Drogas y alcohol circulan en el interior dl recinto de máxima seguridad. Chonchocoro no reúne las características de un penal de máxima seguridad. Los reos denuncian que desde 1995 entran armas, alcohol y drogas en Chonchocoro.
(cárcel de Chonchocoro, archivo)
La Prensa. Desde 1992, cuando se inauguró el penal de máxima seguridad de Chonchocoro, 15 personas murieron en circunstancias violentas o se suicidaron. Según los reos, en su interior circulan armas y hay ajustes de cuentas.
Este centro carcelario, que tiene capacidad para albergar 150 personas, comenzó a construirse en 1987 y se entregó en 1992. Está destinado a albergar a los delincuentes de mayor peligrosidad y sobre quienes pesan condenas ejecutoriadas por delitos graves.
Ciento cincuenta efectivos de la Policía Nacional son responsables de controlar a los aproximadamente cien internos recluidos en ese centro.
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Un ex reo de esa prisión altiplánica lamentó que sólo uno de los 15 decesos causados por violencia y aun armas de fuego hubiera concluido con sentencia.
William Pérez Azogue, alias “Gringo Azogue”, asesinó en 2000 a Mauricio Suárez, el “Chichuriru”, en una celda y fue condenado a 20 años de presidio, pero como ya cumplía una pena de 30 años, purga simultáneamente ambas sentencias.
“Aquí adentro la vida de los internos no tiene valor. Desde el momento en el que la ley no suma las condenas, para cualquiera de nosotros matar no nos atemoriza. Si tenemos la máxima condena, no se nos sumará un día más de presidio”.
Las palabras son de uno de los sentenciados a 30 años sin derecho a indulto. “Dormimos envueltos en un manto de miedo”.
Freddy, otro interno, refirió que hasta 1994 estaba prohibido el ingreso de objetos metálicos y peligrosos, pero desde 1995 se ha experimentado un relajamiento general de los controles y se dio lugar al ingreso de armas, drogas y alcohol en el recinto.
“Antes, cuando Chonchocoro se inauguró, regía un estricto control. Todo se manejaba con horarios y nadie desobedecía las órdenes. Pero tres años después las reglas cambiaron y todo se flexibilizó. Hubo guardias que comprendieron que podrían ganar mucho dinero de esa manera”.
El familiar de uno de los internos, quien también pide el anonimato, asegura que la fórmula no ha cambiado y que hay efectivos de la Policía que, al no ser objeto de controles, llevan al interior armas, balas, puñales, dagas y teléfonos celulares.
Esta persona apuntó que “César Llusco fue asesinado con armas punzocortantes y el disparo de arma de fuego. Lo agarraron en la puerta de su celda y lo asesinaron a sangre fría frente a toda la población penal”.
Pese a que se logró identificar a los autores materiales del hecho, los guardianes no tomaron medidas y dejaron las investigaciones en manos de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen (FELCC) de El Alto.
Hay muchas versiones sobre esta muerte, ninguna confirmada.
La situación en ese reclusorio empeoró en los últimos años, pues el control policial no es tan estricto como hace 15 años.
Carlos es otro de los habitantes de esta cárcel situada en el municipio de Viacha. Se lamenta: “El sistema es perverso, en las cárceles todos están presos, los que delinquieron y los que nos custodian. Y ambos nos tememos”.
Franklin, quien recuperó su libertad hace tres meses, confesó que cada privado de libertad “está horas y horas, que suman días, semanas y meses sin tener nada que hacer. Sólo pensar, penar y rezar para no ser acuchillado una noche cualquiera”.
Los cien “inquilinos” del penal altiplánico están divididos en tres pabellones, cada uno de los cuales tiene sus representantes. En el pabellón C están los más peligrosos, los asesinos o los asaltantes de bancos, que en la jerarquía delincuencial son los más respetados.
En el pabellón B se hallan recluidos ladrones, atracadores y asaltantes de menor monta.
En el pabellón A están los menos agresivos con la población penal: los violadores, los secuestradores y acusados de delitos de índole política.
Cada área tiene su delegado. Para ocupar un pabellón menos violento hay que observar buena conducta, y para ganar puntos en este rubro hay que estudiar, trabajar o hacer terapia.
Historias de muerte y dolor
César Llusco Ibáñez, la víctima más reciente de la violencia interna del penal, murió el 28 de octubre con 16 puñaladas y un tiro en el hígado. Era el delegado del pabellón A. Tenía un frondoso prontuario criminal y purgaba, desde 2001, la máxima sentencia.
En diciembre de 2000, Mauricio Suárez Saucedo, un criminal cruceño de altísima peligrosidad, apareció muerto dentro de una celda compartida por varias personas en Chonchocoro. Nadie había visto nada, pero William Pérez Azogue confesó: “Al matar a ‘Chichuriru’ he salvado a la sociedad de una rata”.
