El Problema de Gilgamesh: La advertencia milenaria contra el poder absoluto


 

 



¿Es posible controlar el poder o estamos condenados a repetir las prácticas no democráticas del pasado?

Desde la epopeya mesopotámica más antigua del mundo, pasando por la teoría de frenos y contrapesos de Montesquieu, hasta los aportes teóricos de los Premios Nobel de Economía en 2024, la historia nos recuerda una verdad incómoda: cuando los contrapesos institucionales fallan, la libertad se evapora, la democracia se debilita y todo proceso político y económico tiende al fracaso.

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La Epopeya de Gilgamesh es el relato más antiguo de la humanidad. Escrita en tablillas de arcilla en idioma acadio, nos plantea una interrogante fundamental: ¿quién era realmente Gilgamesh y qué lecciones políticas pueden rescatarse de su historia?

Él fue rey de la ciudad mesopotámica de Uruk, un centro donde prosperaban el comercio y los servicios. Sin embargo, existía un grave problema: su forma de gobernar. El relato describe su tiranía de forma cruda:

“La ciudad es su predio, pasea su arrogancia por ella, la frente altiva, pisotea a sus habitantes como un toro salvaje. Es el rey, aquello que desea lo hace, al padre arrebata su hijo para aplastarlo, a la madre su hija para hacerla suya, a la hija del guerrero, a la novia del joven las hace también suyas, nadie osa enfrentársele”.

Ante esto, el pueblo de Uruk clamó al cielo: “Padre celestial, Gilgamesh ha sobrepasado todos los límites. El pueblo sufre su tiranía (…) ¿es así como quieres que gobierne tu rey? Haz algo”. Los dioses escucharon y crearon a Enkidu, un ser diseñado para ser su equilibrio y contrapeso perfecto, con el fin de que Uruk alcanzara la paz. La presencia de Enkidu debía limitar el comportamiento tiránico del monarca.

Este escenario —la necesidad de controlar la autoridad de un Estado para obtener sus beneficios sin sufrir sus abusos— es lo que los economistas Daron Acemoglu y James Robinson denominan el “Problema de Gilgamesh”. En esta metáfora, el rey representa el poder concentrado, mientras que Enkidu simboliza el contrapeso necesario.

Sin embargo, la historia da un giro inesperado. Ambos “hombres fuertes” se encontraron cuando Gilgamesh intentaba ejercer el “derecho de pernada” con una novia recién casada. Enkidu se enfrentó a él para evitar el acto y lucharon ferozmente. No obstante, en lugar de establecer un límite al poder, al reconocer la fuerza mutua que poseían, terminaron haciéndose amigos y confabulando juntos.

La epopeya nos deja una lección política temprana: los controles y contrapesos establecidos “desde arriba” o por intervención externa a menudo fallan si los actores deciden aliarse en contra del pueblo.

De Mesopotamia a Montesquieu

Esta obra es un primer acercamiento a lo que siglos después plantearía Montesquieu, uno de los padres del liberalismo político, en su obra “Del espíritu de las leyes”, donde la garantía de la libertad se da por medio de la separación de poderes. En las sociedades modernas, el contrapeso no proviene de un individuo salvaje, sino de un diseño institucional basado en la división de funciones del Estado: Ejecutivo, Legislativo, Judicial y, en ciertos sistemas, el Electoral. En este esquema, el Legislativo actúa como el vínculo esencial entre gobernantes y ciudadanos.

¿Por qué es vital que estos poderes sean independientes? Porque si una institución concentra todas las facultades, la democracia degenera inevitablemente. Cada poder debe poseer herramientas para equilibrar a los otros, además de mecanismos de control y coordinación que fortalezcan el régimen en lugar de debilitarlo.

El costo de la debilidad institucional

El “Problema de Gilgamesh” es un aspecto fundamental para entender el éxito o el fracaso económico de las naciones. Como señalan Acemoglu y Robinson, cuando el poder se concentra y los contrapesos fallan, las instituciones se vuelven extractivas: dejan de servir al bienestar general para capturar rentas en favor de una élite, dejando al ciudadano desprotegido.

En la actualidad, dadas las circunstancias políticas donde impera la incongruencia —donde “se hace lo que no se dice y se dice lo que no se hace”—, la democracia se debilita. Cuando las reformas se imponen sin debate y por decreto; cuando la representación parlamentaria se reduce y se vacía de contenido; y cuando la población no tiene un peso real en las políticas, se genera una desconfianza y un resentimiento que nos acercan peligrosamente a prácticas no democráticas.

Esto reduce el proceso político a un mero acto electoral. El poder se concentra y la economía se gestiona de manera ineficiente, pues la política termina siendo la expresión de la economía condensada. Una vez debilitada la institucionalidad, cualquier reforma económica ineficiente corre el riesgo de convertirse en un peligroso desestabilizador político.

Una democracia que se reduce únicamente al acto de votar, ignorando el control diario del poder, es una democracia en cuidados intensivos. Al final, la lección de Gilgamesh es clara: el poder sin límites no construye civilizaciones; las consume.

 

 

 

Gilgamesh (2020). (Trad. J. Alonzo López). Alianza Editorial.

Acemoglu, D., y Robinson, J. A. (2019). El pasillo estrecho: Estados, sociedades y cómo alcanzar la libertad. Deusto.

 

Josabat Chávez García

Economista y politólogo