Bolivia y su deuda histórica


 

Escuché con atención el programa “Diálogos al Café” que dirige Roberto Laserna difundido en redes sociales el 20 de marzo de 2026, dedicado a la problemática de la persecución política en Bolivia y sus mecanismos de solución. Los panelistas presentes fueron Carlos Alarcón, Guido Áñez y Mario Cossío. Bajo la moderación de Erika Brockmann, su desarrollo reflexionó aspectos del proyecto de ley del diputado Alarcón relativo a la Revisión de Procesos Penales Viciados por Persecución Política, que contiene, según mi óptica, una notable exposición de motivos y anexos. Pero el análisis de “Diálogos al Café” fue más allá.



Mario Cossío, reflexionó, con mucho tino, que la deuda histórica del gobierno actual sólo se entiende en la necesidad de desmantelar las estructuras autoritarias y por qué no llamar totalitarias del Movimiento al Socialismo (MAS), que todavía se hallan enquistadas en el poder. A su vez, planteó el imperativo de una reparación integral a las víctimas de lo que a su juicio y el de otros, fue un verdadero terrorismo judicial.

Walter Guevara, por su parte, apuntaló la importancia de crear una Comisión de la Verdad al igual que en Sudáfrica en la época posterior al apartheid, y complementar la iniciativa legislativa con una ineludible reforma constitucional; aspecto que contribuiría, en palabras de Laserna, a anular leyes hecha a gusto y antojo del régimen masista, y sustituir el todavía oprobioso poder judicial.

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Guido Áñez planteó que es necesario volver a una libertad plena, a tiempo de recordar cómo los regímenes sucesivos del monstruo grotescamente iliberal del MAS, sustituyó los fusiles por leyes y jueces infames.

La deuda histórica del gobierno de Rodrigo Paz, es, sin duda, acabar con toda forma de autoritarismo, y dar señales claras de reparación a las víctimas. No se trata de un cambio legislativo; sino de poner reverso una realidad brutalmente inhumana, y que echa raíces en su vida misma como hijo del destierro junto a su padre, Jaime Paz Zamora.

Veremos los siguientes días – o quizás meses – si el perfil de la administración de Paz Pereira se halla entroncada con los principios de la democracia en su sentido más cabal; o si por el contrario, hay ya una insensibilidad manifiesta en esta materia.

 

 

Por Mauricio Ochoa Urioste

El autor es abogado.