Agustín Echalar AscarrunzMaría Galindo ha publicado este miércoles una columna refiriéndose a la muerte de la joven Andrea Aramayo. Creo que su artículo parte de un axioma falso y desarrolla, de alguna manera, una triste teoría. Y es que el defender el prestigio de una persona, su nombre -como dice ella- y el presumir su inocencia no es parte del paquete patriarcal y machista de la humanidad. Es más bien una búsqueda moderna y sensata de no conculcar los derechos de las personas, aún las acusadas de los peores delitos. La presunción de inocencia no es un ataque a la víctima, ni un desprecio por los sentimientos de los deudos de ésta, en el caso de que esta estuviera muerta, sino un acto de respeto al ser humano en general.El haber llegado a eso no es un retroceso a tiempos de profunda injusticia, ni un estancamiento, es, más bien, haber avanzado en humanidad a niveles inimaginables hace menos de 100 años, aún en sociedades muy avanzadas.En el desdichado caso de Andrea Aramayo, puede existir la duda razonable de que no se hubiera tratado de un asesinato cometido con premeditación y alevosía, de que se hubiera tratado más bien de un desgraciado accidente. Algunos detalles, como el hecho de que ella salió detrás de él, persiguiéndolo, hacen pensar que no se trató de una estrategia armada para asesinarla. Lo que está claro es que Kushner fue difamado en forma ágil, rápida y contundente desde los primeros momentos.Las declaraciones desgarradas y comprensibles de la madre y de la tía de la víctima lo mostraron como un hombre violento y con antecedentes al respecto (pedían inclusive que otras mujeres, supuestas víctimas anteriores, se apersonaran para corroborar con sus testimonios). La tía dijo que él la habría golpeado y luego, estando ella tendida en el suelo, hubiera procedido a pasar su coche sobre ella. Algo que parece ser que no sucedió.Aún antes de que Kushner fuera presentado ante la jueza, la condena social era tan evidente y altisonante que se puede inferir que la autoridad se vio obligada a determinar lo que determinó. La difamación tiene ese problema, puede arruinar la vida de una persona, ya sea porque muchos creerán el infundio o porque el caso se convertirá en un proceso político, donde la búsqueda de la verdad y el justo proceso pueden quedar de lado, sobre todo en nuestra tan precaria justicia, y esto puede tener graves consecuencias.La violencia contra las mujeres es una tara de la humanidad y debe ser combatida desde todos los flancos posibles. La muerte a manos de sus propias parejas es posiblemente la peor versión de este flagelo, porque incluye eventualmente tortura previa de larga data. Sólo se puede sentir repulsión por el agresor y profunda solidaridad por la víctima. Y aclaremos algo más, la víctima no puede caer en el olvido y merece justicia.Pero eso sí, una lucha tan noble e importante no puede ser mancillada por emotividades ni por acusaciones falsas, ni por violaciones a la presunción de inocencia de un supuesto victimario. Y por nada del mundo puede permitirse el uso de un chivo expiatorio. Las personas deben ser juzgadas y castigadas por sus actos y por sus intenciones, no por lo que ellas representan y no porque su castigo sea conveniente a una causa. Un punto más, una sociedad puede permitirse un asesino libre, pero no un inocente encarcelado o alguien condenado por un delito mayor al que cometió.El caso Kushner tiene todos los indicios de no ser un asesinato premeditado, sino un desdichado accidente, no sólo por las circunstancias de aquella terrible noche, sino porque tampoco hay a la vista razones para que la muerte de la joven pudiera beneficiar al exenamorado, ni un historial de hombre violento de parte del acusado (de hecho, pese a la convocatoria pública, no ha aparecido ninguna expareja a denunciarlo).Partir de un supuesto errado, por más que el motivo sea de noble solidaridad, es para una causa más perjudicial que beneficioso.Página Siete – La Paz