De frivolidades y felonías políticas


SUSANA Susana Seleme Antelo

Frivolidad y felonía pueden anular la noble pasión por la política, que cuando es sana, es una pasión por la democracia, sus valores y sus libertades, que, como repito sin cansarme, la democracia siempre es y será perfectible.

La frivolidad es de suyo desdeñable, pero si se trata de frivolidad política, resulta, además dañina y nociva para la sociedad por las consecuencias que acarrea a la práctica política. De ahí que frivolidad política se mide en función de las consecuencias que acarrea. Una de ellas, anular la pasión política, Por eso está reñida con la frivolidad, que puede llevar a la pasividad, al oscurantismo de las prácticas políticas o al ‘no me importa lo que pase’, si no es conmigo y con mis asuntos. Tamben puede anular el nexo entre lo ideal y la realidad, o porque se considera que lo ‘ideal’ ha sido realizado, en nuestro caso “aplastar” a los adversarios, o porque también se cree que han sido superadas las tensiones propias de la práctica política, que si es democrática, tiene que ser plural.



Pienso en nuestros gobernantes que han hecho de la frivolidad una forma de gobernar y creen que sus actos y los de los ‘suyos’ son de su propio y único dominio, sin importarles las responsabilidades políticas y éticas que afectan al ejercicio de sus cargos, a sus comportamientos y, fundamentalmente, a los ‘gobernados’.

¿Habrá creído el gobierno del MAS que no va a afectar a nadie el cada vez más oscuro y enmarañado episodio del inventado ‘terrorismo’ en Santa Cruz? Como una ruleta rusa, el oficialismo ‘dispara’ nombres de cruceños convocados a declarar para esconder a los verdaderos terroristas, que no fueron Eduardo Roszá ni las otras dos personas asesinadas en el Hotel Las Américas, el pasado 16 de abril. Ellos eran aventureros-mercenarios que pagaron con sus vidas el macabro juego de hacer ‘una guerra’ orquestada o infiltrada por el mismo gobierno.

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Los tenebrosos son los hombres del oficialismo que manejan con una frivolidad escalofriante y un desprecio absoluto por la verdad, todo cuanto hace a la información y transparencia sobre esos hechos. Es políticamente frívolo todo aquello que afecta negativamente la seguridad pública y, como parte de ella, la información gubernamental y privada que debe ser abierta, accesible y transparente para su difusión y conocimiento públicos. Los funcionarios del oficialismo cometen actos de frivolidad política cuando manipulan y distorsionan la información al decir que “existe intención de perjudicar a la Policía” por mostrar fotos del ya famoso Capitán Walter Andrade junto a Eduardo Rozsá, y luego con el grupo de élite, ‘dizque’ disuelto, junto al Vicepresidente, pero no van al fondo del asunto.

Si los hombres del gobierno, el ejército y la policía sólo preguntan quién está entregando fotos e información a la prensa, y centran la supuesta investigación en encontrar a esos infidentes, es fehaciente prueba de frivolidad política. Así descartan la necesaria y transparente información sobre todos aquellos tenebrosos hechos, y al mismo tiempo descartan la capacidad de crítica y de autocrítica, pues nadie explica ni las fotos ni los graves hechos concomitantes, que entrañan daños a vidas y honras de mucha gente.

Pasar de la frivolidad a la felonía política hay un paso, pues en una u otra forma no hay ética, como queda comprobado en este y muchos otros casos.

Según medios de prensa nacionales y locales, Andrade – que ahora está convaleciendo de un ‘choque’ por exceso de alcohol y velocidad, aunque aparece como víctima, y antes anduvo en los luctuosos días en Pando y fue el ‘baleador’ al periodista y al camarógrafo de Unitel- entregó un informe al Comandante de la Policía, 11 días después del aquel operativo. Así el comandante de la policía dice, sin inmutarse, desconocer tal informe, en el que Andrade justifica la intervención armada comandada por él, pero no dice quién dio la orden de intervenir y matar, porque allí hubo muertos. Quienes que hubieran sido, fueron acribillados.

Las consecuencia de tanta frivolidad, terminan siempre en felonías, como la última de citar a declarar al prefecto del departamento, a algunos consejeros, al presidente la Corte Electoral Departamental de Santa Cruz y a sus vocales, acusados por la Contraloría de la Nación de malversar fondos para el referéndum por los Estatutos Autonómico del 4 de mayo de 2008. Toda la solidaridad con ellos, limpios de polvo y paja.

La felonía puede quedarse en frivolidad pura, como el deseo del Vicepresidente de querer casarse con una cruceña, durante la efemérides departamental y después de un excesivo reconocimiento a la pujanza de Santa Cruz en su 199 aniversario patrio. Luego de tantos improperios y desprecios hacia la región, del cerco con características fratricidas a la ciudad capital, a sus autoridades y a su gente, ¿quién podría creerle, si ya conocemos su doble discurso. ¿Pensó quizás que las mujeres cruceñas quedarían ‘arrobadas’ con sus intenciones matrimoniales? Puede que el Vicepresidente también haya pensado, en su frivolidad, que su ‘ideal’ deseo podría granjearle femeninos votos cruceños el próximo 6 de diciembre? ¿Y qué podrían decir las paceñas, tarijeñas, benianas o de cualquiera otra mujer de otro departamento?

Claro que tanta frivolidad desnudó la instrumentalización machista-sexista, sin disimulo, que hacen los hombres del MAS con las mujeres, como que cedan sus cuotas en las listas de candidatas porque ellas no están ‘preparadas’. O como el gusto de hacerlas llorar, según confesó una vez el Presidente. Las feministas masistas no han dicho ‘esta boca es mía’ . Es decir ¡Zape!

El 6 de diciembre próximo pongamos fin a tanta frivolidad y felonía con un rotundo NO al MAS y a su dupla prorrogista.