Manfredo Kempff Suárez* en La Razón
Ya está de buen tamaño que S.E. esté enredado con los antillanos y bolivarianos. No es posible que nos tomemos en serio eso del “sucre” y del intercambio comercial con Cuba, Nicaragua, Dominica y otros. Estamos con una diplomacia liliputiense. Ansiamos aparentar ser una potencia y somos tan miserables como nuestros socios del Alba. Si S.E. quiere “socios y no patrones”, que busque socios mejores, que nos puedan comprar productos siquiera.
Antes, con quien nos comparábamos, era con Chile. Y Chile nos dejó años luz atrás. Luego nos comparamos con Perú, y, aunque a S.E. le cause ira, Perú ya nos lleva mucha distancia. Ahora parece que nuestra relación, para sentirnos cómodos y ganadores, es Antigua y Barbuda. Y no es que desmerezca en nada —tuve la suerte de conocer Antigua— pero son dos islas diminutas, bellas, donde el turismo, el ron y los cocos dan de comer y beber a su población. Si frente a Antigua y Barbuda no somos importantes, entonces ya no tenemos nada qué hacer.
Eso es lo malo de las mentes estrechas y mezquinas que quieren alejarse de todo lo importante en materia comercial; que les importa más el protagonismo político, el halago, el aplauso, que la realidad. Enemigos declarados de los TLC con EEUU, la UE o China, ni siquiera hacemos buenos negocios con nuestros vecinos. Perdimos la oportu- nidad de ganar platita y de hacernos respetables cuando nuestras reservas de gas eran comentadas y ambicionadas en toda América.
La primera cojudez —siempre he dicho que los bolivianos somos cojudos crónicos— fue creer que nuestro gas era mejor que cualquier otro. No sabemos por qué, pero lo creímos. Ahí aparecieron, por primera vez, los movimientos sociales inspirados en el MAS, que se oponían a que ese gas se vendiera a EEUU y México, saliendo, como GNL, por un puerto chileno. Pero, después, la cojudez mayor ya fue eso del “gas por mar” o la famosa “Tesis de la Molécula”. Consistía en congelar de frío a los chilenos en el invierno negándoles energía y prohibiendo a nuestro comprador, Argentina, que también lo hiciera. Fue una flagrante mala leche la nuestra.
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Chile no quiso saber más del gas boliviano. Decidió importar gas licuado (GLN). Ahora resulta que los chilenos dormirán calientitos en el invierno y que sus industrias no se detendrán, porque Chile no sólo se independizará de sus vecinos, sino que va a exportar gas a Argentina. ¿Gas? ¿De dónde?, se deben preguntar los lelos de nuestra Cancillería. ¡De lo que paga en lejanos mercados ultramarinos! ¿Caro? Si, caro, pero seguro.
Esto es similar a lo de Brasil, que, definitivamente, ha decidido dejar de rogar a Bolivia para que le venda gas. Ahora nos comprará lo que a ellos les dé la gana. Mientras tanto, según Humberto Vacaflor, Bolivia importa combustibles por valor de U$ 530 millones anuales. ¡Y Chile nos vende gasolina sin otra condición que no sea ganar plata!
*Manfredo Kempff Suárez es escritor y diplomático.