Emilio J. Cárdenas*
La reciente denuncia del "Grupo de Diarios América", en forma de oportuna nota editorial común, en la que se denuncia y condena la decisión del Consejo Permanente de la OEA de no considerar la violenta crisis venezolana, no hace sino explicitar como Nicolás Maduro -bajo la batuta de Cuba- ha ido -paso a paso- dinamitando y desnaturalizando al sistema interamericano todo.
En rigor, más aún, sometiendo a sus designios al conjunto de organismos regionales, de modo de transformarlos en meros instrumentos de defensa de su fracasada ideología. En instituciones que, cuanto más, deberían (en la visión cubano-venezolana) funcionar cual eunucos.
Esto y no otra cosa significa dar al principio de “no intervención” la categoría de norma superior a los derechos humanos y a las libertades civiles y políticas esenciales, incluyendo la libertad de opinión y expresión.
Esto es realmente gravísimo, por todo lo que significará -si no reaccionamos- para los pueblos de la región a los que, como uno de los objetivos finales, se pretende despojar de una protección independiente de sus derechos humanos y libertades individuales. Como ya ha sucedido concretamente con el propio pueblo de Venezuela, al que se ha privado de las garantías del Pacto de San José de Costa Rica, sin que la región haya salido masivamente en su defensa.
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Pero también es absolutamente decisivo en el esfuerzo en marcha por procurar inutilizar o neutralizar todos los mecanismos regionales de defensa de la democracia, lo que es -nuevamente- gravísimo.
Una primera consecuencia de esto último es el levantamiento de las inmunidades parlamentarias de la valiente diputada independiente venezolana, María Corina Machado, ahora a merced de los bolivarianos, que no dudaron -un solo minuto- en despojarla de la protección que deriva del hecho de haber sido electa por el pueblo de Venezuela bajo reglas de juego púbicas y comunes para todos.
Nada importó a los gobiernos que conformaron la mayoría que adoptó la condenable resolución que estamos frente a violaciones ostensibles de los derechos humanos y libertades esenciales; ni que se hayan afectado libertades centrales del pueblo de Venezuela; ni que se haya desfigurado brutalmente a la democracia, hasta hacerla irreconocible; ni que se reprima a las protestas pacíficas con una violencia inhumana, cometiendo abiertamente crímenes de lesa humanidad; ni las persecuciones políticas y encarcelamiento de los líderes de la oposición con argumentos torpes; ni los ya 36 muertos acumulados y centenares de heridos; ni el encarcelamiento de periodistas; ni la compra de votos de pequeños países mediante el uso desenfadado del crudo que reparte Petrocaribe, lo que supone una humillación que además configura una violación de la soberanía de los países presionados.
Los responsables de lo ocurrido están a la vista de todos.
Han sido los gobiernos de Argentina, Brasil, Venezuela, Uruguay, El Salvador, Nicaragua, Trinidad y Tobago, Bolivia, Ecuador, Antigua y Barbuda, Dominica, San Vicente y las Granadinas, Santa Lucía, Bahamas, Belice, Granada, Guyana, Haití, Jamaica, San Cristóbal y Nievas, Surinam y la República Dominicana. La historia los juzgará por haber deslegitimizado a la OEA.
En cambio, votaron en favor de la transparencia y la libertad: Costa Rica, Chile, Perú, Colombia, Estados Unidos, México, Canadá, Guatemala, Honduras, Paraguay y Panamá, el corajudo país ponente que resultara vencido por los bolivarianos y sus compañeros de ruta.
No es un episodio más. Es parte de una estrategia clara, que venimos denunciando desde hace rato ya. Que tiene expresión en el sometimiento grosero de la UNASUR a los gobiernos marxistas y bolivarianos que la controlan. En la inclusión de Cuba en el diálogo regional, que supone quitar toda trascendencia a la necesidad de respetar la democracia. Y en las decisiones de la propia CELAC, proclive a hacer la vista gorda a la violencia represiva siempre desplegada por el gobierno de Venezuela, que naturalmente es apenas una expresión inequívoca más del conocido componente criminal que históricamente ha caracterizado a los regímenes marxistas. A lo que hay que agregar los distintos mecanismos utilizados -más o menos sutilmente- para, en los hechos, excluir del diálogo regional a los países de América del Norte y de América Central, incluyendo hasta a México. E incluir a Cuba, en cambio.
Por esto, nuestro aplauso al “Grupo de Diarios América” por su alerta regional, y nuestra expresión de una profunda preocupación por el rumbo de la región, que aquí hacemos explícita.
*Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones
El Diario Exterior – Madrid