Es imposible quedar pasivo ante la criminalidad en acción que pretende interrumpir el gobierno constitucional para restituir el estado anterior. Están desplegando todas sus armas por tierra y aire, medrando de la pobreza del pueblo humilde indígena-campesino que ese régimen contribuyó en perpetuar.
Que nada nos lleve a engaño, el objetivo primero y último bajo el disfraz de reivindicaciones, es garantizar su dominio en este territorio nodal para llevar narcóticos al mundo por ambos océanos y seguir blindados en su inmunidad, gracias a una estrategia transnacional que con su dinero saca y pone gobiernos incondicionales.
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No hace falta abundar aquí en la devastación ocurrida durante 20 años, baste la consciencia de que si triunfan el país desaparecerá para convertirse en un territorio despedazado por las partes en competencia, donde los evos grandes y chicos, voluntarios o involuntarios solo podrán ser sus sirvientes, y nuestros hijos tendrán que escapar Dios sabe a dónde para librarse de la persecución o la prisión. Así de grande y feroz es el monstruo que por detrás está moviendo los hilos de esta desigual cuasi-guerra.
Alguien escribió recién que ‘vivimos en un narco-estado
penetrado en el aparato gubernamental y sus instituciones y desarmarlo será de larga lucha’
Y esto tenemos que asumirlo, aunque nos duela y nos cueste creerlo, porque necesitamos defendernos, necesitamos derrotarlos, no solo ahora en los bloqueos sino en cada espacio donde están incrustados.
Para ello, debemos dejar de mirar el árbol para poder mirar el bosque, necesitamos erradicar de nuestra conducta todo atisbo de divisionismo que pueda expresarse en discriminar, insultar o atacar al otro por razón alguna, excepto al narco, al delincuente, al corrupto y al violento que incita al odio y la muerte.
La unidad a construir debe ser alrededor del Estado de derecho, del esfuerzo del trabajador del campo y las ciudades y por cierto del desarrollo de una acción educacional de ciudadanía en cada uno de los días y de nuestros espacios. Debemos, en suma, seducir para atraer hacia la vida honesta a los conciudadanos que hoy por ignorancia, por fanatismo o por dinero están siendo manipulados para delinquir contra su propio pueblo.
Esta unidad no puede significar de ningún modo, la aceptación de omisiones y errores cometidos por nuestras autoridades, debe ser el ojo crítico que los señala con asertividad, pero también comprende y respalda los esfuerzos que se desplieguen en favor de los bolivianos. Tampoco cerrar los ojos ante los excesos de personas y grupos que solo velan por sus intereses particulares, a los que hay que descubrir, controlar y censurar, exigiéndoles que cumplan la ley y el compromiso socioeconómico que le deben al país que les da la oportunidad de ser y de crecer.
Es arduo el trabajo por delante, lo de estos días es uno de los obstáculos a sortear mientras construimos, de los que seguirán habiendo muchos porque como en la selva la bestia herida es la más peligrosa. Pero pongámonos ya a trabajar para poner a salvo nuestro hogar.
Norah Soruco Barba, ex parlamentaria
