El presidente iraní, Mahmud Ahmadinejad seguirá siendo un tirano por más que los presidentes de Bolivia, Venezuela y Ecuador lo llamen “compañero revolucionario” y lo colmen de piropos por las migajas que reparte. El ganador seguirá siendo él, pues con estas visitas y la repartija de espejitos de colores, intenta contrarrestar la pésima imagen que se ha ganado en el mundo por la forma salvaje cómo reprime a sus opositores y obviamente, trata de esconder sus oscuras intenciones que hay detrás del desarrollo de la energía nuclear. La sorpresa esta vez ha sido el encuentro con Lula, que sin duda alguna, tiene mucho más peso que el resto de las alianzas que ha desarrollado en el continente. Pero al menos Lula, que está al mando de una potencia económica, saca provecho para el país y sus habitantes. El intercambio con Irán le dejó a Brasil nada menos que dos mil millones de dólares de superávit en un año y ha pasado a ser uno de los diez socios comerciales más importantes del país asiático. En Bolivia están pensando cómo venderle a Irán unos cuantos sacos de lana de llama.
Bajo el Penoco / El Día