Danilo Vargas Portugal, el “Fantasma”, murió el 1 de marzo de 2007, con tres tiros de un revólver, mientras se duchaba.
En septiembre de 2000, el reo Santos Jiménez fue contratado para matar a Alberto Abaroa Rubín de Celis, alias el “Petas”, acusado de robar automóviles y asesinar a cuatro uniformados.
Jiménez acogotó a Abaroa, a quien dio por muerto, pero éste sobrevivió. Después de esto, el agresor fue trasladado al penal de Palmasola, en Santa Cruz, de donde fugó y fue abatido en un enfrentamiento armado con efectivos de la institución del orden en la capital cruceña.
Lestat Claudius de Orleans, el estadounidense que hizo volar dos alojamientos en La Paz en marzo de 2006, se autoeliminó en abril de 2008 al ingerir fármacos.
¿Cómo es posible que en el interior de un penal de máxima seguridad haya tranquilizantes, armas blancas y un revólver?
El director nacional de Régimen Penitenciario, Jorge López Arenas, no quiso hablar sobre el tema. Se limitó a afirmar que en Bolivia sólo hay dos centros penitenciarios de máxima seguridad, el de Chonchocoro y el de Kantumarca, Potosí, que “están siendo atendidos como es debido”. Pese a la insistencia de La Prensa, la autoridad no quiso hacer más declaraciones.
Los privados de libertad sospechan de la Policía, pero los uniformados responsables de la seguridad de esa cárcel no quieren hablar. Dicen que necesitan un permiso especial, pero dos oficiales de alto rango, que solicitaron mantener sus identidades en reserva, revelan que Chonchocoro no cumple las normas mínimas de una cárcel de máxima seguridad y que su infraestructura es más frágil que la del panóptico de San Pedro, en La Paz.
Uno de ellos explica que “sólo sus torres le dan seguridad para evitar las fugas de los reos”.
Un dragoneante dice que hay malos funcionarios que “hacen algunas matufias”, lo que es difícil de probar, ya que ante cualquier intento por conocer la verdad éstos niegan todo o contratan sicarios para acallar a quienes quieren descubrirla.
Los policías se mantienen en el perímetro externo del penal. Sólo entran en el área donde vive la población en ocasiones especiales, como cuando se cometen asesinatos, motines, intentos de fuga o hechos de violencia.
En el perímetro interno, los reos imponen sus propias reglas de convivencia y procedimientos para que las actividades se lleven a cabo cotidianamente.
En países vecinos, una cárcel de máxima seguridad es aquella en la que los internos viven sometidos a un estricto régimen de disciplina, cumplen horarios, trabajan y desarrollan algunas actividades de tiempo libre, como deportes o lecturas.
Las puertas de las celdas son manejadas por mecanismos eléctricos, hay un toque de queda nocturno y, si bien hay violencia, el control es estricto.
La entrada de las visitas se controla con equipos de rayos X y detectores de metales, en tanto que los internos son visitados en salas separadas por vidrios a prueba de balas y hay intercomunicadores para dialogar. Los teléfonos celulares están prohibidos.
En Chonchocoro, los visitantes son revisados manualmente por los uniformados y no hay detectores de armas o metales.
Los bultos se revisan a mano y son olfateados por canes.
Pese a que está prohibido, hay reclusos que tienen celulares y se dan formas para comunicarse con el exterior del recinto.
Los internos trabajan o elaboran productos para venderlos y sustentarse a ellos y a sus familias, pero los que no tienen a quién mantener pueden holgazanear, pues reciben alimentación y no pagan por el uso de electricidad o agua en sus celdas.
A partir de las 22.00, en el recinto todos deben estar en sus celdas, pero según uno de los privados de libertad, desde ese momento, “todo puede pasar y es necesario cuidarse”.
17 muertes de reos en 17 años de funcionamiento
A falta de datos oficiales de la Dirección Nacional de Régimen Penitenciario, los reos de Chonchocoro aseguran que desde 1992, cuando el recinto carcelario fue inaugurado, se han registrado 17 muertes, dos de las cuales obedecieron a causas naturales.
De acuerdo con los privados de libertad, tres personas se suicidaron y 12 fueron asesinadas con arma de fuego. “Entre los asesinados están Ronald Monasterios, Omar Cassís y el brasileño Samir Alí Mustafá. Ángel Paredes también fue encontrado muerto; dijeron que se había suicidado, pero fue asesinado por un sicario”.
En esta lista de asesinados están también Mauricio Suárez, “Chichuriru”; Daniel Téllez y Danilo Vargas Portugal, el “Fantasma”, un abusivo que amenazaba a sus compañeros de pabellón con un cuchillo en el cuello, antes de que César Llusco fuese asesinado con 16 puñaladas y un tiro en el hígado. Macario Salvatierra fue otro de los muertos.
