El sol del Altiplano: de la queja a la producción


 

Durante años hemos aprendido a mirar el Altiplano desde sus dificultades: la sequía, las heladas, las granizadas, los vientos y, ahora con mayor frecuencia, los efectos del cambio climático. Nos quejamos —con razón— de un clima que se vuelve cada vez más imprevisible. Pero hay algo que pocas veces hacemos: mirar aquello que tenemos en abundancia y tendríamos que preguntarnos: ¿cómo convertirlo en una oportunidad?



El Altiplano boliviano recibe una de las mayores cantidades de radiación solar del planeta, con niveles que en muchas zonas superan los 5 kilovatios-hora por metro cuadrado al día. Ese sol, que muchas veces consideramos simplemente parte del paisaje, puede convertirse en energía para bombear agua, alimentar sistemas de riego y producir alimentos. Algunas experiencias piloto impulsadas por la cooperación internacional, como las difundidas por Practical Action, demuestran que no estamos hablando de una idea futurista, sino de una posibilidad que ya está funcionando.

La combinación de energía solar y riego tecnificado puede ser especialmente importante para las comunidades rurales del Altiplano. Un panel solar no necesita combustible para generar electricidad y, una vez instalado, permite reducir considerablemente los costos de operación del sistema de bombeo. Esto abre la posibilidad de llevar agua desde pozos, reservorios o fuentes existentes hacia pequeñas parcelas donde se pueden producir hortalizas, forraje y otros alimentos. El asunto no es solamente cosechar más. Es también disminuir la vulnerabilidad de las familias campesinas frente a períodos cada vez más prolongados de falta de lluvia. Si el cambio climático está alterando nuestros ciclos agrícolas, la respuesta no puede limitarse a esperar que vuelva a llover. Necesitamos construir capacidad de adaptación, y el acceso al agua para producir, es una de las más importantes.

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Por eso estas experiencias piloto deberían dejar de ser solamente proyectos interesantes financiados por la cooperación internacional. Bolivia necesita convertirlas en una política de Estado, con una visión de 10, 15 o 20 años. No se trata de instalar algunos paneles solares y tomarnos una fotografía inaugurándolos. Se trata de diseñar un programa nacional de riego solar para el Altiplano, identificar comunidades y zonas con potencial productivo, capacitar a productores, incorporar asistencia técnica, mejorar semillas, promover invernaderos y establecer mecanismos de mantenimiento y reposición de los equipos. Los recursos necesarios no son insignificantes, pero tampoco estamos hablando de una obra gigantesca de infraestructura. Además, el financiamiento climático internacional busca precisamente apoyar acciones de adaptación, resiliencia, seguridad alimentaria y transición hacia energías limpias. ¿Por qué no presentar un gran programa boliviano que reúna estos objetivos?

 

El desafío, entonces, es dejar de pensar el Altiplano únicamente como una región que necesita ayuda y comenzar a verlo como un territorio con enormes posibilidades productivas. Tenemos sol, tenemos comunidades con conocimiento agrícola, tenemos tierras que pueden producir y tenemos tecnologías que hace algunos años eran demasiado caras y hoy son mucho más accesibles. Lo que falta es una decisión política sostenida. Un programa de largo alcance podría transformar progresivamente pequeñas parcelas de producción familiar, generar alimentos frescos, mejorar los ingresos rurales, reducir la dependencia de combustibles y fortalecer la seguridad alimentaria. Y, sobre todo, permitiría que la adaptación al cambio climático deje de ser un discurso repetido en los foros internacionales y se convierta en algo concreto: agua disponible para riego cuando la lluvia no llega y producción de más alimentos donde antes solamente veíamos limitaciones.

 

Quizás ya es hora de cambiar nuestra vieja costumbre de lamentarnos por todo lo que no tenemos. Mientras nos insultamos, discutimos y disminuimos permanentemente nuestra autoestima nacional basada en decir que Bolivia puede hacerlo todo, pero no hace nada, seguimos dejando pasar oportunidades concretas. El sol del Altiplano está ahí todos los días, gratis, esperando que hagamos algo con él. No necesitamos descubrirlo; necesitamos organizarnos para aprovecharlo. La propuesta es sencilla: más riego, más energía solar, más producción y una política de Estado que mire más allá del próximo gobierno. Menos discursos y más proyectos. Menos quejas y más adaptación.