Nuestro Presidente deberá explicar a la población qué tipo de socialismo pretende, en qué va a consistir y en qué va a beneficiar a las mayorías…
La nueva Cumbre de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (Alba) decidirá la próxima semana, en Cuba, el tipo de socialismo que se impondrá en los países miembros.
Con un presidente reelecto el domingo con una mayoría del 63 por ciento de los votos, Bolivia asistirá a esa cita para apostar por su “socialismo comunitario”, que puede ser diferente al “socialismo del siglo XXI” que pregona su par venezolano. Sin embargo, ninguno de los dos ha sido claramente explicado por sus mentores que tienen como denominador común la palabra “socialismo” y la posición antiimperialista de los gobiernos de los países miembros de ese organismo.
El Presidente de Venezuela, en la reciente Cumbre del Alba, realizada en Cochabamba, y que se caracterizó por el ausentismo de la mayoría de los mandatarios de los países integrantes, advirtió que a la cita de Cuba no debería faltar ningún presidente, ni siquiera Castro, y que si faltara alguno, la reunión debía suspenderse porque allá se decidirá el socialismo que se adoptará. Por lo tanto, es una reunión crucial que puede definir el rumbo de nuestro país.
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Cualquiera que sea el socialismo que vaya a adoptarse, debería ser diferente al de Cuba que, en sus 50 años de revolución, no ha logrado desarrollarse como país ni lograr el bienestar de sus habitantes, quienes siguen viviendo en condiciones paupérrimas.
El hambre y la miseria son la característica del modelo socialista que impera en la isla del Caribe, como lo son también la falta de libertad y el desprecio a los derechos humanos. La gente tiene miedo a hablar y hasta a pedir limosna por temor a las represalias de la jerarquía socialista que es la única que tiene condiciones decentes de vida. Esas grandes mayorías, después de 50 años, siguen gritando: “Patria o muerte, venceremos”, pero en medio siglo no han vencido las miserables condiciones económicas en las que viven, sin derecho a un techo propio, porque todo es del Estado; ni libertad, ni dinero para viajar, ni para comprar nada porque el comercio ha desaparecido con la revolución y se han impuesto los restringidos cupos de ropa y comida; ni tienen libertad para expresar sus ideas libertarias.
Nuestro Presidente, que obtuvo una arrolladora victoria, quiere imponer el socialismo en nuestro país. Antes de hacerlo deberá explicar qué tipo de socialismo pretende, en qué va a consistir y en qué va a beneficiar a las mayorías que lo eligieron. No puede poner en riesgo el bienestar nacional sólo por seguir políticas foráneas que no coinciden con el pensamiento obrero, campesino y de las clases medias que lo llevaron al poder. Es cierto que debe acelerar los cambios para mejorar las condiciones de vida para todos, es saludable que luche contra la corrupción y que cumpla su promesa de entablar el diálogo y consolidar la democracia. Es bueno su compromiso de unir a los bolivianos. Pero también será bueno que todo se haga acatando las leyes y respetando las libertades y los derechos humanos.