Estados Unidos endureció su posición frente al Fondo Monetario Internacional (FMI) y reclamó mayores controles sobre los países que reciben sus préstamos, una evaluación más estricta de la sostenibilidad de la deuda y ajustes económicos para garantizar que los programas de asistencia cumplan sus objetivos. Al mismo tiempo, exigió que el organismo y el Banco Mundial reduzcan sus gastos administrativos y revisen sus prioridades para concentrar los recursos en sus funciones principales.
Los pedidos forman parte de una declaración que el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, difundió para las reuniones anuales del FMI y el Banco Mundial, que se realizan esta semana en Bangkok, Tailandia. El documento fija la posición de Washington sobre las reformas que deben implementar las instituciones financieras internacionales.
“Estados Unidos exigirá al FMI que traduzca estas reformas en una supervisión más rigurosa, préstamos más eficaces y una evaluación más sólida de la sostenibilidad de la deuda”, afirmó Bessent.
=> Recibir por Whatsapp las noticias destacadas
El funcionario sostuvo que, para cumplir con su mandato, el Fondo debe actuar como un “defensor inquebrantable de la verdad” a través de sus evaluaciones y exigir responsabilidades a los gobiernos que participan en programas respaldados por la institución.
La exigencia también alcanza a las autoridades que deben implementar ajustes macroeconómicos y reformas estructurales. Según Bessent, esos cambios pueden resultar dolorosos, pero son necesarios para corregir los desequilibrios y restablecer la viabilidad externa de las economías que necesitan asistencia financiera.
El reclamo por los gastos del FMI y el Banco Mundial
Otro de los puntos centrales de la declaración es el gasto de las propias instituciones. Bessent sostuvo que el FMI y el Banco Mundial son organismos financiados por los países contribuyentes y que sus presupuestos deben reflejar una agenda más acotada, enfocada en sus objetivos principales.
En particular, Estados Unidos reclamó congelar e incluso reducir los presupuestos y salarios de los directorios ejecutivos del FMI y del Banco Mundial, cuyo costo anual combinado supera los US$200 millones, según el documento.

Bessent cuestionó que estos directorios tengan costos generales y por integrante significativamente superiores a los de otras instituciones financieras internacionales. “Cada dólar innecesario gastado en los Directorios es un dólar que no puede utilizarse para reducir la pobreza, promover la estabilidad macroeconómica o fomentar el crecimiento”, sostuvo.
En paralelo, reclamó una supervisión más profunda de los desequilibrios globales y de las políticas económicas que distorsionan la competencia. Aunque no mencionó directamente a China en ese apartado, el planteo coincide con las críticas de Washington a las prácticas comerciales de la segunda economía mundial.
Bessent extendió sus reclamos al Banco Mundial, al que pidió concentrar sus recursos en la reducción de la pobreza, el crecimiento económico y la creación de empleo. Entre otras medidas, exigió que la institución retire gradualmente los préstamos a países que hace tiempo cumplen los criterios para dejar de recibir financiamiento.
En esta instancia, el documento sí menciona expresamente a China y Polonia, y considera que la eliminación gradual de los préstamos soberanos a ambos países representa un avance, aunque reconoce que el proceso se demoró considerablemente.
