Alerta. El 38 por ciento de asesinadas era madre. El departamento tiene el mayor índice de muertes de todo el país. Hasta agosto, este periódico tiene registradas las historias de 21 mujeres asesinadasInforme Especial. OPINIÓNLas secuelas son dolorosas y dejan vidas y generaciones acabadas. Los huérfanos se vuelven adictos, cometen delitos o se autolesionan. Los padres se abandonan y enferman. Se truncan los sueños y el futuro.Los testimonios de madres que enterraron a sus hijas, de niños y niñas que nunca más vieron a sus mamás son desgarradores.Cochabamba es considerado el departamento más violento en cuestión de género.La Oficina Jurídica para la Mujer advierte que la Ley 348 no ha logrado mermar los casos de maltrato hacia la mujer, por el contrario, ha recrudecido debido a la burocratización y alargamiento de los procesos.Además, la ayuda psicológica es aún insuficiente. Huérfanos por feminicidio: “Ese hombre nos quitó a mi mamá y no ve el dolor que nos causó”Por: darynka sÁnchez arteaga , OpiniónUn gigante llamado feminicidio se ha levantado en Cochabamba y está destruyendo generaciones y familias enteras. Ese gigante no se rinde cuando la víctima es enterrada ni cuando el agresor va a la cárcel. Su objetivo es dañar a niños, niñas y adolescentes que crecen sin el amor de su madre, es quebrar el alma de los adultos que no superan la brutal muerte de sus hijas. Su meta es seguir reproduciendo la violencia. Y no todas las familias que sobreviven al feminicidio pueden vencer a este Goliat. Se precisa de unidad, amor y apoyo estatal.Ahora tiene 13 años y es una adolescente tan linda como lo fue su madre, la vocalista del Mariachi del Valle Yerika Gonzáles Quiroga. La menor tiene dos nombres y uno de ellos es el mismo que llevaba la mujer que le dio la vida y un amor incondicional hasta el último día de su existencia.En los últimos 15 meses, el dolor de haber perdido a su madre la ha obligado a madurar más que en toda su corta vida. La familia Gonzáles Quiroga vive en la urbanización Sidumss Norte, en la carretera a Sacaba. Ya no son una familia completa. La violencia machista les robó a una de sus integrantes el 17 de mayo de 2014 y desde entonces todo ha cambiado.Llegamos a la vivienda para hablar con los padres de Yerika, pero la adolescente que heredó su nombre y su dulzura quiso compartir su historia antes de irse a clases. De jeans, una polera, un canguro y con el cabello atado en una coleta, la Yerika menor se sienta en el sofá, donde su madre solía acomodarse para crear manualidades únicas, y mirando el retrato de la mariachi en la pared del frente, en el living, suspira y dice: “Perder a mi mamá a los 12 años ha sido lo peor que me ha pasado. Mi hermanita tenía tres y no entendía por qué. Yo tampoco entiendo hasta ahora. Ese hombre nos quitó a mi mamá y nunca pensó en nosotras. No le guardo rencor porque mis abuelitos me han enseñado a no odiar, pero sí me enoja que él no haya podido ver el dolor tan grande que nos iba a causar a mi hermanita y a mí. Nos dejó sin mamá y una mamá que era la mejor de la tierra”, dice con la voz quebrada.A la adolescente le brillan los ojos cuando habla de su mami. “Ella no solo era mi mamá, era mi mejor amiga, nos contábamos todo y nos amaba como nadie. Hay niñas que se llevan mal con sus madres y no las quieren, pero las tienen y yo que la amo más que nada, ya no la tengo y la extraño demasiado, me hace tanta falta”, afirma y no logra evitar que sus ojos se llenen de lágrimas.Ella recuerda que Juan Carlos Andia Amezaga, el exnovio de su mamá las trataba bien a ella y a su hermanita.“Nunca nos maltrató, pero era súper celoso de mi mami, no dejaba que nadie se acerque a ella después de sus presentaciones de mariachi”. La hija mayor de Yerika Gonzáles ha atravesado etapas de incredulidad, desazón, enojo y profunda tristeza por la trágica muerte de su madre. Ahora trata de mitigar su nostalgia pensando que “todo pasa por algo, quizás mi mamá iba a sufrir mucho después y Dios se la llevó antes para evitarlo, lo que me duele es la forma en la que nos la quitaron y que la extraño tanto”.La hija más pequeña de Yerika cumplió 4 años y esta vez su madre no estuvo en su cumpleaños, preparando las masitas, las gelatinas de mil colores, los flanes, las tortas y las canastitas con motivos infantiles como solía hacer. A su abuela materna, Augusta Celia Quiroga, se le hace un nudo en la garganta mientras relata una escena que la ha marcado con fuego. Unos dos meses después del feminicidio de