El otro populista


MarceloOstriaTrigo Marcelo Ostria Trigo

Muchos bolivianos piensan que sólo en nuestro país hay encumbrados personajes que hablan de los que no saben y se aventuran, abochornándonos, a presentar disparatadas propuestas en el extranjero.

No estamos solos. Por ejemplo, hay un político, también protegido por Hugo Chávez,  esperanzado en alcanzar la presidencia del Perú. Este es Ollanta Humala, que acaba de dar consejos al presidente Alan García. Le dice que “no se pelee con su colega de Bolivia, Evo Morales, y busque aliarse con ese país y Ecuador para prosperar (?) en su reclamo limítrofe contra Chile” (La República, 14 de octubre de 2009). Y añade: "Yo lamento que el Gobierno peruano, sabiendo que tiene el objetivo que es recuperar el mar territorial que en este momento Chile tiene capturado, está distrayendo la atención en entrar en dimes y diretes con el mandatario boliviano". Y sigue: “Uno de los objetivos del Perú es ganarle a Chile en el diferendo limítrofe que tenemos en La Haya, donde para lograr ese objetivo el Perú tiene que evaluar (?) como debe fortalecer la relación con Bolivia y (…) con Ecuador". Patético este Humala.



Sin entrar en aclaraciones sobre quién inició la pendencia verbal, hay que poner en evidencia que este señor Humala no tiene la menor idea sobre el curso que ha tomado la controversia peruano-chilena por el límite del mar territorial, y dice cualquier disparate. A ver: Humala debía saber, si apunta alto en su país, que cuando los Estados someten un diferendo a un tribunal de justicia internacional, no cuentan los compadres –ni Evo Morales ni el ecuatoriano Correa son partes en este proceso judicial–; lo que influye en los tribunales internacionales, son los argumentos y los fundamentos legales. ¿O cree este personaje que la Corte Internacional de Justicia, con sede en La Haya, vaya a impresionarse con los apoyos políticos a cualquiera de las partes, en una suerte de bandos que toman partido, a tiempo de dictar un fallo sobre una controversia entre los estados litigantes.

Contaminar un asunto que conoce una corte internacional con malsanas presiones, sería un despropósito. La Corte de La Haya es un ente serio, constituido como uno de los organismos principales de las Naciones Unidas. La Corte, dice su estatuto, tiene la función de decidir las controversias que le sean sometidas por los Estados, sobre la base de los tratados, la costumbre internacional, los principios generales de derecho reconocidos por las naciones civilizadas, las decisiones judiciales y las doctrinas de los publicistas de mayor competencia de las distintas naciones. No tienen cabida los apoyos de extraños al proceso.

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Quizá, si el señor Humala estuviera realmente preocupado por el fallo que dictará la Corte sobre el diferendo con Chile, tendría que conocer cómo se tramitan estos litigios. Para  aportar lealmente a la defensa del Estado al que pertenece, tendría que estudiar el tema y revisar similares disputas, como de Túnez vs. Libia sobre la delimitación de la plataforma continental, y de Estados Unidos vs. Canadá sobre el curso de la frontera marítima en el área del Golfo de Maine, en las que no hubo interferencias ni apoyos. Así sabría que si ahora los hay no serán tomados en cuenta.

Parece que Humala tampoco sabe que Evo Morales, en medio de sus diatribas contra Alan García, ya ha vaticinado –¡un irresponsable “wishful thinking” públicamente exhibido!– que el fallo de la Corte de La Haya será favorable a Chile.

No hay duda: los peruanos, como nosotros,  tienen un extraño personaje.