Ernesto Ferrante: “El secreto es que la estrella es el show”


 Con Hugo Daza, su “hermano por elección”, como reitera frecuentemente, cumplieron 34 años de su llegada a Santa Cruz. Ambos dirigen el segundo show de humor más antiguo del país después de Tralalá, su casa matriz. En esta charla con OH!, Ernesto Ferrante recuerda parte de esa historia, cita las singularidades de Chaplin Show y describe cómo se proyecta su nueva etapa —¿Cómo y cuándo decidió ser humorista?—El colegio para mí siempre fue un lugar de diversión más que de estudios. Recuerdo que cuando nos preparaban para la primera comunión, el padre nos decía: “Ustedes tienen que prepararse para pedirle a Dios qué quieren ser”. Y no especificó de qué. Yo tenía unos 12 años, esa época estaba de moda Superman y yo quería ser Superman. Cuando recibí la comunión, quise probar mis poderes, pero no funcionaban, por ejemplo, la vista rayos X para atravesar el pupitre ver el cuaderno y no tener que estudiar.Entonces me dije que el reto era mayor y busqué volar de la grada del segundo piso al aro de básquetbol, pero me estrellé. Me saqué tal visera negra en la frente que ni mi madre me reconoció cuando la llamaron. Entonces decidí no ser un superhéroe. Pero me di cuenta de un fenómeno: cuando la góndola del colegio me dejaba en casa, y yo salía y me hacía al que me caía, todos los compañeros se mataban de risa.Eso sucedía todos los días. Incluso, un día en que caí de veras y me luxé un tobillo, y ellos no se dieron cuenta, y se fueron riendo. En ese tiempo, acuñé un término para el resto de mi vida: “divertidor de amigos”. Lo fui cultivando en el colegio y luego en la universidad. —¿Y el salto a las tablas?—Apareció la posibilidad de hacer teatro con la familia Travesí y René Hohestein. Participé con ellos en tres obras de teatro, muy bien realizadas, incluida “Vamos a jorobar al mundo”, que ganó todos los festivales de teatro que hubo en Cochabamba. Pero al concluir, cuando me pidieron que realicemos otras, me di cuenta que lo mío no era el teatro. Entonces ya actuábamos con Hugo Daza, y Cecilia y Peter Travesí nos sugirieron que hagamos shows para niños.Los empezamos a realizar en La Fuente de los Deseos, donde estaba el Isidoro. De Isidoro botaban a las 5:00 al último borracho y nosotros nos poníamos a barrer y a armar la tarima. Y realizábamos el show de los niños, pero nos dimos cuenta de que los padres se divertían más que los niños. Entonces Peter dice: “Hagamos show para grandes”. Ahí nació Tralalá. —¿Y cómo fue la primera actuación humorística con papel propio? ¿Cómo fue el debut?—En realidad éramos relleno. Las estrellas eran Peter Travesí y Dennis Lacunza. Hugo, yo, los chicos del baile entrábamos para rellenar. El primer papel que hice solo fue el de borracho, que fue creado para un show.Cecilia me dijo: “Vas a entrar de borracho en medio del público. Hablas dos cosas con Dennis, mientras se cambia Peter Travesí”. A mí me daba vergüenza porque iba entre la gente, y la gente ponía cara de ‘este borracho se ha entrado dentro del boliche’. No me querían mirar, no querían hablarme, se alejaban. Y, mire, se quedó 36 años el personaje conmigo. —¿Cuál considera que es la razón del éxito del borrachito? ¿Cuando se le pasan algunas copitas se le parece?—Nooo, no creo. Ese personaje gusta mucho a la gente porque todo borracho es grotesco. Pero a este personaje le hemos sacado la parte grotesca y ha quedado la parte risueña. Entonces la gente no ve un borracho violento o torpe, sino ve a alguien que dice cosas que mucha gente quisiera decir, pero no las puede decir. Por eso el personaje sigue pegando. La gente lo extraña. En el actual show no está y tampoco estuvo en el anterior, y no falta quien nos pregunte cuándo vuelve. Pero por ahora está todavía en recuperación. —El borrachito o los “runtus”, que hacía con Hugo Daza, eran una parte importante, hoy muy recordada de Tralalá.—Con Hugo, éramos estudiantes de Arquitectura y nos contrataron como artistas. Estuvimos dos años y nos botaron, literalmente. Si yo en esa época hubiera sido Cecilia Travesí, igual me hubiera botado. Era insoportable. Lidiar con el ego y el éxito es muy difícil en el artista.Nos botaron y yo estaba seguro de que nos iban a volver a llamar. Hugo me decía: “¿Qué hacemos, hermano? Vamos a hablarles”. Yo le respondía: “Nooo, éstos, sin nosotros, no van a ser nadie, nos van a llamar”. Y no nos llamaron. Tres semanas después hicieron el mejor show de Tralalá, sin nosotros.Eso me marcó la vida. Me enseñó muchísimo sobre la humildad porque era un tipo muy engreído. Bueno, también tenía 22 años. Entonces nos dedicamos a terminar la carrera de Arquitectura. Hasta que luego se dio la posibilidad de organizar Chaplin Show.Buscamos la posibilidad de hacerlo en Cochabamba, pero surgieron muchas trabas. Así que optamos por Santa Cruz. En abril de 1985 nos vinimos y el 28 de agosto presentamos el primer show.—¿Qué tan estresante es hacer humor?—Más bien, más que estresante, es la mejor terapia. Es como lo que hacemos ahora, pero para usted. Usted está envuelto en lo que le gusta, en su salsa. No está estresado, más bien está produciendo. Igual pasa con nosotros.Claro, hay nervios, en la primera función hay nervios. Hasta ahora siento los nervios de cada primera función. Entrar la primera función al show da nervios. Pero sé que el día en que no sienta eso lo voy a dejar. —¿Y cuándo se encarna eso de que el show debe continuar mientras paralelamente uno vive una desgracia, una enfermedad o un problemón?—Algo que aprendí a lo largo del tiempo en esto que hago es que mi misión es darle alegría a la gente. Eso implica olvidarte de lo que te pueda pasar. Si no, no se puede llegar a la gente. Si no trascendemos un problema, a la gente no le damos alegría sino nuestros problemas. Eso implica una gran capacidad de renuncia. —¿Puede contar alguna anécdota de show especialmente complicado?