Yerika, su hijita menor, de tres años entonces, la buscaba con desesperación en la casa. Un día entró a la sala, vio el retrato de su madre en una de las mesitas auxiliares, se puso de rodillas y le habló: “Mamita, ¿dónde estás? ¿cuándo vas a venir? Estoy llorando y no vienes”.Otro día le rogó a su abuela, “Abue contratá un helicóptero, por favor llevame al cielo para ir a ver a mi mamá, yo la extraño”. Augusta Celia abrazó a su nieta con amor y le explicó que un helicóptero no vuela tan alto como para llegar al cielo, pero que su mami estaba bien y un día estarían juntas de nuevo. La pequeña lloró hasta que se durmió.De ojos vivaces, ella es inquieta. Mientras su hermana mayor habla, no deja de dar vueltas a su alrededor y solo se detiene para refrendar una y otra vez: “mi mami está en el cielo”.Lucio Gonzáles, jubilado de la UMSS y Celia Quiroga, una psicopedagoga que trabajó muchos años con niños con capacidades diferentes, son los padres de Yerika Gonzáles y los abuelos de las dos hijas de Yerika. Ambos ya son adultos mayores y están a cargo de sus nietas, con la ayuda de sus otras cuatro hijas que están casadas.Una de ellas, Heidi, lleva a las niñas al colegio todos los días y sus abuelos las recogen en una vieja pero fiel peta Volkswagen roja para almorzar juntos. En las tardes llevan a la mayor a cursos extras, pero también la recogen porque, para ellos, su seguridad es lo más importante. El padre biológico de las niñas vive en otra ciudad desde que se divorció de Yerika y tiene su propia vida.ELLA DEBÍA ENTERRARME A MÍ Y NO YO A ELLAA un año y tres meses del feminicidio de Yerika Gonzáles, su madre, Celia, no ha logrado sobreponerse a su desaparición. “No asimilo que mi hija esté muerta. Quizás influye el hecho de que nunca vi su cuerpo inerte o tal vez sea porque esto no tiene sentido, ella debía enterrarme a mí y no yo a ella”, reflexiona luego de sentarse, con mucho esfuerzo, en la silla del comedor de su casa, ayudada por un burrito metálico.Celia trabajó con niños de capacidades diferentes, pero tuvo que dejar su vocación porque padece artritis reumatoidea y la enfermedad le impide moverse con facilidad. Desde que Yerika fue asesinada, el mal recrudeció en su cuerpo. “Mi esposo es un ángel, él cocina ahora porque yo ya no puedo hacerlo”, explica.La vida se les ha hecho cuesta arriba a Lucio Gonzáles y Celia Quiroga. Aman a sus nietas y buscan lo mejor para ellas. “Veo a estas niñas, me miro a mí misma y me pregunto ¿cuánto voy a vivir? ¿Qué será de ellas cuando yo muera?”. Desde luego, confían en que les enseñaron a sus hijas a estar unidas y apoyarse en todo. Pero es duro pensar en la orfandad de las dos.La familia Gonzáles Quiroga era conocida porque tanto los padres como sus cinco hijas cantaban todo tipo de música, pero sobre todo ranchera, mariachi y alabanzas a Dios en la iglesia de San Pedro. Incluso grabaron un disco con piezas de contenido cristiano que se difundió ampliamente en círculos católicosLucio y Celia recuerdan a su hija Yerika como una mujer excepcional, solidaria, generosa, luchadora y llena de virtudes.“Donde había tristeza, ella llevaba alegría. Si una amiga no tenía cómo festejar su cumpleaños, mi hija hacía comida, tortas, masitas, cotillón o lo que fuere para agasajarla”.Las personas que conocían el enorme y generoso corazón de Yerika aún lloran su muerte, pero decidieron retribuirle la amistad que ella siempre les brindó visitando a sus padres y apoyándolos.A Celia se le quiebra la voz cuando recuerda que al llegar el 25 de diciembre de 2014, la primera Navidad sin Yerika, varios de sus amigos y amigas llegaron de sorpresa a la casa llevándoles regalos a las niñas para dibujarles una sonrisa en sus rostros.Yerika estudiaba Nutrición. Fue una excelente deportista en las disciplinas del voleibol y atletismo. Ganaba la mayoría de los concursos, pero a la vez sembraba el bien a su alrededor.DOLOR DE PADRELucio Gonzáles, sentado al lado de su esposa y pendiente de ella y de sus nietas en todo momento, tiene la mirada triste.