El Museo Nacional Paleontológico y Arqueológico alberga fósiles que muestran la época en la que mastodontes, gliptodontes y perezosos habitaban sus llanuras.

Al ingresar al Museo Nacional Paleontológico y Arqueológico los restos fósiles y las réplicas de los mamíferos que habitaron su llanura muestran su tamaño imponente. Ahí yacen un mastodonte, gliptodontes (emparentados con los armadillos) y un perezoso gigante, entre otros.
«Estos mamíferos eran en su mayoría herbívoros. La fauna podríamos calificarla como semi tropical, eso los atrajo en su búsqueda de alimento (…). No existe otro museo de estas características en el país; sin embargo, el Museo de Historia de Natural en La Paz tiene una sección con piezas de Tarija”, detalla el encargado del museo, Renán Martínez.
El Museo Nacional Paleontológico y Arqueológico guarda más de 5.000 piezas, entre las que se encuentran fósiles de mamíferos del pleistoceno (período cuaternario, era del cenozoico) que comenzó hace más de dos millones de años; fósiles de invertebrados de la edad paleozoica y piezas líticas y de cerámica, con puntas de flechas, jarros, ollas y otros que se exponen en la sala arqueológica.
Los primeros hallazgos se remontan al siglo XIX, según algunos registros de prensa, y no se han detenido hasta la actualidad. Durante la década de 1930, Arturo Posnansky señaló: «Tarija, qué decir, puede ser la cuna paleontológica de las Américas”.
La frase fue escrita en una misiva enviada al alcalde de esta ciudad, Isaac S. Attie, para expresarle la necesidad de construir un museo que albergue los fósiles, según un artículo escrito por Hanne Amado Romero publicado en el periódico El País.
El repositorio se fundó finalmente en 1959, varios años después del inicio de su construcción. En 1964 pasa a depender de la Universidad Juan Misael Saracho hasta el presente. En 2015 el museo tuvo 29.751 visitantes y sólo en enero de este año recibió más de 3.000.
Mamíferos gigantes
El mastodonte que se encuentra al centro del sala de paleontología es, para Martínez, una de las piezas que mejor simbolizan la riqueza patrimonial del museo.
El esqueleto casi completo fue encontrado hace 17 años en el domicilio de la familia Villavicencio, en la zona Héroes del Chaco de la capital chapaca. El hallazgo sucedió mientras se hacían trabajos de remoción de tierra en el patio de su casa. «Al esqueleto sólo le faltaban las extremidades (…). Es un hallazgo formidable”, dice el encargado del museo.
Los mastodontes están emparentados con los elefantes. Estos animales, que medían más de cuatro metros de largo y dos de alto, habitaron la cuenca de Tarija.
Al ingreso, se observa una réplica de un inmenso perezoso. Estos especímenes superaban los seis metros, desde la cabeza hasta la cola. Sus dedos tenían garras. Denominado Megatherium tarijensis es la especie más grande que pobló esta cuenca.
Otros habitantes fueron los gliptodontes, parientes de los quiquinchos y armadillos. En las réplicas del repositorio se los muestran con y sin caparazón.
Estos animales medían alrededor de un metro y medio de altura y más de tres de longitud. El caparazón cubría todo su cuerpo con excepción de la parte inferior, donde tenía placas óseas poligonales. Su cola tenía una estructura dura, casi como una armadura, y le servía para defenderse.
El museo tiene un total de seis réplicas que sirven a los visitantes para entender la disposición de los fósiles que ahí se exponen. A pesar de no tener una réplica en el repositorio, se expone además el cráneo y un colmillo de un tigre dientes de sable.
En el segundo piso se exponen las piezas arqueológicas que pertenece a la «cultura tarija”, denominación introducida por el antropólogo argentino Édgar Ibarra Grasso. Ésta se refiere a un señorío regional restringido, ubicado en los valles del sur boliviano, que podrían corresponder a la etapa pos Tiwanacu, según información del museo.
«El patrimonio paleontológico y arqueológico que tenemos aquí no sólo pertenece a la región, pertenece a la humanidad” finaliza Martínez.
Fuente: paginasiete.bo