Miguel Arregui
El escritor peruano Mario Vargas Llosa, premio Nobel de Literatura 2010, es un provocador. No es novedad: alcanza con leer sus ensayos y columnas de opinión en los periódicos. Tampoco es novedad que gusta nadar contra la corriente y meter sus dedos en la boca de quien quiere morderlo, y sacarlos justo a tiempo. El jueves 11 de abril, en Rosario, Argentina, habló maravillas de la ex primera ministra británica Margaret Thatcher, fallecida tres días antes. Una provocación y una metedura de mano en la boca del lobo.
"Yo viví en Londres durante los años de gobierno de Margaret Thatcher (1979-1990) y puedo hablar en primera persona de la extraordinaria transformación que vivió Inglaterra durante esos años", afirmó en rueda de prensa. Thatcher "defendió los valores de la democracia y la libertad ante el avance del comunismo", y "con las privatizaciones hizo renacer el espíritu empresarial y devolvió la confianza a los británicos", añadió.
Hablar bien de Margaret Thatcher en Argentina es difícil. "La tremenda señora Thatcher, siempre segura de sí misma", al decir del historiador marxista Eric Hobsbawm, envió la flota y los paracaidistas británicos a recuperar las islas Malvinas que habían ocupado en abril de 1982 unos generales-dictadores argentinos que sobrestimaron sus fuerzas y subestimaron la voluntad política y militar de sus rivales.
Tú también, Lula
Sabiendo muy bien dónde estaba, Mario Vargas Llosa insistió: Thatcher "es una figura criticada desde la perspectiva argentina, pero llevó a cabo una revolución extraordinaria. Gran Bretaña estaba en decadencia económica, social y cultural, el socialismo había empobrecido al país y Thatcher utilizó los argumentos de la libertad para cambiar los espíritus".
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Y siguió de largo. "Es un espectáculo lamentable ver a presidentes democráticos, que impulsaron políticas democráticas, y ver su complicidad en el plano internacional con populismos o semi dictaduras", estimó. "El caso más escandaloso es el de Lula, que impulsó la economía privada y las inversiones (en Brasil), y (es) un propagandista escandaloso del chavismo, que representa la negación más absoluta de las libertades".
"Es patético ver (al chileno Sebastián) Piñera abrazado al cadáver de (Hugo) Chávez o (al peruano Ollanta) Humala, que está llevando a cabo una excelente política económica, diciendo que Chávez era un ejemplo a seguir", sostuvo.
Vargas Llosa habló durante las reuniones de la Fundación Libertad, un think tank conservador, a las que asistieron también el exjefe de gobierno español José María Aznar y el expresidente uruguayo Luis Alberto Lacalle.
Militantes de izquierda de Argentina protestaron el viernes 12 en el centro de Buenos Aires contra la presencia en el país de Vargas Llosa y otros líderes liberales. Algo similar ocurrió en Rosario.
Utopía liberal
En su juventud "Varguitas" coqueteó con la izquierda pero a partir de 1980 viró hacia el liberalismo y denunció cualquier dictadura, incluyendo la cubana, un mito latinoamericano. Cambió la utopía del socialismo por la utopía de la libertad. "¿Cómo explicar la fascinación que el mito de la violencia redentora ejerce sobre tantos pensadores y artistas?", escribió una vez.
La izquierda lo masca pero no lo traga. Así, por ejemplo, la Universidad de la República de Uruguay lo designó doctor honoris causa en 2012 después de discutirlo largamente, con el voto en contra de la representación estudiantil.
Vargas Llosa incluso fue candidato a la Presidencia de Perú en 1990. Ganó la primera vuelta pero fue derrotado en balotaje por un "chinito" desconocido hasta poco antes: Alberto Fujimori. Narró la experiencia con gran vigor periodístico y cierto rencor en El pez en el agua (1993).
Muy temprano, a principio de los `90, Vargas Losa propuso legalizar el consumo de cocaína y otras drogas, la eutanasia y el aborto, y a la vez trataba al "subcomandante Marcos", el líder zapatista mexicano entonces de moda, de "idiota enmascarado". Y así hasta el infinito.