Él fue quien salió ante los medios de comunicación para exigir justicia por el feminicidio de la menor de sus cinco hijas. Su tesón, su insistencia, su constante seguimiento a la investigación lograron que en junio de 2015, Juan Carlos Andia Amezaga, el exnovio de su hija, sea llevado al banquillo de los acusados.Y las pruebas documentales, científicas, periciales y testimoniales acumuladas permitieron que Andia fuera hallado culpable de feminicidio y sea sentenciado a 30 años de reclusión en El Abra.Lucio Gonzáles se concentró en el proceso penal con denuedo. Los policías se sorprendían por su tenacidad y le comentaban que no habían visto un padre como él, tan comprometido con las pesquisas. Y es que Gonzáles estudió la Ley 348, leyó sobre el uso y la interacción de los fármacos, sobre las pruebas periciales y siguió el curso de cada requerimiento para probar que su hija fue asesinada por el egoísmo y la violencia machista.La mesa del comedor de su casa sigue siendo “su oficina de padre abogado”. Un enorme anillado sujeta un legajo de más de mil hojas con las pesquisas del caso que distrajeron y ocuparon a Lucio Gonzáles por 13 meses.Ahora, mientras espera que la sentencia condenatoria sea ejecutoriada, la ausencia de Yerika se ha hecho más grande y ha invadido cada rincón de su corazón.“Sobre su traje de mariachi, mi hija usaba un poncho para cubrirse después de cada presentación artística. Envuelta en ese poncho volvía a casa. Ahora ese poncho está cerca del living y Lucio entra allí, lo toma y llora extrañando a nuestra Yerika. Eso es lo que deja el feminicidio, ausencia, dolor, llanto, familias destrozadas”, dice Celia.Yerika, de 33 años, se había divorciado del padre de sus dos niñas y mucho tiempo después conoció a Juan Carlos Andia durante alguna de sus actuaciones pues él también pertenecía al mundo de la música ranchera. Él se mostró cariñoso, servicial con la familia, atento. “Venía a la casa, cocinaba, ayudaba”.Enamoró a Yerika, pero los celos de él eran un motivo de discusión constante. Eso y su resistencia a presentarla a su madre preocupaban a la artista del Mariachi del Valle juvenil. Él lo justificaba diciendo que su madre era mala y hacía huir a cuanta enamorada tenía. Hasta que un día, en abril de 2014, Yerika buscó a la mamá de su enamorado y se presentó. Recién entonces, a través de esa mujer, se enteró que Juan Carlos era casado y que su esposa esperaba un bebé.Profundamente decepcionada por la mentira, Yerika le prometió a la madre de Juan Carlos que dejaría a su hijo ese mismo día, porque jamás permitiría que un niño crezca sin padre. Y cumplió, pero Andia la amenazó. “Si me dejas eres mujer muerta”. Yerika le contó de la amenaza a una de sus hermanas, pero ambas creyeron que eran palabras dichas al viento, por rabia.El 17 de mayo de 2014 Juan Carlos Andia acudió a una de las presentaciones artísticas de la mariachi e insistió en llevarla a su casa para conversar.La madrugada del 17 de mayo entró a la casa de Yerika dos veces, según las imágenes de una cámara de vigilancia. Las niñas, medio dormidas, lo vieron la primera vez sacando ropa para Yerika, pero no la vieron a ella.El hombre, que también integraba un grupo de mariachi, asesinó a la mujer que juró amar y quemó sus restos en el trayecto a Santiváñez. En el juicio, Andia insistió en que Yerika se mató inyectándose Dexametasona y Triapen y justificó el haber incinerado el cadáver diciendo que solo quiso evitar que le echaran la culpa.Los peritos del IDIF certificaron que la probabilidad de muerte con esos medicamentos es del 0.001 por ciento y que por la historia clínica de Yerika, no era factible. La teoría de Andia cayó por su propio peso. Uno de los abogados de Andia le ofreció a Lucio Gonzáles transar con dinero. Se topó con una pared. “No aprendió este hombre, mi hija nunca fue mercancía, ahora tendrá que aprenderlo en la cárcel”. La batalla legal sirvió para dignificar la memoria de Yerika, pero la sentencia no le trajo consuelo a la familia.“Yo he esperado a mis 5 hijas con mucho amor, ponía mi cabeza en el vientre de mi esposa para oír los latidos de sus corazones. Yerika era la menor, nació cubierta de amor. Estaba a punto de obtener su licenciatura en Nutrición. Y me la han arrebatado. El feminicidio deja secuelas indescriptibles, es un dolor muy profundo”, admite con los ojos inundados de lágrimas.Para recomponerse, Lucio Gonzáles dice que en cuanto la sentencia sea ejecutoriada en Sucre, trabajará en un proyecto para evitar que más mujeres sigan muriendo asesinadas en Cochabamba.