Los aires triunfalistas del MAS provocan hervores de soberbia intolerables. Los candidatos oficialistas han dicho que no van a debatir con los opositores, a quienes consideran indignos de ponerse frente a ellos a discutir planes y proyectos de gobierno. La tremenda “dignidad” oficialista; sin embargo, no alcanza para eludir también la violencia electoral. En Santa Cruz se están armando de toda clase de sabandijas para responder “adecuadamente” a los abucheos y actitudes de rechazo a los vecinos. En Cochabamba, donde juegan de locales, no sólo actúan de atacantes, sino que se valen de funcionarios de alto rango, como el viceministro de Defensa Civil, Hernán Tuco para despejar el camino a patadas. Una de las últimas víctimas fue un niño de apenas cinco años que resultó con serias heridas en la pierna. “Papá no dejes que me maten”, le gritaba Joan Sebastián Molina a su padre cuando la caravana masista agredía a los seguidores de Manfred Reyes Villa, cuya hija también fue agredida por grupos del MAS. No hay debate pero sobran los golpes. Así cualquiera entiende.
Bajo el Penoco – El Día