La civilización frívola
Vargas Llosa visita Uruguay de tanto en tanto, y casi siempre concurre, como la primera vez, a la librería Linardi y Risso en busca de alguna edición rara. El 15 de abril de 2011, en una conferencia en la Universidad Católica de Montevideo, advirtió sobre el riesgo del consumismo y la frivolización; habló de la traición de los intelectuales y artistas a las democracias liberales de las que se sirven, y advirtió que la cultura frívola de la diversión se ha convertido en un valor central.
Para su gusto esta es La civilización del espectáculo, título del ensayo que publicó en 2012. Según Varguitas la cultura ya no es lo que era, y para su gusto todo es superficial y efímero. El tiempo no pasa en vano y a sus 77 años muchas cosas pueden ser un escándalo, o no valen la pena, o se vuelven incomprensibles.
Algunos críticos de izquierda le adjudicaron una visión "elitista" del fenómeno cultural. Es políticamente correcto cuestionar sus novelas y, sobre todo, sus ensayos y columnas. Pocos se atreven a alabarlo en público, aunque sus libros se vendan como pan caliente. Hay algunas excepciones notables. Por ejemplo el ex secretario general del Partido Comunista de Uruguay, Jaime Pérez, ya fallecido, narró que nunca se perdía una de las columnas de opinión de Vargas Llosa, casi sin excepción apologistas de la libertad y del liberalismo político y económico.
La tía Julia y Margaret
Por donde pasa incita y levanta tempestades. De alguna forma sigue siendo aquel muchacho de 19 años, al que sus amigos llamaban Varguitas, que reescribía noticias robadas de diarios para leerlas en un informativo radial de poca monta en Lima, y que se casó con su tía Julia, que era mucho mayor que él y tenía unas piernas muy buenas. Y que luego se fue a París, porque su casamiento fue un escándalo familiar, y porque quería ser escritor, y un verdadero escritor debe vivir alguna vez en París. Y que trabajó en siete oficios mientras escribía sus primeras novelas, hasta que La ciudad y los perros a principios de la década de 1960 lo puso en el centro de la nueva novela latinoamericana.
Y Margaret Thatcher es también un antiguo amor, aunque no tanto como la tía Julia.
Cuando renunció como primera ministra en 1990 le envió un ramo de flores con una tarjeta que decía: "Señora: no hay palabras bastantes en el diccionario para agradecerle lo que usted ha hecho por la causa de la libertad".
Con la tía Julia en París
Vargas Llosa en París con Julia Urquidi, su tía política, con quien se casó cuando tenía 19 años. Ella le llevaba diez. Se instalaron en la capital francesa cinco años después, en 1960, porque cualquier escritor latino que se precie debe vivir en París alguna vez. Él terminó La ciudad y los perros, una novela que, con efecto retardado, le daría un gran prestigio. Se divorciaron en 1964 y un año más tarde el escritor se casó con su prima Patricia Llosa, con quien tuvo tres hijos. Vargas Llosa recién pudo vivir plenamente de la literatura a partir de fines de los `60.
Puñetazo a García Márquez
Si Mario Vargas Llosa se atreve a hablar bien de la Thatcher en Argentina es porque en cierta forma sigue siendo el mismo tipo que le pegó una soberbia trompada en un ojo a Gabriel García Márquez por cuestiones de polleras, porque esa es siempre una buena razón para pelear, aunque eso ocurrió mucho antes de que ambos ganaran el Nobel de Literatura, porque los premios Nobel no andan a los puñetazos por ahí. El incidente ocurrió en 1976 y García Márquez se hizo fotografiar con un ojo negro. Hasta entonces ambos escritores habían sido grandes amigos.
Confesiones de un liberal militante
"Como ocurría con los trotskistas, cuando todavía existían, cada liberal es, en sí mismo, potencialmente, una herejía y una secta (…). Como el liberalismo no es una ideología, es decir una religión laica y dogmática, sino una doctrina abierta que evoluciona y se pliega a la realidad en vez de tratar de forzar a la realidad a plegarse a ella, hay, entre los liberales, discrepancias profundas. Respecto a la religión, por ejemplo, o a los matrimonios gays, o al aborto, y, así, los liberales que, como yo, somos agnósticos y defendemos el matrimonio homosexual, somos a veces criticados con dureza por otros liberales. Esas discrepancias son sanas y provechosas, porque no violentan los presupuestos básicos del liberalismo que son la democracia política, la economía de mercado y la defensa del individuo frente al Estado (…). Creemos que la libertad es el valor supremo que hizo progresar a la humanidad desde la caverna…".
El País – Montevideo