¿El fin de la oposición?


Evo Morales no derrotó a la oposición el domingo. Ésta ya había sido aniquilada el año pasado. En abril intentará darle el tiro de gracia.

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Editorial

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Martes,  8  de Diciembre, 2009

Evo Morales no derrotó a la oposición este domingo 6 de diciembre. La oposición fue aniquilada el 10 de agosto del año pasado en el Referéndum Revocatorio y en los sucesivos remesones que sobrevinieron luego; es decir, el derrocamiento del prefecto de Pando, Leopoldo Fernández, el cerco a Santa Cruz, la persecución y el encarcelamiento de numerosos dirigentes cívicos de varios departamentos y por último, el acto masivo de capitulación que se firmó a principios de octubre en la Casa Campestre de Cochabamba.

Lo que se ha producido el domingo la culminación exitosa del modelo de acumulación de poder que aplicó el MAS desde que asumió el mandato en enero de 2006. Mucho antes de que se inicie la campaña, la oposición ya estaba aniquilada, dividida, perseguida y en parte encarcelada y eso explica por qué, los otrora fuertes líderes opositores como Rubén Costas, Mario Cossío y José Luis Paredes decidieron apartarse del camino para dar paso a lo que ellos mejor que nadie ya veían venir.

El domingo, el presidente Morales no cantó su victoria como merecía el haber obtenido una votación nunca vista en la historia del país. Hacer leña del árbol caído o golpear al que ya está tendido en el suelo puede ser contraproducente para alguien que ha ganado todas las peleas, tanto en las urnas como a través de otros métodos y estrategias. Sin embargo, les transmitió a sus adversarios un mensaje muy claro y es que ahora para sobrevivir en política hay que estar con él. “Vengan todos los que quieran, los vamos a recibir”, les ha dicho en tono mesiánico.

La acumulación de poder no ha terminado y no todos los “enemigos” del MAS han sido derrotados como sin lugar a dudas pretende hacerlo. Queda Pando, un objetivo imposible para el oficialismo, donde nadie descarta que la tozudez se prolongue indefinidamente; Beni, donde el terreno se pone complicado por la férrea decisión del único prefecto que se las jugó en la última campaña; y está Santa Cruz, donde el pragmatismo, el guante se seda y el discurso preciso hacia la clase empresarial, le han reportado al MAS un envidiable 40 por ciento con tendencia al crecimiento exponencial.

En unos días más, el oficialismo se lanzará a la última etapa de su carrera hegemónica: el copamiento territorial en prefecturas y municipios, un terreno político bastante especial, donde el MAS, que hasta ahora no ha podido parir otro líder que no sea Evo Morales, tendrá que enfrentarse a caudillos locales, a dinámicas internas bastante particulares y sobre todo, ingresar en unas campañas donde la capacidad de gestión pesa mucho más que los simbolismos y las promesas estrambóticas como satélites, armas rusas y autos a litio.

Tal vez se puedan disfrutar algunos días de sosiego con las fiestas de fin de año, pero en enero otra vez el país estará nuevamente sumido en otra guerra política rumbo a las elecciones de abril. La guerra definitiva para el MAS, la que puede marcar la supervivencia o no de la oposición, la última oportunidad para conseguir el equilibrio democrático que le hace falta al sistema y por qué no decirlo también al MAS. Haber conseguido todo el poder no deja de ser una trampa para Evo Morales.

Evo Morales no derrotó a la oposición el domingo. Ésta ya había sido aniquilada el año pasado. En abril intentará darle el tiro de gracia.