Maggy TalaveraDigan si esta semana no estuvo marcada por una serie de cuentos del gallo nigüento –ese que se sacó las niguas y se fue contento–, lanzada desde el Gobierno Municipal de Santa Cruz de la Sierra. Una serie cargada de curiosas ‘jitanjáforas’ que darían envidia al propio Alfonso Reyes Ochoa, el pensador mexicano que inventó la palabra hace casi un siglo para nombrar “enunciados lingüísticos constituidos por palabras o expresiones que, en su mayor parte, son inventadas y carecen de significado en sí mismas”. En el caso municipal, jitanjáforas despojadas de todo sentido poético o de ternura, es cierto, pero cargadas de artilugios para emborrachar a los “queridos vecinos” con sensaciones y fantasías nefastas.Porque esto es lo que ha sucedido en los últimos días a propósito de la Ley Autonómica Municipal 136/2014, aprobada en vísperas del feriado de Navidad del año pasado, en una sesión celebrada fuera del recinto del Concejo, en la que el debate fue reemplazado por la aprobación con dispensación de trámites. Una ley pedida por el alcalde de entonces y de hoy, Percy Fernández, tres días antes de la sesión del 22 de diciembre, a la que dieron su ‘bendición’ la presidenta del Concejo, Desirée Bravo, y más siete concejales oficialistas, entre ellos el ahora bravucón Rómel Pórcel.Ahora resulta que ninguno sabía de nada, todos repiten “yo no fui, fue Mustafá” (hasta él acepta ser ‘sacrificado’), con un cinismo que vuelve a dar arcadas. ¡Hay que ver el video del alcalde proclamándose el defensor de la vecindad y diciendo que “ese asunto” nació muerto! Pero hombre, si fue usted alcalde el que metió al muerto… Ni qué decir de sus incondicionales subalternos, tanto en el Ejecutivo como en el Legislativo, algunos de ellos queriendo sacarle tajada extra, como es sin duda la movida interna para cortar también la cabeza a Desirée, usando incluso a la dirigencia de las juntas vecinales.No hay duda de que el temblor causado por la aprobación entre gallos nigüentos y feriados de una ley que ya murió esconde un tsumani que, parece, estallará más temprano que tarde y no habrá jitanjáfora que lo disimule. Un tsunami alimentado por las pugnas de poder que persisten en el municipio, aunque con una clara ganadora de batallas, y por la urgencia de dar respuesta a un tema en suspenso desde hace una década: el del catastro urbano municipal, frenado por denuncias que el Ministerio Público no resuelve hasta hoy.El Deber – Santa Cruz