Fuente: El DEBER
La victoria demócrata en las elecciones legislativas de Estados Unidos reconfiguró el escenario político y aceleró los movimientos de quienes aspiran a suceder a Donald Trump. El mandatario evitó confirmar su respaldo al vicepresidente JD Vance, mientras gobernadores, senadores y dirigentes de ambos partidos comenzaron a posicionarse para la próxima contienda por la Casa Blanca.
Aunque todavía continúa el escrutinio de los comicios de medio mandato, la pérdida del control del Congreso para los republicanos debilitó a los aliados de Trump y abrió una etapa de competencia interna en la que JD Vance, hasta ahora uno de los principales favoritos para representar al oficialismo, enfrenta nuevas incertidumbres.
Consultado en la Casa Blanca acerca de una eventual postulación de Vance, Trump respondió: “Veremos qué pasa. No sabemos quién se presentará. Hay mucha gente. Tal vez nadie lo haga. Tal vez él no se presente, no lo sé”. Tampoco confirmó que vaya a respaldarlo.
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Durante la campaña legislativa, Vance había manifestado que todavía no tenía una decisión tomada sobre sus aspiraciones, aunque confiaba en contar con el apoyo del presidente si resolvía competir. Sin embargo, ambos no habían mantenido conversaciones sobre esa posibilidad, según reconoció el mandatario.
La situación del vicepresidente quedó condicionada por el revés electoral y por el debate dentro del Partido Republicano sobre las consecuencias de las decisiones de la administración. Vance publicó un mensaje en el que atribuyó las pérdidas a la guerra contra Irán y cuestionó el costo político de esa estrategia.
“La razón por la que perdimos es la guerra”, escribió en X. También planteó una discusión sobre las consecuencias legislativas de esa política: “Si quieren argumentar que valió la pena, que valió la pena perder el Senado durante los próximos 6 años, entonces háganlo”. En el mismo mensaje sostuvo que cualquier evaluación sincera sobre el rumbo del país debía comenzar por ese debate.
Los demócratas buscan capitalizar el resultado
En el Partido Demócrata, los resultados fortalecieron a una generación de dirigentes que ya comenzó a construir proyección nacional. Varios gobernadores consiguieron triunfos contundentes y aprovecharon sus apariciones públicas para presentar sus prioridades, en un contexto en el que la formación busca definir quién encabezará su proyecto presidencial.
Josh Shapiro, gobernador de Pensilvania, sobresalió por su desempeño en uno de los estados decisivos para las elecciones nacionales. Además de imponerse con amplitud, contribuyó a que su partido recuperara terreno en el Congreso y obtuviera el control de la legislatura estatal.
Interrogado sobre una posible candidatura presidencial durante una entrevista televisiva, evitó anunciar sus intenciones. En cambio, puso el acento en las demandas de los votantes: “La gente quiere un cambio fundamental, una reforma real. Y, más importante, quiere que sus líderes hagan que las cosas sucedan; quieren resultados reales”.
También quedaron fortalecidos Wes Moore, de Maryland, y JB Pritzker, de Illinois, quienes consiguieron la reelección. Gavin Newsom, gobernador de California, tuvo un papel destacado en la estrategia nacional demócrata, especialmente por su impulso a una iniciativa de redistribución electoral que permitió a su partido responder a los cambios promovidos por los republicanos en Texas.
Otros nombres que podrían ganar protagonismo son el senador de Georgia Jon Ossoff y el senador electo por Michigan Abdul El-Sayed. Este último despertó especial interés entre los sectores progresistas, que buscan una figura capaz de suceder políticamente a Bernie Sanders, quien ya descartó volver a competir por la presidencia. La congresista Alexandria Ocasio-Cortez también permanece entre las posibles referentes de ese espacio.
El senador Cory Booker, de Nueva Jersey, ofreció otra señal de sus ambiciones durante su celebración electoral. “Hemos terminado una elección, pero esto tiene que ser el inicio de un movimiento”, afirmó. El legislador dispone, además, de más de 20 millones de dólares en fondos federales de campaña, un recurso relevante para comenzar a organizar una eventual candidatura.
La interna republicana también suma competidores
Entre los republicanos, el resultado abrió espacio para dirigentes que podrían disputar el liderazgo del partido después de Trump. Ron DeSantis, gobernador saliente de Florida y antiguo rival del mandatario en las primarias de 2024, describió las pérdidas como “casi un evento de nivel de extinción para los republicanos en muchas partes del país”.
El senador texano Ted Cruz, quien contempla volver a competir por la nominación presidencial, también aparece entre los posibles aspirantes. Chris Christie, exgobernador de Nueva Jersey y crítico de Trump, evalúa otra candidatura.
En paralelo, el secretario de Estado Marco Rubio constituye otra alternativa dentro del oficialismo. Las encuestas ubican tanto a Vance como a Rubio entre los principales nombres republicanos, aunque ninguno anunció formalmente que participará.
La sucesión presidencial todavía está lejos de resolverse, pero los movimientos iniciales ya comenzaron.
Con Trump impedido constitucionalmente de buscar un tercer mandato, la disputa de 2028 tendrá como uno de sus principales escenarios la definición de quién podrá heredar su base electoral y conducir al Partido Republicano.
