueva información te obligó a revisarla.

Esto puede sonar casi insultante. No estabas inventando cosas. Respondías de manera razonable a la información de que disponías. Alguien que te quiere debería recordar tu cumpleaños. Cuando no llama, eso señala algo. Estabas leyendo la señal, no inventándola.

¿Pero realmente era así? ¿Qué señal existía en realidad? Un teléfono que no sonó. Todo lo demás era significado que añadiste con tanta rapidez que pareció percepción directa. La señal no contenía información alguna sobre la intención, sobre el valor, sobre tu relación. Tú suministraste todo eso. Luego experimentaste tus propias adiciones como si fueran mensajes que el hecho te enviaba.

Esto es precisamente lo que los estoicos entendían por juicio (en griego, hypolêpsis o doxa, en el sentido estoico). No se trata solo de opiniones evidentes o evaluaciones conscientes, sino de la corriente constante de interpretación que agregas a la experiencia cruda sin percatarte de que estás agregando nada. El significado que parece ya presente en los hechos, ya incorporado en lo ocurrido, cuando en realidad es algo que estás creando y proyectando con tal rapidez que la percepción y la interpretación se funden en una sola experiencia.

Si pudieras discernir la frontera entre lo que ocurre y lo que piensas que significa, podrías examinar si tus interpretaciones te sirven o no. Pero esa frontera es casi invisible. El significado llega ya adherido a los hechos. No experimentas «el teléfono no sonó» seguido de un momento separado en el que decides qué significa. Experimentas «ser olvidado», «ser devaluado», «daño en la relación». La interpretación y el hecho parecen una sola cosa.

Séneca comparó esto con la forma en que experimentamos nuestros propios pensamientos. No advertimos la formación del pensamiento. Notamos pensamientos ya formados que aparecen en la conciencia como si surgieran de la nada. Para cuando eres consciente de estar pensando algo, el pensamiento ya ha ocurrido. De igual modo, para cuando eres consciente del significado de un hecho, ya lo has interpretado. El juicio ya se ha producido. Estás experimentando su resultado, no su proceso de formación.

Esto hace que los juicios sean casi imposibles de captar. Siempre llegas después de que se hayan formado, experimentando su producto, no su génesis. Para trabajar con el juicio, sería necesario observar de algún modo la interpretación mientras ocurre, captar el significado en el acto mismo de su creación. Pero la conciencia parece carecer de esa capacidad. Experimentamos resultados, no la formación.