“No es posible que las autoridades no hagan prevención, estos criminales están emergiendo por la falta de valores y de educación. Estas mujeres víctimas tienen familia, están matando en vida a su descendencia. Mis nietas nos tienen a nosotros, pero, ¿dónde están los hijos cuyas madres están muertas y sus padres en la cárcel? ¿Alguien se está preocupando por ellos?Veintiún mujeres han sido asesinadas en ocho meses de 2015 en la Llajta. Es donde más violencia basada en género se ejerce, pero las autoridades se niegan a declarar una alertaCOCHABAMBA TIENE EL MAYOR ÍNDICE DE FEMINICIDIOS DEL PAÍSCochabamba encabeza la lista de los departamentos más violentos del país con un total de 21 feminicidios (datos de OPINIÓN), seguido de Santa Cruz con 13 y La Paz con 8. También se cometieron feminicidios en Potosí (5), Oruro (2) y Sucre (1), según el último informe del mes de agosto, del Centro de Información y Desarrollo de la Mujer (CIDEM).Al margen del monitoreo de los medios de comunicación, no existe un registro oficial y veraz sobre el número real de los casos de feminicidio. La Fuerza Especial de Lucha Contra la Violencia (FELCV) de Cochabamba tiene registrados 17 feminicidios hasta el 4 de septiembre, pero esto se debe a que esta unidad solo toma en cuenta los casos que su personal atendió y no los que otras unidades esclarecieron.El director de la FELCV, coronel Alejandro pozo, informó que de enero a agosto de 2015 recibieron 3.533 denuncias de maltrato físico, psicológico, sexual y económico. Para colmo, los casos de feminicidio con sentencia apenas llegan al 2 por ciento .Desde el año 2014, la Oficina Jurídica para la Mujer, la Defensoría del Pueblo, la Red contra la Violencia y otras instituciones civiles exigen que las autoridades de la Gobernación y de las alcaldías de Cochabamba cumplan la Ley 348 y aprueben una Ley de Declaratoria de Alerta ante la ola de violencia contra la mujer en la Llajta.Sin embargo, las autoridades que en sus discursos prometen luchar contra este problema que ya es de salud pública, en los hechos han ido dilatando esta decisión.La directora de la Oficina Jurídica para la Mujer, Julieta Montaño tiene una lectura muy crítica sobre los motivos por los que las autoridades están incurriendo en el delito de incumplimiento de deberes. “Es que no les interesa, porque sobre los hematomas y los cadáveres de las mujeres no pueden poner plaquetas con sus nombres para perpetuar sus obras”, dijo.Julieta Montaño llegó recién de Ginebra a donde asistió a diferentes eventos de la ONU y la lucha contra la violencia hacia las mujeres y confesó estar indignada porque Bolivia, y en especial Cochabamba, son focos de alerta en el mundo por el maltrato a las mujeres, pero a las autoridades locales no se les mueve un pelo.“No hay voluntad porque declarar alerta implica destinar recursos económicos, humanos y logísticos en atender un problema que ellos no consideran importante”, protestó.Montaño admitió que la Ley 348 no ha logrado mermar los casos de maltrato hacia la mujer. Más bien, se ha advertido un recrudecimiento de todos los tipos de violencia y del feminicidio.Cree que esto se debe a que los operadores de justicia han burocratizado y alargado los procesos. “Una denuncia por violencia dura lo mismo que un proceso penal común por accidente de tránsito o un atraco y eso no puede ser, las víctimas buscan respuestas inmediatas y la Ley 348 instruye celeridad”. Si bien hay que garantizar el debido proceso y se deben respetar las reglas, el personal es insuficiente en la Policía, en la Fiscalía, en los juzgados.Se necesitan equipos especializados y eficientes, “no funcionarios puestos a dedo ni por favor político”.DATOS SOBRE VIOLENCIA QUE ALARMANCada 3 días matan a una mujer en BoliviaUna mujer es víctima de feminicidio cada 3 días en Bolivia; en Argentina cada 31 horas, 15 por día en Brasil y casi 2.000 al año en México, según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) de estudios América Latina.Medios reproducen violencia a la mujerLos medios de comunicación informan de la violencia hacia la mujer y al usar un lenguaje sin enfoque de género y lleno de prejuicios fomentan la tolerancia hacia esa violencia. Siguen invisibilizando las razones de fondo y las encubren culpando al alcohol y a las mismas víctimas por su ropa o sus hábitos.Callar ante violencia acaba en feminicidioEl director de la FELCV, coronel Alejandro Pozo, advirtió que callar ante el maltrato psicológico, físico, sexual o económico acaba en muerte. Denuncias a la Fuerza Especial de Lucha Contra la Violencia al 4233133.38 De cada 100 muertas, victimadas por parejaDe cada 100 mujeres asesinadas, 38 de ellas han sido victimadas por sus parejas o exparejas íntimas. Los asesinatos de mujeres en América Latina han impulsado leyes, pero el número de crímenes de género sigue siendo alto y son un problema de salud pública, según la Organización Panamericana de Salud.