Siete ministros renunciaron, uno fue censurado por la Asamblea Legislativa y cinco colaboradores lo acompañan desde el día uno. Ven debilidades en la gestión pública y un gabinete político más sólido
Por Yolanda Mamani Cayo
Fuente: El Deber
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El primer año de Rodrigo Paz deja un gabinete reducido respecto a su antecesor, pero también una cadena de renuncias, destituciones y reubicaciones. Redujo de 17 a 12 los ministerios heredados de Luis Arce, en busca de un “Estado presente y eficiente”. Pasó por 53 días de protestas, presiones económicas y disputas políticas. De los 14 colaboradores posesionados el 9 de noviembre de 2025, solo cinco siguen.
El 9 de noviembre, un día después de asumir, Rodrigo Paz juramentó a 14 ministros en Palacio Quemado, incluida Cinthya Yáñez, sin cartera, para atender Turismo y Gastronomía. Hubo varios interinatos y el ministerio de Minería quedó sin titular, lo que causó protestas del sector.
El 17 de noviembre, el Gobierno repuso Minería y posesionó a Marco Calderón de la Barca. El Decreto Supremo 5488 formalizó entonces una estructura de 15 ministerios, dos menos que en la administración anterior. Pero, el 20 de noviembre Paz cerró Justicia, cuyo primer titular, Freddy Vidovic, había sido apartado entre cuestionamientos legales. Jorge Franz García, convocado para reemplazarlo, respaldó la supresión del despacho. Paz denunció que esa cartera había servido para la persecución política y la venta de sentencias. Fue su primer ajuste de alto impacto.
Renuncias bajo presión
El segundo ciclo comenzó el 22 de abril de 2026, con la salida de Mauricio Medinacelli de Hidrocarburos y la llegada de Marcelo Blanco. El relevo ocurrió entre escasez de carburantes y declive de la producción de gas.
Entre mayo y junio, Bolivia soportó 53 días de bloqueos y protestas que llegaron a exigir la renuncia presidencial. En ese periodo salieron Edgar Morales, de Trabajo; Marcelo Salinas, de Defensa, y Beatriz García, de Educación. Entre julio y agosto se alejaron José Luis Lupo, de Presidencia; Fernando Romero, de Planificación, y Cinthya Yáñez, de Turismo. Las salidas respondieron a distintas circunstancias.
El 3 de agosto llegó otro giro. Fernando Aramayo dejó la Cancillería y pasó al ministerio de la Presidencia, mientras Héctor Huanca asumió Relaciones Exteriores. Ese día, Paz anunció el cierre de Planificación y Turismo como ministerios. “El gobierno central está dando señales claras de un Estado presente y eficiente”, sostuvo. El Decreto Supremo 5675, del 13 de agosto, consolidó los 12 despachos y redistribuyó las funciones.
La reforma concentró producción, medioambiente y agua en una sola cartera, dirigida por Óscar Mario Justiniano. Turismo pasó a depender de la Cancillería, desde donde se deben promover nombramientos de embajadores. En un año de gobierno, Bolivia solo tiene representante en Paraguay a donde fue enviado Luis Fernando Camacho.
La siguiente sacudida llegó desde la Asamblea Legislativa. El 18 de agosto, el ministro de Economía, José Gabriel Espinoza, fue censurado con 91 votos. Siete días después, Christian Morales, hasta entonces viceministro del Tesoro, asumió el cargo en medio de presiones fiscales, escasez de dólares y una agenda de reformas económicas. La gestión además tiene el reto de poner en marcha el reparto 50/50 de recursos entre el Gobierno y las regiones.
El núcleo que resiste
Del gabinete del 9 de noviembre permanecen Marco Antonio Oviedo, Mauricio Zamora, Óscar Mario Justiniano, Marcela Flores y Fernando Aramayo, aunque este último cambió de despacho. Se añade Calderón de la Barca, incorporado ocho días después. Flores es la única mujer entre los 12 ministros; al inicio fueron designadas tres.
Para el politólogo Marcelo Silva, el balance tiene luces y sombras. Durante meses, los ministerios funcionaron como ‘islas’. “Considero que el problema estructural que tiene el gobierno de Rodrigo Paz es la falta de coordinación de sus ministros”, afirma, y menciona Minería, Salud e Hidrocarburos.
Silva observa, sin embargo, mayor cohesión política desde que la lucha contra las redes criminales se convirtió en un eje del Ejecutivo, especialmente tras el caso del exfiscal Róger Mariaca. “Ahora veo un gabinete, por lo menos en el ámbito político, mucho más sólido, que ya tiene una narrativa, tiene un discurso, tiene un horizonte y tiene un objetivo”, destaca.
El examen de esa estabilidad llegará con el aniversario presidencial: el Gobierno anunció 12 jornadas de rendición de cuentas, una por ministerio, desde el 9 de noviembre.
Tras un primer año centrado en los ajustes, el desafío ya no es solo reducir el Estado, sino demostrar que su gabinete puede ofrecer resultados.
Fuente: El Deber