El estadounidense Lestat Claudius de Orleans y Montevideo, quien hizo volar dos alojamientos, se intoxicó con fármacos, pero los internos aseguran que agonizó unas cuatro horas sin que agente alguno hiciera algo para salvarle la vida.
5 motines y una frustrada fuga
Desde 1992, cuando comenzó a funcionar el penal de máxima seguridad de Chonchocoro, se produjeron cinco motines y un intento de fuga que la Policía logró controlar.
El primer motín y huelga de hambre se desarrolló en febrero de 1993 durante la gestión del gobernador Jorge Oroza, a quien tomaron como rehén junto con otros tres policías. Tras negociar infructuosamente, los internos decidieron incendiar el penal, incluyendo el taller de carpintería de bambú. Los instigadores, entre ellos el actual vicepresidente Álvaro García Linera, fueron reprimidos.
Según los reos, inicialmente el penal de Chonchocoro albergó a 28 personas, distribuidas en los pabellones de acuerdo con su grado delictivo y de peligro.
El 26 de enero de 2004, la Policía frustró el motín e intento de fuga más relevantes de la historia del penal. Los privados de libertad habían excavado un túnel y, según el Gobierno, pretendían usar explosivos. Unos 200 policías fuertemente armados —50 más de lo habitual— controlaron ese intento.
Tres reclusos fueron sorprendidos mientras, llenos de barro, cavaban en la tierra desde un depósito próximo a la carpintería del recinto. Tras sus primeras declaraciones, la Policía aisló a nueve reclusos sospechosos, entre ellos Francisco Cortés, Johnny Peralta y Alberto Abaroa Rubín de Celis.
Los tres aprehendidos en flagrancia fueron los atracadores peruanos Víctor Manuel Boggiano, William Morante y Edwin Castillo. La obra tenía un metro de altura y una profundidad de cuatro metros.
El motín más reciente data del 15 de abril. Los presos exigieron la renuncia del director departamental de Régimen Penitenciario, Edwin Guachalla, quien fue relevado del cargo.
Los datosLA CÁRCEL DE CHONCHOCORO está ubicada a unos 20 kilómetros de La Paz y es vigilada por 150 efectivos en dos turnos.
SUS MUROS son de hormigón pretensado y, por ser delgados, pueden ser volteados fácilmente.
LOS DELEGADOS DE SECCIÓN son Blas Valencia, Enrique Castro y Alberto Abaroa Rubín de Celis.
EL VICEPRESIDENTE Álvaro García Linera era el “mimado” de Chonchocoro. En cada visita su madre y su hermana le llevaban chocolates.
EN EL PABELLÓN A se “alojan” los reos que tienen ganas de rehabilitarse y estudiar; en el “B”, los violadores y otros; y en el pabellón C, los más peligrosos, asesinos y asaltantes.
LOS ARREPENTIDOS, para “matar el tiempo”, trabajan en los talleres o en sus celdas. Antonio Nacif era zapatero; Alcides Guardia, chamarrero y pantalonero; Carmelo Domínguez y Óscar Roca eran expertos en bambú.
EL EX CONSTITUYENTE Macario Tola era ayudante de Álvaro García Linera. En una reyerta la población quemó su colchón y otros utensilios.
LOS INTERNOS revelaron que preparan artesanalmente sus bebidas alcohólicas a base de frutas, miga de pan y agua.
LUIS ARCE GÓMEZ goza de popularidad entre la población penal. Dicen que les asegura a sus compañeros de prisión que nada tuvo que ver con el asesinato de Marcelo Quiroga Santa Cruz ni del sacerdote Luis Espinal.
EL EX REPRESOR juega ajedrez, mientras que el “General” Luis García Meza vive aislado en otro sector de la población, por temor a ser asesinado en el recinto penitenciario.
Algunos presos “famosos”
El ex presidente Luis García Meza y el ex ministro Luis Arce Gómez son los reos más famosos.
Otros represores detenidos son Tito Montaño Belzu, René Veizaga y Roberto Meleán.
Blas Valencia y sus cómplices Eladio Cruz, Elasio Peña y Oswaldo Lulleman son otros internos.
Johnny Peralta formó parte de las FAL-Zárate Willka. Cumple una condena de 30 años.
Orlando Suárez, alias “Cachupín”, y William Pérez Azogue llegaron desde Santa Cruz.
Rodrigo Frías se enfrentó con Danilo Vargas Portugal y estuvo a punto de ser asesinado.
Apuntes
Régimen Penitenciario no recibió denuncias por la entrada de armas o alcohol en el penal.
Los reos acusan a los uniformados de permitir el paso de armas y teléfonos al recinto.
Los policías no refutan las acusaciones porque no tienen autorización para declarar.