Se cae el mito


ROLANDOKRolando Tellería A.*Ciertamente, en la estrategia central de la reproducción del poder, los” intelectuales transgénicos” del bloque dominante azul, apostaron a la construcción del “mito” Evo Morales; con extraordinarios réditos políticos y electorales. Cotidianamente, en estos diez años de gobierno, el mito fue alimentado intensamente a través de un conjunto de “relatos” dirigidos a estimular e incentivar la identificación  de las masas y el imaginario popular con el mito.El ejercicio del poder y la acción política del régimen masista, se doto de notable significación y legitimidad con esta estrategia. La “revolución democrática y cultural” y el “proceso de cambio” tuvieron, como principal pilar de sostén, a la poderosa imagen del mito que, como el mesías, habría sido enviado del cielo, para salvar a los pobres y a las grandes mayorías nacionales, antes siempre excluidas, marginadas y discriminadas. El mito Evo Morales, se construyó sobre la base de un extraordinario líder indígena, desposeído de los vicios y los pecados de los demás mortales, incapaz de mentir y robar, movido únicamente por la pasión de la justicia.Los “intelectuales transgénicos” de la élite azul, alimentaron intensamente este conjunto de creencias, con símbolos e imágenes que apelan a lo emocional, utilizando todos los medios disponibles, sobre todo, aquellos de alcance popular. Sin descuidar, claro, impresos gráficos, como el libro “Mi vida, de Orinoca al palacio”, que obligatoriamente deben leer todos los estudiantes de primaria, precisamente, para alimentar ese sistema de creencias, con el fin de integrar y movilizar, más adelante, a los hombres y las masas en la acción política.La fuerza electoral del Movimiento al Socialismo, impulsada por la imagen del caudillo convertido en mito, fue inigualable e imbatible. De ahí, el énfasis en divinizar al líder, en detrimento de la construcción ideológica, la formación y promoción de nuevos cuadros, así como el fortalecimiento institucional de ese partido. El desarrollo del “proceso de cambio”, radico mezquinamente en esa imagen, inviabilizando, en el tiempo, la sostenibilidad del “proceso”. Siendo, entonces, la única posibilidad de reproducción del poder, la imagen del súper caudillo. Ahí radica, precisamente, la estrategia oficialista del 21F.Sin embargo, la excesiva y perniciosa concentración del poder, así como las cotidianas aleluyas, loas y alabanzas de su inmensa corte de aduladores, expusieron de sobremanera al líder a las tentadoras pasiones humanas. Las últimas denuncias de corrupción, que nunca habían alcanzado al caudillo -pues se encontraba como blindado-, así como las secuenciales mentiras comprobadas, derrumbaron al mito, despojándolo de su aura de líder indígena incorruptible. Sobre todo las mentiras, una tras otra, acabaron, en una suerte de striptease, desnudando  al mito. En la conciencia popular, ahora, la imagen de Evo Morales es como la de cualquier mortal: potencialmente débil frente a los placeres de la carne, la acumulación material, la mentira y el engaño.Las vetas de la corrupción masista, por primera vez, luego de diez años, alcanzaron al “mito”. Se cae el disfraz y se impone la realidad. Se derrumba aquella imagen laboriosamente construida de un hombre superior, alejado de las pasiones humanas, incapaz de mentir y de robar.Con ello, claro, también se desmorona la principal y única fortaleza del MAS, que desaprovecho la oportunidad histórica, de diez años formidables en el poder, para construir, en rigor, un partido en todo el sentido de la palabra. El declive es inminente. Estamos, por lo tanto, en un punto de inflexión.*Profesor de la carrera de Ciencia Política de la Universidad Mayor de San SimónLos Tiempos – Cochabamba