Con semejante peso, Santa Cruz podría ser para la oposición y por tiempo indefinido, lo que La Paz representa para el oficialismo
A menos de un mes de las elecciones del 6 de diciembre, el MAS descarga toda su artillería electoral en Santa Cruz, sabiendo que necesita derribar el muro del “veintitantos” por ciento de votación que no ha conseguido sobrepasar en los últimos años, para lograr los tan ansiados dos tercios, que le permitirían a Evo Morales gobernar el país a sus anchas, como si los últimos cuatro años no hubieran sido el mejor adelanto de un gobierno carente de controles.
Hasta no hace mucho era Pando la región clave para conseguir la hegemonía a través del control congresal, pero el fracaso del acarreo de campesinos a esa región, la sorpresiva candidatura de Leopoldo Fernández y sobre todo, la incidencia del padrón biométrico que trastocó completamente las expectativas oficialistas, obligaron a los estrategas del MAS a poner toda la carne a la parrilla cruceña, donde podrían votar nada menos que 1,2 millones de ciudadanos. Con semejante peso, Santa Cruz podría ser para la oposición y por tiempo indefinido, lo que el departamento de La Paz representa para el oficialismo. Aunque está claro que mientras unos dominan el Gobierno con bastante holgura, los otros mantienen vigente el denominado “empate catastrófico”, eliminado sólo en teoría.
Evo Morales luce desesperado en Santa Cruz, dispuesto a hacer alianzas con cualquiera que le pueda asegurar aunque sea un puñado de votos. En un mes pretende borrar con lisonjas baratas, toda la estigmatización que él mismo ayudó a configurar sobre la región y sus líderes. Como milagrero de plazuela, ofrece pócimas para todos los males y ofertas que nadie hubiera imaginado, como traer el concurso de Miss Universo a esta ciudad y sumarse al Carnaval cruceño.
=> Recibir por Whatsapp las noticias destacadas
A juzgar por las encuestas difundidas en los últimos días, el electorado cruceño no se ha tragado al nuevo Evo Morales pacificador y lisonjero y pese a que desde el liderazgo institucional no se perciben consignas de ningún tipo, la sociología política de la región parece intacta o al menos con posiciones muy parecidas a las que justamente motivaron la fuerte arremetida del MAS.
Cuando se observa este fenómeno ciudadano espontáneo, que también puede manifestarse en Pando, no puede menos que pensar que Santa Cruz puede convertirse en el factor del equilibrio, en el gran contrapeso político que puede impedir el tránsito hacia un régimen dictatorial. Por el contrario, si el MAS consigue “aplastar”, como lo vaticinó el vicepresidente el 6 de agosto pasado, cuando todavía el padrón biométrico no les había doblegado la soberbia y el triunfalismo que los embargaba, el camino hacia la involución de la democracia boliviana será inevitable.
No hay duda que serán días de lucha encarnizada con escenario en Santa Cruz. La iniciativa la tiene el MAS con su violencia callejera, con la movilización de todo el aparato estatal y con sus grandes recursos mediáticos. No es sólo responsabilidad de los candidatos opositores llamar la atención sobre el rol que le toca jugar a la región en el devenir político del país, sino también de todos los líderes e instituciones de convicciones democráticas y que defienden las libertades que ahora están amenazadas.