Cuenta una historia de ciencia ficción que, cuando Dios creó el espacio territorial hoy llamado Bolivia, no escatimó esfuerzos en asegurarse que no le falte absolutamente nada: infinitos recursos naturales, majestuosas cordilleras, hermosos valles e inmensas llanuras, diversidad de climas, extraordinarios paisajes. Entonces su consejero le observó y dijo: ¿Cómo puedes darle tanto, mientras otros lugares son menos favorecidos?, y Dios con su sabiduría le respondió: «espera, ahora termino para que todo esté compensado, voy a completar mi obra e hizo al hombre boliviano».
Revisando la historia de este nuestro querido país, en estos casi 200 años de independencia y haciendo una muy simple síntesis, nos damos cuenta de forma asombrosa de lo mal que han sido administrados sus recursos, respondiendo a intereses foráneos, con la tolerancia y en algunos casos con la complicidad de los propios bolivianos. El resultado de ese desastroso manejo se observa hoy, que en el presente siglo 21 estemos como estamos, aún en un nivel de subdesarrollo. Debemos reconocer que solo en la época republicana, toda región parte de nuestro territorio, tuvo su época de auge y definitivamente no fue aprovechada en función a los intereses nacionales y aún hoy existen pueblos sumidos en la pobreza.
Tenía el propósito de empezar este nuevo año con más optimismo, sin embargo, al observar los últimos acontecimientos, los desastres que podemos provocar y la autodestrucción de la que somos capaces, me cambio totalmente la mirada y el pensamiento, asombrado cada vez más de nuestro comportamiento individual y colectivo.
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Es realmente sorprendente e incomprensible observar cómo reaccionamos de una forma totalmente irracional, haciéndonos daño a nosotros mismos, sin tener la capacidad de proponer otros recursos más pacíficos que no sean los de la confrontación, de la violencia e intolerancia. Todos sabemos que los paros, los bloqueos, los atentados y destrucción de los edificios, a entidades y bienes públicos, la convulsión social generalizada, la alteración a la paz social, solo nos causa grandes pérdidas económicas, daños irreparables a la salud pública y un gran perjuicio a todos los bolivianos que aún no se reponen de, la grave crisis político social del 2019, la Pandemia del Covid-19 y el reciente paro cívico de 36 días. Desastres provocados, algunos irreparables como el daño a la imagen internacional y otros daños materiales que luego debemos reponer con nuestros propios y escasos recursos.
Santa Cruz, el departamento de las grandes oportunidades y esperanza de muchos bolivianos, con las condiciones únicas de constituirse en el Centro de Inversiones y Negocios a nivel Continental, convertida ahora de forma totalmente absurda e incomprensible en un espacio de conflictos e inestabilidad político y social, está perdiendo el gran atractivo de quienes aún ven en esta región un potencial enorme de inversiones y desarrollo productivo para el bien de todos.
Haciendo abstracción de que, si se trató de un Golpe de Estado o si hubo Fraude Electoral en Bolivia el año 2019, lo totalmente cierto es que existieron delitos con múltiples víctimas mortales y delitos contra los bienes e intereses del Estado. Todos los ciudadanos en un Estado de Derecho estamos obligados a ajustarnos a determinadas normas y leyes, sencillamente debemos cumplirlas y sobre todo los gobernantes de este país deben ser los primeros en dar el ejemplo sin esperar ningún privilegio. Todo aquel que cometa un acto contrario a la Ley, deberá someterse a un debido proceso, el sistema judicial a pesar de sus defectos resulta insustituible para atender situaciones que enfrenta el ciudadano y el mismo Estado, cuando se producen situaciones que comprometen el orden público y la propia democracia.
Todos estamos de acuerdo en que no se debe politizar la Administración de Justicia, condenamos la alteración del Estado de Derecho y la vulneración de las garantías constitucionales, sostenemos que es prioritario asegurar la total independencia de los poderes del Estado, pero tampoco debe ser una excusa para no cumplir con las leyes y pretender la impunidad.
Somos especialistas en hacernos daño a nosotros, un ejemplo, lo que ha pasado con la celebración del carnaval “La fiesta grande de los cruceños” es irracional e inconcebible. Miles de ciudadanos que esperan esta gran oportunidad para generar ingresos que le permitan mejorar su calidad de vida, realizando diversas actividades relacionadas con esta fiesta, han visto frustrados sus planes por la actitud de un grupo de radicales.
Ahora la encarnizada batalla interna dentro de instrumento político gobernante, en una lucha de poder mezquina, inoportuna e irresponsable, en una clara campaña electoral anticipada que, en lugar de ocuparse, por un lado, el gobierno, de evaluar y reestructurar un mejor equipo gubernamental, con las condiciones y capacidad suficiente para afrontar esta segunda parte de su mandato a la altura de los grandes desafíos actuales, y por el otro lado, el grupo que apoya al expresidente Evo Morales, que debería aportar internamente con propuestas serias para superar esta grave crisis actual, sin recurrir al show mediático que no ayuda en lo más mínimo. Por su parte la oposición política nacional que no encuentra un líder con la capacidad y autoridad suficiente y se encuentra cada vez más debilitada y totalmente desorientada. Ambos, oficialistas y opositores se olvidan irresponsablemente de cuál es el verdadero interés supremo de la Patria.
Si queremos superar este estado de cuasi barbarie, debemos empezar por ser más honestos con nosotros mismos, ser más coherentes en nuestro accionar y reconocer que muy poco contribuimos en lo individual y colectivo para dar un salto cualitativo, salir del medioevo y construir una sociedad más justa e igualitaria para el bien de todos los habitantes de este extraordinario país llamado Bolivia, que lo tiene todo y lo desaprovechamos de forma inconcebible. Es responsabilidad de todos desmitificar aquella falsa creencia que los bolivianos no somos capaces.
Suficiente tenemos con los desastres naturales que azotan a nuestro país cada vez con más frecuencia y atribuibles al cambio climático: las impresionantes sequías, temperaturas extremas seguidas de incendios incontrolables y graves inundaciones, que en su caso poco y nada podemos hacer para evitarlos.
Fernando Crespo Lijerón
Vecino de Porongo
