Pesadillas en las profundidades del tráfico de seres humanos


Las redes de crimen aplican sus peores técnicas para someter a mujeres bolivianas y convertirlas en esclavas obligadas a vender su cuerpo. El DEBER accedió a testimonios que revelan un mundo hasta ahora no contado.
Munasín Kullakita es una fundación que lucha contra el delito de la trata

Munasín Kullakita es una fundación que lucha contra el delito de la trata. Muchachas que fueron víctimas de violencia son cobijadas en este albergue de la ciudad de El Alto (La Paz). FOTOS: CLOVIS DE LA JAILLE Y JORGE UECHI

Roberto Navia Gabriel, EL DEBER, Bolivia

Su propia madre la explotaba sexualmente cuando ella tenía 15 años de edad. Le decía que salga a la calle a prostituirse y que antes de la mañana siguiente debía llegar con dinero en las manos si es que no quería que le parta un palo en la espalda. Ella, aterrada, salía a las 17:30 de su casa y retornaba antes de que salga el sol, envuelta en un sudor agrio que se le prendía en el cuerpo. Eso ocurrió el 2013 y ahora tiene 17 años, está curando sus heridas en Munasín Kullakita, un refugio para víctimas sometidas a la trata y tráfico de personas, ubicado en las afueras de la ciudad de El Alto. Un conejo de peluche la distrae cuando necesita olvidar las caras de esos hombres que la sometían a besos forzados y a cosas peores.Lo que le pasó a esta muchacha no es un asunto aislado. Por una parte están las estadísticas referidas a la trata y el tráfico, en sus variantes de explotación sexual y laboral, dan cuenta de que en el país durante el primer trimestre se atendieron 83 casos y que el año pasado se registraron más de 400 casos en total, según datos de la Policía y el Observatorio Nacional de Seguridad Ciudadana del Ministerio de Gobierno.La directora general de Lucha Contra Trata y Tráfico de Personas, Melania Torrico, explica que el índice de denuncias desde el 2008 subió en un 30% y que El Alto, La Paz y Santa Cruz siguen siendo las ciudades con mayor número de casos. A escala mundial, detalla, unas dos millones de personas cada año son víctimas de trata y tráfico de migrantes. Un delito que mueve 32.000 millones de dólares.Cómo las reclutanLas reclutan en los barrios de la periferia de ciudades, en las calles sin alumbrado público, en los pueblos donde los perros ladran pero la Policía no llega; también lo hacen en las afueras de los colegios y les roban la inocencia en pocos días. Cuando tienen en sus manos a las víctimas, las redes que trafican con seres humanos dentro de Bolivia y fuera del país, aplican sus peores técnicas para reducir a un hombre o a una mujer a pequeños harapos porque están decididos a lucrar explotándolos laboral o sexualmente.Quienes captan a estas personas también suelen ser menores de edad.Las redes organizadas utilizan adolescentes para que se hagan amigas de las futuras víctimas. Les ofrecen Bs 2.000 por captación y con ese incentivo hasta les invitan bebidas alcohólicas y, cuando tienen a sus presas, las entregan a los traficantes, las mantienen un tiempo encerradas y las entregan a otras personas.Ella tenía 13 años de edad el 2012. Tenía una adolescencia espléndida: acudía al colegio con disciplina ejemplar, hasta que apareció una mujer amable vendiendo perfumes, lápiz labial y otros cosméticos baratos que a ella le daba para que pague en varias cuotas. Se ganó la confianza, le propuso trabajar en una supuesta tienda de zapatos y de perfumes y cuando la citó a una habitación la intimidó diciéndole que tiene que prostituirse y que si no lo hacía su familia correría peligro.Después de tres meses de sometimiento logró escapar de sus captores. Eso cuenta Narciso J., su padre, que sigue sufriendo porque la muchacha está traumada pero sin dejar de perder el horizonte porque el próximo año, cuando ya sea bachiller, quiere estudiar la carrera de Derecho para vengarse jurídicamente.