Jose Orlando Peralta
El tiempo (antes y después del 22-E) ha construido a dos Jeanines: la presi- salvadora y la presi-candidata. La aparición de la primera fue oportuna, la aparición de la segunda es oportunista, pero ambas son legales y legítimas.
Aquí viene la cuestión: ¿Cómo entender estos dos papeles de cara a las elecciones del 3-M?
1.La presi-salvadora. Desde el 12-N, Añez asumió la función pública en un momento político duro y crudo con el que supo lidiar. Esa virtud política insospechada otorgó mayor contenido y sustancia a la idea del empoderamiento de la mujer en Bolivia. Rápidamente acumuló un capital político y se convirtió en una actora política admirada por propios y extraños, excepto por los masistas dolidos por la caída y huida de su jefazo.
En este contexto encarnó el relato de la pacificación y unidad de los bolivianos, por lo que la gente se sintió identificada y emocionada con su imagen de mujer firme, serena y clara con sus ideas. Bajo estas condiciones y la imposibilidad de concretar un proyecto político unificado entre todas las fuerzas opositoras al MAS, un sector de demócratas abre bien los ojos.
2. La presi-candidata. Después del 22-E, Añez se lanza al escenario electoral patrocinada por su partido demócratas. Es incuestionable que tiene el derecho político (CPE) y la legitimidad (militantes de su organización y ciudadanos simpatizantes) para ser una opción en la oferta electoral. Ahora bien, ¿por qué su aparición cómo candidata es oportunista? El marco organizacional e institucional del Estado está hecho a la medida del MAS, es decir, en los procesos electorales del 2009, 2014 y 2019,la cancha estaba inclinada (leyes y normas) para favorecer el sistema presidencialista y por ende a Morales Ayma. Esta desventaja política- electoral la sufrieron los propios demócratas y las alianzas opositoras que se enfrentaron en los procesos eleccionarios al partido azul, pero con el salto de Añez todo ello queda en el olvido: el cálculo político ligero (viveza criolla) tuvo primacía sobre la agenda de la generación de las pititas que Añez, como presi-salvadora, estaba representando muy bien. Ahora, como presi-candidata, quiere que predomine su papel de presi-salvadora pero cuando empieza a instrumentalizar sus recursos simbólicos (imagen de salvadora) y materiales (investidura presidencial) para competir. Es decir, es como si ella manejara un Ferrari (del Estado) y los demás candidatos compitieran con sus petas (particulares) en la carrera electoral, tal cual lo hizo Morales en las anteriores contiendas.
Sin duda alguna Jeanine Añez representa el empoderamiento de la mujer y es su momento político, pero si juega con la cancha inclinada a su favor estaría desvirtuando su capital político acumulado y por ende, generando un corto circuito con la rebelión ciudadana del 2019 que justamente demandaba otra forma de pensar y hacer política en Bolivia.