—Claro, varias. Por ejemplo, yo padezco migraña desde mis 19 años y he sufrido ataques fuertes de migraña en pleno escenario. Tuve que salir rápidamente a vomitar porque los dolores son fuertes, pero la gente no se da cuenta. Una vez, me estaban poniendo una serie de tres inyecciones y justo, en medio show, recuerdo que debía colocarme la tercera y la había olvidado. Apareció una persona que se ofreció a completar la dosis, pero no le avisé que yo soy alérgico al clofenaco. La dosis contenía ese compuesto y, pese a que le habían añadido un antialérgico, me afectó. Cuando volví al escenario empecé a ver a María Renée Liévana con unos brillos extraños. Le dije que siga ella sola y salí. Minutos después, estaba llegando con 4 de pulso a la clínica y pasé a terapia intensiva. Esa noche, tras un breve ajuste, el espectáculo continuó.

Otra vez, a un actor, Alvarito, se le murió el papá. Estábamos en pleno show y hacíamos un número en un velorio. Hay muchos actores que debieron sobreponerse a lo personal, algunos no lo lograron. —¿Incluso cuando la baja es uno de los actores principales?—Uno de los éxitos de Chaplin Show es que la estrella es el show, no un personaje. Probablemente, alguno destaque por mayor aptitud o talento, pero no apuntamos a que Ernesto, Hugo, Ian, María Renee o Bruno sean las estrellas. No escribimos para que sean la estrella, como en otros lugares. —Y se han constituido en virtual escuela de formación de talentos.—Toda la gente que hoy actúa en Santa Cruz, en todo lado, inclusive en la televisión, ha pasado por aquí. Excepto Ronico Cuellar, quien actuó dos fines de semana con nosotros. Todos los demás, todos, en los elencos que hay en Santa Cruz, salieron de Chaplin Show. —La ruptura con Adolfo Mier y otros excompañeros seguramente marcó un antes y un después tan fuerte como aquél de la salida de Tralalá.—La ruptura con uno de los socios obviamente no ha sido traumática por la ruptura en sí. Me imagino que en Bolivia se venden acciones de capital por miles cada día. Ha sido traumática por el post operatorio. Pero para nosotros fue algo muy bueno. Nos enfocamos en reinventarnos.Ese remesón sirvió para darnos cuenta de que estábamos demasiado cómodos, en nuestra zona de confort. Estábamos repitiendo cosas, ya no creábamos nada. Desde la ruptura, Chaplin despegó. —¿Qué planes tienen para el futuro?



—Chaplin, pese a los 33 años que tiene, sigue joven. Ustedes que han visto el último show saben que hay Chaplin para rato, con gente muy talentosa. No pretendo dejar esto, pero sí estamos empezando a dar paso a los más jóvenes en el sentido de ser cada vez más la frutilla del postre. Pero los planes en sí que tenía, los tengo hechos para hoy día. A través del desenvolvimiento espiritual he aprendido a vivir el eterno presente.

Fuente: Los Tiempos

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