En 2003, un desconocido director malayo llamado James Wan dirigió un cortometraje de nueve minutos en el que una persona cuenta cómo sobrevivió a la trampa de un maniaco que “quería jugar a un juego”.
La idea era mover este corto por las diferentes productoras hasta conseguir el presupuesto necesario para rodar una película completa. Un año después, ‘Saw‘ se estrenaba en los cines de todo el mundo. Costó apenas un millón de dólares y recaudó más de cien: había nacido una franquicia.