“Soy albañil contratista. Esto nos ha cambiado la vida, estamos traumados, era yo un tipo muy activo, ahora estoy neutralizado. Necesito que se haga justicia”, dice con la voz elevada como para que el mundo lo escuche. Él sabe que la Casa de la Mujer que está a cargo de Miriam Suárez es por ahora la única institución que lo está escuchando.Es en la Casa de la Mujer donde revelan que hace un año y medio en Yapacaní, una chica de 13 años estuvo 31 días capturada por cinco sujetos que ahora tienen acusación formal para juicio pero que están en libertad.La adolescente viajaba de Yapacaní a Santa Cruz a estudiar a la universidad. Se la llevaron a una casa de citas privada de Santa Cruz.El test sicológico que está en manos de la Casa de la Mujer cuenta lo que pasó por los ojos de esta víctima. En los 31 días vio cómo mujeres casi niñas eran botadas al cuarto, ahí hacían sus necesidades, las tenían una noche sin comer, les hacían poner ropa corta, les decían que si querían comer tenían que salir con hombres y que si se resistían las volvían al cuarto oscuro.Y el dato que tortura más quizá sea este: las violan los mismos tratantes delante de otras mujeres como prueba de que los que mandan son ellos y ellas las que deben obedecer y hacerles ganar dinero.A ella la liberaron gracias a un operativo encubierto. Un policía se hizo pasar como cliente en el prostíbulo donde la tenían sometida. Adentro hizo el trato con el encargado del local, pagó el dinero para sacarla supuestamente a un motel. Afuera, aún en la calle, cuando ella seguía temblando, le dijo que no tema, que es policía y la puso a buen recaudo. La Policía intervino la casa de citas, cayeron seis personas pero el jefe máximo nunca más apareció.Sin embargo, hay desapariciones que duelen más. Felisa Careaga es una madre desesperada. Su hija, de 25 años de edad, ha desapareció hace más de 90 días. A las 7:00 del 10 de abril salió de su casa y hasta ahora su silueta no aparece por el horizonte.María Rita Hurtado es otra mujer que está sufriendo. Su niña Dayana Algarañaz Hurtado desapareció el 20 de junio, en el tramo de su casa, entre el Plan 3.000 y la universidad en la que estudiaba.“Mi niña tiene 20 años, estudiaba Ingeniería Medioambiental. Sabemos que es trata porque si se hubiera ido con su novio habría llevado dinero, tenía una licorería. Ahí está el dinero. Se fue solo con su ropita y sus útiles escolares.“Si la Policía no hace nada vamos a pedir ayuda del exterior”, dijo una mañana de julio cuando, con una decena de familiares que también sufren por la ausencia de sus seres queridos, se reunieron en el frontis del comando de la Policía de Santa Cruz para exigir que se investigue la desaparición de personas.Aquel día, Sabino Guzmán, comandante departamental de la Policía de Santa Cruz, se reunió con ellos y dijo que iba a duplicar el número de efectivos para que investiguen las denuncias, además que pondría un vehículo a disposición de la Fuerza Especial de Lucha Contra la Violencia.Dentro de un baúlSi uno recorre la ciudad y deja el vehículo estacionado en zonas de supermercados o tiendas comerciales llega a sus manos anuncios publicitarios en pequeños impresos promocionando locales nocturnos donde prometen sortear una señorita para poseerla.En otros boliches, aseguran con conocimiento de causa en La Casa de la Mujer, porque esta institución investiga varios casos desde hace muchos años, las administradoras de estos centros nocturnos, cuando llegan los policías para investigar, esconden a las menores de edad en baúles o detrás de la heladera hasta que los uniformados se vayan y en la noche se siga sometiendo a las víctimas silenciosas del tráfico de seres humanos

En la mismísima ventana de Migración, en Desaguadero (frontera con Perú), los familiares prenden fotos de sus seres que desaparecieron

En la mismísima ventana de Migración, en Desaguadero (frontera con Perú), los familiares prenden fotos de sus seres que desaparecieron.



=> Recibir por Whatsapp las noticias destacadas