…y el enemigo común los junta


Marcelo Ostria Trigo

MarceloOstriaTrigo_thumb1 El presidente del Ecuador, Rafael Correa, acaba de recibir de la Universidad de La Plata, Argentina, la distinción “Al Presidente Latinoamericano por la Comunicación Popular”. Antes, los galardonados fueron los presidentes Hugo Chávez y Evo Morales. Por supuesto que esta curiosa serie de premiados por esa universidad tendría que completarse con los hermanos Castro y Daniel Ortega y, por qué no, con Cristina Kirchner por su denodada lucha contra el diario independiente Clarín.

Esta charada pone en evidencia a una universidad, supuestamente templo del saber, que por su sectarismo se extravía.



Rafael Correa, como flamante premiado, fue abordado por la prensa argentina. Claro que se conoce su aversión a los medios independientes y que él, personalmente, libró desiguales batallas judiciales –es decir, con ostensibles ventajas a su favor– contra periodistas y diarios que criticaron a su régimen y a su desempeño como presidente. Pero esta vez, no fue la animadversión de Correa a la prensa la causa de un profundo malestar. Fue su empeñó en defender al presidente iraní, Mahmoud Ahmadinejad, y en minimizar la barbarie del atentado atribuido a los ayatolas contra la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), que causó la muerte de 85 personas inocentes, entre ellas 7 trabajadores bolivianos.

En la entrevista a Correa se le pidió su opinión sobre la reiterada negativa de Teherán a entregar a la justicia argentina a los acusados del atentado. Así respondió: “Conozco ese caso. Es muy doloroso para la historia argentina, pero vea cuántos murieron en el bombardeo de la OTAN a Libia (y que luego generó la caída del régimen de Muammar Khadafy). Comparemos las cosas también y veamos dónde están los verdaderos peligros; no debemos manipular”.

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¿Qué impulsa a Correa, y a sus socios de la ALBA, a apoyar a los ayatolas? La eclesiocracia iraní, fuera del autoritarismo, no tiene similitudes políticas con los regímenes populistas latinoamericanos. Esto sólo se comprende por aquello de “el enemigo de tu enemigo, es tu amigo”. El populismo odia a Estados Unidos y a Occidente, por todo y por nada, y Teherán comparte esa aversión, pues lo gobiernos democráticos son obstáculos para su audaz plan de imponer en el mundo la “sharía”, el modo de vida islámico obligatorio.

Al final, el fanatismo los crea y el enemigo común los junta.

Epílogo: Rafael Correa ya ha anunciado que "no pedirá disculpas”; que "no se siente culpable" por comparar el ataque a la mutual judía argentina con los bombardeos de la OTAN a Libia. Su cinismo era de esperar…

El Deber – Santa Cruz