Es muy grave que Bolivia ate su suerte a la de los dos países, Venezuela e Irán, que más se empeñan en desatar vientos de guerra en sus respectivas áreas de influencia
Entre los muchos asuntos importantes pasan en nuestro país sin recibir la atención que merecen, hay uno que por su gravedad no puede ni debe seguir siendo soslayado. Se trata de los cada vez más estrechos y peligrosos vínculos que Bolivia, de la mano de Venezuela, está adquiriendo con uno de los regímenes más repudiables y peligrosos del mundo actual: el de Mahmud Ahmadinejad, presidente de la República Islámica de Irán.
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Las razones que deberían motivar una reacción en contra de tales acercamientos son muchas y de lo más diversas. Y todas ellas tendrían que estar entre las que unan, más allá de cualquier discrepancia, a las principales corrientes políticas e ideológicas que apoyan al gobierno del MAS y a quienes se le oponen. Es que hay un mínimo de principios, valores, razones éticas y prácticas que merecen estar por encima de cualquier otra consideración.
Quienes a lo largo de su vida se han identificado con la defensa de los derechos humanos, y en especial los de las mujeres, por ejemplo, no pueden ni deben ver con buenos ojos ni con indiferencia que Bolivia se alíe con uno de los países que con más crueldad los viola. No pueden ignorar que nuestro país está ligando su suerte con la de un régimen que sistemáticamente asesina, mediante “ajusticiamientos públicos”, no sólo a sus opositores políticos y disidentes religiosos, sino también a miles de hombres y mujeres bajo la acusación de “inmoralidad”. Y eso ocurre cotidianamente, sin contar con las muchas otras atrocidades a las que sin llegar a la muerte son sometidas las mujeres que cometen delitos tan graves como usar prendas de determinados colores.
Pero más allá de consideraciones éticas, y como si éstas no fueran más que suficientes, abundan las consecuencias prácticas que en el actual escenario geopolítico mundial pueden llegar a tener para nuestro país una alianza con quien representa y lidera a una de las más radicales y belicosas corrientes del fundamentalismo islámico. Una corriente que, entre otras muestras que da de lo que es capaz de hacer, expresa sin tapujos sus simpatías con las prácticas exterminadoras de grupos humanos íntegros que caracterizaron al régimen nazi.
Bolivia se está aliando con alguien que franca y abiertamente declara su intención de concluir la obra que Hitler dejó inconclusa y se prepara para hacerlo. La amenaza de “eliminar a Israel del mapa” es algo que ya nadie toma a la ligera y es precisamente por eso que durante estos días los principales gobernantes del mundo, los de Rusia y China incluidos, están uniendo esfuerzos para detenerlo. Es tan amplia la coalición mundial que se está gestando contra el régimen iraní, que incluso el presidente palestino, Mahmud Abbas, se ha movilizado para unirse al esfuerzo
Es en ese contexto que debe entenderse la gravedad de lo que implica que Bolivia ate su suerte a la de los dos países, Venezuela e Irán, que más se empeñan en desatar vientos de guerra en sus respectivas áreas de influencia.